La escena trap en Montevideo: ¿Quién es Davus y por qué llena escenarios?
Habrá una pre escucha de su nuevo trabajo será el 14 de mayo en Sala Rondeau y por eso lo entrevistamos en Caras y Caretas
La escena que existe aunque no la vean
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Habrá una pre escucha de su nuevo trabajo será el 14 de mayo en Sala Rondeau y por eso lo entrevistamos en Caras y Caretas
La escena que existe aunque no la vean
En Montevideo, donde la industria musical parece siempre correr un paso detrás de sus propios artistas, hay una generación que decidió no esperar validación. Entre sótanos, parques intervenidos y fechas autogestionadas, surgió una camada que mezcla trap, sensibilidad digital y una estética atravesada por internet. En ese territorio aparece Davus.
Lejos del molde clásico del género, su propuesta dialoga con el absurdo, con lo emocional filtrado por pantallas, con lo raro como lenguaje pero lo más interesante no es solo su sonido: es la paradoja que lo rodea porque aún sin gran difusión mediática, su recorrido incluye escenarios como el Antel Arena, presentaciones en Plaza Mateo, participación en el Cosquín Rock 2023 e incluso haber abierto para Duki. Una trayectoria que evidencia algo incómodo para el relato oficial: convocar no siempre es proporcional a la visibilidad mediática.
El origen: ser distinto como punto de partida
—Tu música rompe bastante con la idea más instalada del trap. ¿Cómo fue insertarte en la escena local con esa diferencia?
“Siempre consumí cultura de afuera, sobre todo de Estados Unidos y Europa. Desde chico. Entonces cuando empecé ya tenía afinidad con cosas que acá ni existían. Eso me dio visibilidad porque era distinto, pero también me jugó en contra”.
“Es bueno y malo: por un lado te encuentra gente que conecta contigo desde otro lado, pero también genera rechazo. Hay colegas que lo ven como algo que no corresponde”.
—¿Aparece ahí la discusión sobre autenticidad?
“Sí, totalmente. Esa idea de que si hacés trap tenés que haber vivido en cierto lugar geográfico. Y no tiene sentido. Si fuera así, no habría punk ni rock local, son formas de comunicación que van más allá del origen”.
La escena: entre sótanos, policía y helicópteros
—Antes de estos escenarios grandes, ¿Cómo era el circuito?
“En 2019, 2020, tocábamos para 40 personas en sótanos. Literal. Y después empezaron a pasar cosas. Pero fue todo muy de construir de a poco”.
“En pandemia hicimos shows en la calle. Uno en un parque del Buceo y fue una locura. Cayó la policía, pasó un helicóptero. Era todo autogestionado, llevábamos generador, equipo, etc.”.
Ese espíritu me conectó directamente con artistas de otros estilos musicales como Pau O'Bianchi que integra los proyectos Alucinaciones en Familia y Jesús Negro y Los Putos, entre otros.
—¿Tenés un vínculo fuerte con esa escena más DIY (hacelo vos mismo)?
“Sí, totalmente. Con Pau, por ejemplo, hay una conexión filosófica. Más allá de la música, es la forma de hacer. Eso de ‘hacelo vos mismo’, de ir para adelante sin esperar nada. Eso genera respeto incluso en gente que no escucha lo que hacés”.
—¿Cómo te llevás con otros artistas de tu generación?
“Con Zeballos hay muy buena relación. Él fue de los primeros en despegar y también logró vivir de esto de una manera más estable. Hace algo más clásico, más digerible de entrada, y eso también influye”.
“Con Knak somos parte de la misma camada. Lo de Cosquín Rock, por ejemplo, es una construcción de años. Nadie sale de un día para el otro a tocar ahí”.
“Sí. Y eso demuestra que la conexión con la gente va por otro lado. Porque nadie compra una entrada solo porque se lo dijeron. Tiene que haber algo real ahí”.
“Nos pasó tocar en lugares grandes, abrir para Duki, estar en festivales y sin embargo no somos lo que los medios dicen que es ‘lo que más convoca’”.
—¿Sentís que hay un relato inflado en la industria?
—Mencionás mucho Buenos Aires. ¿Por qué fue más fácil desarrollarte ahí?
“Porque hay infraestructura. Simple. Allá podés tocar todos los fines de semana. Acá es más complejo”.
“En Argentina hay espacio para todos. Si lo que hacés está bueno, la gente responde. Y hay una cultura de consumo mucho más activa”.
Hace tres semanas, Davus lanzó un vinilo junto a Mauro —de Little Butterfly Records— que recopila su obra entre 2018 y 2025.
—¿Qué representa ese lanzamiento?
“Es un cierre de ciclo. Una recopilación de toda una etapa. Y también una prueba para lo que viene”.
“Lo hicimos con Mauro, que además de amigo es alguien con quien compartimos esa visión de hacer las cosas con sentido”.
—¿Cómo fue la respuesta?
“Fue increíble. Hubo gente que nunca había visto un evento así. Y después me pasó algo re loco: un tipo de más de 50 años me dijo que gracias a ese vinilo se compró un reproductor. ¡Eso es mucho más grande que el disco en sí!”.
—Hay un discurso fuerte sobre lo físico.
“Hoy no sos dueño de nada. Todo es con membresía. Dejás de pagar y desaparece. Con un vinilo es distinto”.
“Y además te obliga a escuchar. A tener paciencia. Eso se perdió”.
“El 15 de mayo sale el disco nuevo llamado "Salud, Dinero y Amor". Y el 14 hacemos una pre-escucha en la Sala Rondeau ”.
—¿Qué diferencia a este material?
“Es otro capítulo. Mucho más narrativo, más audiovisual. Tiene otra profundidad conceptual”.
—¿Cómo va a ser la presentación?
“Primero una experiencia en Buenos Aires, más tipo recorrido, como una galería. Algo sensorial. Después sí, en Montevideo, un show grande, probablemente en agosto”.
La historia de Davus no es sólo la de un artista: es la de una escena que crece sin permiso. Que llena espacios, arma circuitos, genera comunidad —aunque no siempre aparezca en titulares.
En un país donde vivir de la música sigue siendo excepción, su recorrido pone en evidencia algo más profundo: que el valor cultural no siempre coincide con la visibilidad.
Y que, a veces, lo más auténtico sucede exactamente ahí donde nadie está mirando.