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Sociedad Operación Carancho | policía |

Descubiertos

Operación Carancho: Nueve policías de Montevideo, Canelones y Maldonado detenidos

Los efectivos involucrados en la Operación Carancho se encuentran a disposición de la Justicia, luego de ser identificados por las Fiscalías y el Ministerio

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Caras y Caretas Diario

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El Ministerio del Interior informó este lunes que por una investigación conjunta entre la Dirección de Asuntos Internos, la Fiscalía Especializada en Delitos de Crimen Organizado y la Fiscalía de Toledo se detuvo a 9 efectivos policiales que se encuentran a disposición de la Justicia.

En el marco de la Operación Carancho que investiga maniobras delictivas en torno a siniestros de tránsito. Según el trabajo llevado adelante por los investigadores unas 60 personas están involucradas en la maniobra, entre las que se incluyen funcionarios públicos, abogados y gestores. La información fue informada en primera instancia por El Observador, y confirmada por Caras y Caretas con fuentes del Ministerio.

Por esta causa ya hay diez personas condenadas y dos formalizadas. De acuerdo a fuentes de Fiscalía General de la Nación, en este momento se está llevando adelante la audiencia de formalización de los efectivos.

Red de información y modus operandi

La investigación comenzó a raíz de la denuncia de una víctima que fue amenazada por uno de los abogados tras intentar cambiar de patrocinio legal. La maniobra funcionaba mediante una red de contactos clave en el ámbito de la salud y la seguridad:

Captación de datos: Efectivos policiales y personal de emergencias médicas filtraban historias clínicas y partes policiales a cambio de dinero. Un exoficial que ejercía como abogado oficiaba de nexo principal.

Abordaje a víctimas: Con la información obtenida, los sospechosos contactaban a los heridos en centros de salud o domicilios para hacerles firmar la representación legal.

Cobro del SOA: Una vez liberados los fondos del Seguro Obligatorio Automotor, la organización retenía porcentajes significativos del dinero correspondiente a las víctimas.

El esquema comenzaba en el lugar mismo del accidente o en las salas de emergencia, donde funcionarios públicos —policías, enfermeros e inspectores— traicionaban su deber de reserva a cambio de dádivas. Esta filtración permitía a los abogados ejecutar un abordaje depredador, interceptando a las víctimas en su momento de mayor vulnerabilidad para forzar la firma de representaciones legales. El esquema delictivo se dividía en tres fases operativas:

Compra de datos privilegiados: La red pagaba sobornos a policías e inspectores (desde $ 3.000 UYU por partes policiales) y a personal médico o de enfermería (hasta US$ 2.000 por historias clínicas) para obtener información sobre los accidentes en tiempo real.

Abordaje depredador: Con los datos filtrados, los abogados interceptaban a los accidentados o a sus familiares en las salas de emergencia y sitios de los siniestros, forzando la firma de poderes legales en momentos de extrema vulnerabilidad.

Captación en movilizaciones y cierres exprés: Los implicados asistían a marchas públicas de reclamo de justicia para captar clientes en pleno duelo. Asimismo, priorizaban acuerdos económicos civiles acelerados con las aseguradoras o empresas involucradas antes de las imputaciones penales, evitando así que el escrutinio judicial revelara el origen irregular de sus clientes.