La pedagogía necesaria
Esta dinámica violentista -vaya casualidad: utilizo una palabra empleada para la violencia de los 70- causa cansancio en el cuerpo social. El economista Gabriel Oddone -en una columna del semanario “Búsqueda”- argumenta sobre la necesidad de lograr amplios consensos sobre algunos ejes. Eso lo desvela. Claro: Oddone, con 60 años, vivió la dictadura y los años fermentales de la reconstitución democrática. Esa es su “circunstancia”. El nivel de polarización existente le preocupa porque conoció otro clima y aspira a lograr amplios acuerdos aunque no unanimidades para que el Uruguay alcance un nuevo estadio de desarrollo. Está haciendo una pedagogía bien propia de su edad (la biología deja su rastro; dime tu edad y te diré qué anda en tu cabeza…). La dinámica verbal violenta no se combate con más calificativos y más injuria. Es raro: la coyuntura muestra que frente a la desmelenada actitud de algunos sectores de derecha, la izquierda se atrinchera defendiendo los valores de la democracia liberal. La pedagogía revolucionaria ya no es la “nacionalización de la banca” o “la reforma agraria”. Hoy la hora exige defender un modo de hacer política y de fortalecer la convivencia democrática y ciudadana (no en vano surgen movimientos en América Latina que buscan acuerdos entre todas las fuerzas democráticas para combatir eso que algunos llaman “fascismo” y que otros denominan “radicalismo conservador”).
Las edades y las percepciones
Leo en Twitter un lúcido comentario de un español sobre estos temas: “La gente que ha vivido en estados autoritarios se conforman con las libertades que da el Estado democrático. Sin embargo, los jóvenes no nos conformamos con eso y nos fijamos más en los fallos del sistema, pero no podemos cambiarlo porque gran parte del electorado es gente mayor”. El diario El País de Madrid hizo un interesante artículo sobre estos asuntos. Lo tituló: “No es solo Brasil. La erosión global de la democracia avanza” y más abajo escribió: “Los populismos que aprovechan el malestar social y fomentan la polarización corroen la solidez de las democracias que, sin embargo, siguen mostrando rasgos de resiliencia y superioridad frente a las autocracias” (la gráfica que acompaña esta columna fue difundida por ese periódico). https://elpais.com/internacional/2023-01-15/no-es-solo-brasil-la-erosion-global-de-la-democracia-avanza.html?event_log=oklogin&s=03
El interesante abordaje fija la adhesión a la democracia según las edades. En América Latina ese declive democrático es evidente. Lo dice Latinbarómetro que hace años mide la adhesión democrática en el continente. Uruguay se mantiene en el primer puesto de adhesión, pero descendiendo. Veamos esto: los millennials son las personas nacidas entre los años 1981 y 1993 por lo que su edad oscila entre los 30 y los 40 años aproximadamente, los centennials son jóvenes nacidos entre 1995 y 2010.
El contexto en que los millennials se desarrollaron influye bastante en sus posturas políticas. Obsérvese, por ejemplo, que estos sufrieron en serio la crisis de 2002. Hay una diferencia de énfasis, por ejemplo, entre la generación millennial y la generación centennial con la preocupación por el medio ambiente. Martina (centennials) está preocupada por la falta de ciclovía en la rambla. Es uno de sus desvelos (Martina vota en las próximas elecciones. Sus abuelos también, pero pertenecen a otra generación).