Pero quizás el aspecto más significativo de la entrevista sea el lugar que ocupa la memoria y los derechos humanos dentro de su obra. Lejos de abordar estos temas desde la consigna o la repetición de discursos conocidos, el nuevo disco nace de una experiencia profundamente personal.
Uno de sus integrantes cuenta que descubrió ser sobrino de un detenido desaparecido y que ese proceso de búsqueda abrió un camino de encuentros, preguntas y nuevas conversaciones. A partir de allí, el grupo decidió construir su primer disco conceptual alrededor de la memoria de los detenidos desaparecidos, incorporando incluso en la portada la imagen del monumento donde aparece el nombre de su familiar.
La afirmación que realiza durante la entrevista resume el sentido de esa decisión: "Mientras no se resuelva este tema vamos a ser una sociedad triste e infeliz". No se trata solamente de mirar hacia atrás. Se trata de comprender que la memoria continúa siendo una tarea pendiente y que las heridas que no encuentran verdad y justicia siguen formando parte del presente.
La música vuelve a ocupar el lugar que históricamente tuvo en nuestro continente acompañar los procesos democráticos, denunciar injusticias y mantener viva la memoria colectiva. Cuando se les pregunta por el papel del arte frente a los derechos humanos, la respuesta es tan sencilla como potente: "El arte siempre ha sido la herramienta para sangrar las heridas de cualquier sociedad". Esa frase sintetiza una larga tradición cultural donde las canciones ayudaron a nombrar aquello que muchas veces no podía decirse de otra manera.
También resulta interesante la manera en que el grupo interpreta el tiempo que vivimos. Frente a una cultura dominada por la productividad permanente, la búsqueda de reconocimiento inmediato y la "felicidad obligatoria", reivindican la honestidad artística, el derecho a detenerse y la necesidad de crear por convicción antes que por la lógica de la viralización. Esa mirada representa una defensa del arte como espacio de autenticidad, donde todavía es posible hacer preguntas, explorar contradicciones y expresar fragilidades.
Su posición frente a las nuevas tecnologías también evita las simplificaciones. Reconocen el valor de las redes sociales y de las herramientas digitales para construir comunidad y difundir la música independiente, pero sostienen que la inteligencia artificial no puede sustituir la emoción, la experiencia humana ni la sensibilidad que hay detrás de una canción. Para ellos, la tecnología debe ser un instrumento, nunca el reemplazo del acto creativo.
Otro aspecto que merece destacarse es el sentido que le atribuyen a la repercusión del nuevo disco. No hablan de reproducciones, rankings o algoritmos. Su aspiración es mucho más profunda: generar conversación. Esperan que los jóvenes se interesen por conocer qué ocurrió durante la dictadura, que pregunten, que debatan y que comprendan la importancia de preservar la memoria para que esos hechos no vuelvan a repetirse.
Este tipo de proyectos recuerda que la cultura cumple una función pública que trasciende el mercado. Las expresiones artísticas ayudan a construir ciudadanía, fortalecen la diversidad de miradas y mantienen abiertas conversaciones que resultan esenciales para la democracia. En un escenario internacional donde resurgen discursos de odio, negacionismos y distintas formas de intolerancia, la música continúa siendo un espacio privilegiado para promover la empatía, el pensamiento crítico y el diálogo.
Apoyar a los músicos independientes no significa únicamente respaldar una actividad cultural. Significa apostar por la creatividad de las nuevas generaciones, por la diversidad de voces que nacen en todo el territorio y por una concepción del arte comprometida con la libertad, la memoria y los derechos humanos. Proyectos como Incluso si es un susurro soviético demuestran que existe un Uruguay joven que crea, innova, interpela y construye comunidad desde la cultura. Un Uruguay que entiende que una canción puede emocionar, pero también abrir preguntas, despertar conciencia y contribuir a mantener viva la memoria colectiva.
Post-punk soviético
El post-punk soviético es un movimiento musical surgido en los últimos años de la Unión Soviética, durante la década de 1980, inspirado en el post-punk británico, pero atravesado por la realidad social y política del bloque soviético. Sus canciones expresaban sentimientos de melancolía, incertidumbre, aislamiento y búsqueda de identidad, reflejando el desgaste de una sociedad que transitaba los últimos años de la Guerra Fría y del modelo soviético. En la actualidad, el género ha resurgido entre nuevas generaciones, ya no como una reivindicación política de la Unión Soviética, sino como una estética y una forma de expresar las inquietudes del presente, desde la introspección, la memoria y la crítica social. En el caso de Incluso si es un susurro soviético, esta influencia es principalmente artística y sonora: toma ese universo musical para dialogar con la realidad uruguaya, abordando temas como la memoria, los derechos humanos y la condición humana desde una identidad propia.
Un disco que convierte la memoria en canción
Este nuevo trabajo discográfico de Incluso si es un susurro soviético reafirma la identidad artística de una de las propuestas más singulares de la escena independiente uruguaya. Con una estética influenciada por el post-punk y la música independiente del este europeo, la banda construye un universo propio donde conviven la introspección, la poesía y el compromiso con temas profundamente humanos y sociales. "Tristeza uruguaya", propone una reflexión sobre la memoria y las heridas que dejó la última dictadura uruguaya. La canción está dedicada a Luis Alberto Camacho, detenido desaparecido en Argentina en 1976 y tío de Federico Cáceres, líder del grupo. Desde una mirada íntima y colectiva, la obra aborda el dolor de las ausencias, el silencio heredado entre generaciones y la necesidad de mantener viva la memoria como parte de la construcción democrática.
Grabado entre Tacuarembó y Montevideo y con la participación de artistas nacionales e internacionales, el nuevo disco confirma la evolución de un proyecto que nació como una propuesta solista en el interior del país y hoy se consolida como una de las voces más originales de la música independiente uruguaya. Son canciones invitan a detenerse, escuchar y reflexionar sobre la identidad, la memoria y los desafíos del presente.
Incluso si es un susurro soviético
Nacida en Tacuarembó, Incluso si es un susurro soviético es una de las propuestas más originales de la nueva escena independiente uruguaya. Su música combina influencias del post-punk, el indie y la canción de autor con una fuerte impronta estética inspirada en la música independiente del este europeo. Sus composiciones abordan temas como la identidad, la memoria, los derechos humanos, la salud mental y las relaciones humanas, construyendo una propuesta artística donde la música y la reflexión conviven de forma natural. Hoy la banda, integrada por músicos radicados entre Tacuarembó y Montevideo, también impulsa el festival TacuaNoise, una iniciativa que fortalece la escena musical emergente del norte del país y promueve la descentralización cultural.
Federico Cáceres tiene 31 años y es músico, compositor, productor y fundador de Incluso si es un susurro soviético. Desde Tacuarembó comenzó en 2016 una propuesta solista que con el tiempo evolucionó hacia una banda consolidada dentro de la escena indie nacional.
Sus composiciones se caracterizan por una mirada introspectiva y un fuerte compromiso con la memoria y los derechos humanos. Este nuevo disco del grupo refleja especialmente esa búsqueda ya que a partir de la historia de su tío, Luis Alberto Camacho, detenido desaparecido en Argentina en 1976, Federico transforma una experiencia familiar en una obra que invita a reflexionar sobre la memoria colectiva, la identidad y la importancia de mantener vivos los valores democráticos.
Además es cofundador y productor del festival TacuaNoise, desde donde trabaja por generar nuevos espacios para la música independiente uruguaya.