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Una noche con Mandrake y Los Druidas + FILO el próximo 9 de mayo en la Sala Zitarrosa
Dos generaciones del rock uruguayo se encuentran en una misma noche: de la poesía nocturna y suburbana de Mandrake y Los Druidas a la intensidad eléctrica de FILO
17 de abril de 2026 - 17:46
Entre bares, rutas, canciones y nuevos discos, la Sala Zitarrosa será el escenario de una ceremonia donde la memoria y el porvenir tocarán juntos.
Montevideo tiene ciertas noches en las que la ciudad parece recordar quién es. No sucede siempre. A veces basta una llovizna tenue sobre 18 de Julio, una luz encendida en una ventana del Centro, el rumor de unos pasos que avanzan hacia una sala. Entonces, por un instante, la ciudad deja de ser una costumbre.
El sábado 9 de mayo tendrá forma de música en la Sala Zitarrosa. Allí se encontrarán Mandrake y los Druidas y FILO: dos maneras distintas —y secretamente complementarias— de habitar el rock uruguayo.
Afiche oficial
Los artistas que conversan con la madrugada
Liderados por Alberto "Mandrake" Wolf —uno de los nombres decisivos de la música uruguaya desde los años ochenta—, los Druidas nacieron como una banda destinada a acompañar una escritura que siempre estuvo más cerca de la literatura que de la pose rockera. Antes de este presente de culto, Mandrake ya había sido parte de Los Terapeutas, ese grupo que, entre ironías, desparpajo y sensibilidad montevideana, marcó una época y dejó canciones que todavía sobreviven en la memoria colectiva.
Con Los Druidas, sin embargo, la búsqueda se volvió más íntima. Menos satírica, más crepuscular. Desde su primer disco, la banda comenzó a construir un universo propio: guitarras de blues, un rock de raíz, percusiones sobrias y una voz que parece venir desde la última mesa de un bar que está por cerrar.
En sus canciones aparecen perdedores entrañables, hombres que vuelven caminando por calles vacías, mujeres que fuman en silencio junto a una ventana, parroquianos, taxistas, habitaciones de hotel, barrios del Cordón o Palermo convertidos en escenarios de una épica secreta. No hay héroes en el mundo de Mandrake. Hay sobrevivientes. Y quizá por eso sus canciones conmueven tanto.
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Con tres discos publicados y un cuarto álbum en preparación para este 2026, Mandrake Wolf y Los Druidas han logrado convertirse en un verdadero fenómeno de culto dentro de la música uruguaya. El primero de esos trabajos, aparecido en 2017, obtuvo tres Premios Graffiti y reveló una banda que parecía haber existido desde siempre. Más tarde llegaron nuevas canciones y finalmente La Suite de Raymundo, una obra grabada en vivo y concebida como una larga travesía musical, casi una novela cantada, donde las historias se encadenan y la música avanza como una película de carretera.
Pero quizá el verdadero secreto de Mandrake Wolf y Los Druidas esté en otra parte: en esa rara capacidad de volver extraordinaria la vida común. De mirar Montevideo como si fuera, al mismo tiempo, una ciudad real y un sueño.
El relámpago también tiene guitarras
Si Mandrake Wolf y Los Druidas parecen venir de la penumbra cálida de un bar abierto hasta tarde, FILO llega desde otro paisaje: el de una ruta encendida, un motor acelerado y una generación que aprendió a hacer de la incertidumbre una forma de avanzar.
FILO nació en Montevideo, pero su historia empezó mucho antes de convertirse en banda. Empezó en la amistad, en las primeras canciones compartidas, en los ensayos, en la obstinación de creer que todavía era posible hacer rock con identidad propia.
Integrada por músicos de distintas trayectorias, la banda fue encontrando poco a poco un lenguaje singular. Hay en sus canciones algo del rock clásico, pero también climas densos, guitarras atmosféricas y una sensibilidad contemporánea que no teme moverse entre la fuerza y la fragilidad. Sus referencias dialogan con la tradición, pero nunca se quedan quietas: FILO suena a presente.
Su álbum debut confirmó esa intuición. Allí aparecen canciones que hablan del movimiento, de la búsqueda, de las pérdidas y de la necesidad de seguir incluso cuando el camino se vuelve incierto. No hay cinismo en FILO. Hay intensidad. Una forma de creer.
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Quizá por eso “En Subida”, el tema que en 2025 les valió el Premio Graffiti a Mejor Single de Rock, funciona casi como una declaración de principios. La canción no habla de triunfos fáciles ni de certezas. Habla de insistir. De seguir subiendo aunque el paisaje todavía no esté claro. Y en esa obstinación luminosa hay algo profundamente generacional.
Mientras preparan el disco que verá la luz en 2026, FILO continúa consolidándose dentro de la escena uruguaya y regional con una propuesta artística cada vez más sólida. Sobre el escenario, la banda despliega una energía eléctrica y precisa, donde cada canción parece crecer hasta envolverlo todo.
Pero toda noche necesita también su propio relámpago
FILO representa otra generación, aunque no otra búsqueda. Porque si Mandrake y los Druidas parecen venir de un bar encendido a las dos de la mañana, FILO llega como una carretera vacía antes del amanecer: velocidad, viento, intensidad, una emoción que todavía no encuentra palabras y por eso necesita volverse sonido.
La banda ha ido consolidando un lugar singular dentro de la escena uruguaya y regional con una propuesta sólida, rigurosa y profundamente colectiva. Su rock convive con climas atmosféricos, pulsiones eléctricas y una sensibilidad contemporánea que no teme mostrar la fragilidad.
Quizá por eso “En Subida”, el single con el que obtuvieron el Premio Graffiti 2025 a Mejor Single de Rock, habla tanto de este tiempo. No por lo que dice, sino por lo que empuja. Porque subir no siempre significa llegar más alto: a veces significa resistir. Seguir. Hacer de la incertidumbre una forma de belleza.
Dos vientos para una misma intemperie
Mandrake y los Druidas y FILO no son, entonces, dos bandas reunidas por azar. Son dos maneras de preguntarse, desde la música, qué hacemos con el paso del tiempo, con los recuerdos, con el deseo de seguir creando incluso cuando todo alrededor parece invitarnos al cinismo.
Una liturgia en la Sala Zitarrosa
Tal vez por eso este concierto tenga algo de ceremonia.
No una ceremonia solemne, sino una de esas que ocurren entre desconocidos que, durante unas horas, comparten la misma respiración. La Sala Zitarrosa —ese lugar donde Montevideo guarda parte de su memoria musical— volverá a ser el escenario de un pequeño milagro: comprobar que todavía existen artistas capaces de hacer del rock algo más que un género. Una forma de estar en el mundo.