Por eso los bancos centrales monitorean constantemente las expectativas. En muchos casos, controlar las expectativas es tan importante como controlar la inflación misma. De hecho, buena parte de la política monetaria moderna se basa en la credibilidad: si el mercado cree que el banco central logrará mantener estabilidad, es más probable que efectivamente ocurra.
En ese marco, la Encuesta de Expectativas de Inflación del BCU relevó en mayo de 2026 las proyecciones de bancos, consultoras, economistas y analistas sobre la evolución futura de los precios. La mediana de respuestas proyecta que la inflación cierre 2026 en 4,6%, mientras que para 2027 se espera un nivel de 4,5%.
El dato es particularmente relevante porque mantiene la inflación dentro del rango meta definido por el Banco Central, actualmente ubicado en 4,5% más/menos 1,5 puntos porcentuales. Esto refleja que el mercado continúa percibiendo cierta credibilidad en la política monetaria aplicada por el BCU durante los últimos años.
También resulta significativo que las expectativas a 24 meses se ubiquen igualmente en torno al 4,5%. Esto indica que los analistas esperan estabilidad inflacionaria de mediano plazo y no visualizan, por ahora, un rebrote importante de inflación.
Sin embargo, detrás de ese dato relativamente positivo existen desafíos importantes. Uruguay continúa siendo una economía altamente dolarizada y sensible a factores internacionales. Las tensiones geopolíticas, el comportamiento del dólar global, el precio del petróleo y las decisiones de la Reserva Federal estadounidense siguen siendo variables capaces de alterar rápidamente las expectativas locales.
La Encuesta de Expectativas Económicas también muestra señales de desaceleración en materia de crecimiento. Los analistas redujeron levemente la proyección de expansión del Producto Interno Bruto (PIB) para 2026 a 1,35%, mientras que para 2027 esperan un crecimiento de 1,70%.
Estos números reflejan una economía que continúa creciendo, pero a un ritmo moderado. El contexto internacional más incierto, las tasas de interés globales elevadas, la menor dinámica regional y las dificultades de competitividad aparecen como algunos de los factores detrás de estas proyecciones más cautelosas.
En paralelo, las expectativas sobre el dólar muestran una tendencia gradual de aumento. La mediana de respuestas espera un tipo de cambio cercano a $40,63 para fines de 2026 y de $41,60 hacia fines de 2027.
El seguimiento del dólar es especialmente relevante en Uruguay porque impacta directamente sobre inflación, exportaciones, turismo, costos empresariales y salarios reales. Un dólar más alto mejora competitividad exportadora, pero también puede trasladarse a precios internos debido al peso de bienes importados y costos dolarizados en la economía.
Las encuestas del BCU cumplen además otra función central: ayudan a evaluar la efectividad de la política monetaria. Cuando las expectativas de inflación permanecen alineadas con la meta del Banco Central, eso suele interpretarse como una señal de credibilidad institucional. Por el contrario, cuando las expectativas se “desanclan” y comienzan a subir persistentemente, los bancos centrales enfrentan mayores dificultades para controlar precios.
Este concepto el “anclaje” de expectativas es hoy uno de los pilares de la política monetaria moderna. Los bancos centrales no solo buscan controlar variables actuales, sino influir sobre cómo empresas y consumidores imaginan el futuro económico.
En el caso uruguayo, los datos de mayo muestran un escenario relativamente estable en inflación, aunque con crecimiento moderado y un dólar que continúa ajustándose gradualmente. El desafío para el BCU será sostener ese equilibrio en un contexto internacional cada vez más volátil, donde factores externos pueden modificar rápidamente las percepciones del mercado.
Las expectativas, en definitiva, funcionan como una especie de “mapa mental” de la economía futura. Y aunque no siempre aciertan, condicionan decisiones presentes de millones de personas, empresas e instituciones. Por eso son observadas con tanta atención: muchas veces, lo que la economía cree que va a pasar termina influyendo en lo que efectivamente ocurre.