En tanto, el historietista le fue agregando personajes a su indio. Ya en el origen se comienza a dibujar la cosmovisión dominante de una argentina patricia, autoritaria, militar y latifundista. Y esa alianza -expresada con claridad por el golpe de Uriburu- permaneció inalterada en la historia argentina y tuvo su punto culminante y grave con el golpe de Videla, en 1976.
El golpe de Uriburu era una respuesta violenta de la oligarquía argentina al progresismo. Véase: Irigoyen había puesto fin al dominio conservador de 40 años. Con Irigoyen acceden al poder político sectores socioculturales de la clase media. Adoptó una línea nacionalista, aprobó normas para proteger a los campesinos y creó cajas jubilatorias para empleados públicos. En 1922 fundó Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), una empresa estatal destinada a explotar las riquezas petroleras del país. Aquel golpe fue el inicio de una serie de gobiernos militares en Argentina, incluyendo el del general Perón.
La reacción conservadora
En ese marco nace Patoruzú. La historia de la historieta es más o menos así: un estanciero deja una herencia a su sobrino, y en ella se incluye al cacique Patoruzú, hombre nativo de la Patagonia, semisalvaje y casi un analfabeto.
No es raro que el mejor momento de Patoruzú coincide con la que fue llamada “la década infame” de los años de 1930. El personaje y todo el paquete ideológico que la revista transporta parecen identificarse con la dictadura militar y el partido gobernante de esos años. Por ejemplo, en 1931, apareciendo como buenos aliados de la Policía política argentina, Patoruzú se ensaña en una persecución a los dirigentes anarquistas Tamayo Gavilán y Severino Di Giovanni.
Se fueron sucediendo personajes en la tira: el vago de Isidoro Cañones -un señorito con rechazo al laburo, vividor, mujeriego y banal- y el coronel Cañones, también estanciero, que bancaba a Isidoro. (Al coronel Cañones se sumó un círculo de elegantes militares alegóricamente nombrados, el capitán Metralla, el general Bazooka).
A todo esto, Patoruzú sigue siendo un estanciero, dueño de media Patagonia. Continúa siendo un hombre del pueblo y campesino por sus modos, su manera de vestirse y su propia habla; pero es, claramente, además, un noble aristócrata, descendiente de una remota dinastía.
Patoruzú, padrino y mentor de Isidoro, juega a ser el consejero moral, el que lo llama a volver a la tierra y a la vida rural de sus antepasados terratenientes, militares y conquistadores, como su tío, el conservador coronel Cañones.
Esa alianza -oligarquía estanciera y militares, con expresión golpista- signó la carrera de Patoruzú y su creador. Su punto culminante: la dictadura argentina (1976-1983) lo tomó como mascota para el Mundial de fútbol de 1978. Era la síntesis perfecta.
La historieta del paracaidista
La historia política de los Manini es similar a la del creador de Patoruzú. Pedro Manini Ríos se enfrentó a las reformas de José Batlle y Ordóñez (contemporáneo del reformista Irigoyen) y ese talante oligárquico y miliquero lo llevó a ser ministro de Hacienda de un gobierno de facto del dictador Gabriel Terra en 1933-1934. Golpe de Estado generado por Terra, con apoyo del herrerismo y la Asociación Rural del Uruguay. En Argentina se instalaba la dictadura de Uriburu y aquí, oh casualidad, Terra daba su golpe. Su hijo Carlos tuvo una dilatada militancia en el Partido Colorado y, ¡vaya casualidad!, es designado embajador de la dictadura en Brasil.
El nieto de aquel Manini -del conservadurismo colorado, carne y uña del establishment oligárquico y terrateniente- es Guido Manini Rios, exjefe del Ejército y actual senador gobernante.
El trayecto político de los Manini Ríos es similar al que se contó en la historieta de Patoruzú. Similar y corrieron históricamente en forma paralela.
Si el coronel Cañones era militar conservador, los Manini lo eran. Si era estanciero, Manini Ríos lo es. Si el coronel Cañones era un exponente del conservadurismo oligárquico, aquel Manini y este son la síntesis de una clase y un pensamiento que se cuida, permanece y se prolonga en los casamientos, en las reuniones sociales, en la unión de apellidos y fortunas. (basta observar las necrológicas para entender la fuerte pertenencia a un grupo social dominante).
Manini Ríos, su esposa Irene y su suegro, el coronel Moreira (¿o será el coronel Cañones?), poseen una estancia de Colonización en Artigas y diversos bienes en el exterior. El senador Domenech -mano derecha de Manini- posee otra estancia. Domenech, junto al general, son la continuación del pensamiento católico conservador que inspiraba a aquellos Manini de hace 100 años. Si al coronel Cañones se le sumaron el capitán Metralla y el general Bazooka, este Manini se siente acompañado de paracaidistas del nefasto Batallón 14, a quienes dirigió una carta muy republicana y demócrata, difundida por el diario El Observador el pasado martes 4 de julio.