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Cultura | Palestina

Artistas accionan por Palestina: "Queremos levantar la voz por los inocentes"

Referentes de la escena artística y cultural dialogaron con Caras y Caretas sobre por qué el arte y la cultura no pueden permanecer indiferente ante la masacre en Palestina.

La voz del arte y la cultura se alzó en Uruguay contra el silencio que rodea a Palestina. Artistas y referentes de todas las áreas decidieron unirse para transformar su indignación en acción, sumando gestos creativos y solidarios frente al genocidio en Gaza. Algunos lo hicieron bajo el nombre ArtistasPorPalestinaUY, un colectivo que desde Instagram se define como “artistas reunidos por la indignación con el genocidio que sufre Palestina frente a una indiferencia atroz”. Otros prefirieron integrarse a espacios autoconvocados que, con igual urgencia, multiplican iniciativas diversas que buscan recaudar fondos que viajan directo a familias gazatíes, como sucede con Ayuda Gaza Uy, entre otros. También hay quienes no se nombran ni se organizan formalmente, pero encontraron la forma de hacer algo.

Lo que emerge es un entramado plural, sensible y comprometido, que entiende que la cultura no puede permanecer indiferente ante la violencia y la injusticia. En diálogo con Caras y Caretas, referentes de este movimiento cuentan cómo surgió la necesidad de unirse, qué los impulsa a sostener estas acciones y qué lectura hacen del genocidio que padece el pueblo palestino.

ArtistasPorPalestinaUY nació de conversaciones casuales entre diferentes artistas que compartían el deseo de expresarse en apoyo a Gaza. El fotógrafo Juan Ángel Urruzola, uno de los impulsores de la iniciativa, contó que venía hablando con un colega pintor sobre la urgencia de “hacer algo” frente al horror que llegaba a diario desde Gaza. Antes de eso, había tenido contacto con la Coordinadora por Palestina, donde le sugirieron generar un espacio propio para artistas. Fue entonces que activaron una primera reunión a la que asistieron tres personas. Decidieron insistir.

La segunda convocatoria reunió a una veintena de artistas. Allí apareció el músico y artista visual Luis “Tunda” Prada, ya con ideas en marcha, y juntos dieron el primer paso hacia la creación de un perfil en Instagram, donde comenzaron a circular placas que combinaban rostros reconocidos y emergentes del arte local. “La idea era conmover, o sea llegar”, expresó Urruzola. “Lo interesante de una campaña así es que hay gente que es muy reconocida, pero también quienes no lo son, porque artistas hay montones. Y hay mucho compromiso, mucha gente que dice: Yo quiero estar”.

Por su parte, “Tunda” agregó que a través de esta iniciativa notaron que “hay mucha gente haciendo cosas o queriendo hacer algo y que te dice ‘gracias, porque no sabía qué hacer’. Hay una necesidad de expresar la angustia que genera ver cómo masacran gente, con discursos que pensábamos que no podían repetirse”.

A quienes aceptaban sumarse se les pedía que enviaran una foto, que luego era intervenida en la postproducción. De ese proceso surgieron potentes imágenes difundidas en el perfil de Instagram del colectivo: artistas cargando cuerpos envueltos en mantas blancas bajo la consigna “Es genocidio”, o sosteniendo carteles con la palabra “Basta”, símbolos que condensan la urgencia y la indignación que los impulsa.

Entre quienes ya se sumaron a la iniciativa figuran nombres destacados de la música, el cine, el teatro, la animación y las artes visuales, como Ángela Alves, Martín Buscaglia, Fernando Cabrera, César Charlone, Dostrescinco, Alfredo “Chole” Gianotti, Nicolás Ibarburu, Gabriela Iribarren, Mariana Ingold, Eduardo Larbanois, Mariana Lobo, Mónica Navarro, Angie Oña, Rossana Taddei, Walter Tournier y Mauricio Ubal. Todas estas personas han puesto voz y cuerpo al servicio de un mensaje que trasciende lo artístico para convertirse en un gesto político y humanitario. La lista, sin embargo, no se detiene allí: día a día continúan sumándose adhesiones.

El impacto fue inmediato. En pocos días, las publicaciones superaron las 700.000 visualizaciones, señaló el fotógrafo, asegurando que esa reacción confirma que la necesidad de expresarse atraviesa tanto a quienes crean como a quienes observan. “Lo de Gaza nos está partiendo al medio, yo creo que a todo el mundo, incluso a los que callan. Es un genocidio. Lo que vimos desde chicos sobre la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, la persecución de los judíos, es lo que hoy le están haciendo a los palestinos, y lo estamos viendo todas las mañanas en nuestros teléfonos. Están matando niños”, agregó.

Para “Tunda” lo que sucede en Gaza es la continuidad de una historia larga y dolorosa. “Los Nakba fueron muy fuertes en su momento, en el 48, en el 65, pero hoy lo estamos viendo en directo. La invasión es premeditada desde hace mucho tiempo, y ni siquiera son conscientes los propios israelíes: tienen una formación que los va llevando al odio y a la deshumanización del palestino. Y eso recién se está destapando”.

El artista explicó que el colectivo no pretende resolver el conflicto ni frenar la maquinaria militar, pero sí unirse a un grito global. “Nosotros sabemos que no vamos a poder pararle el carro a estos monstruos. Lo que queremos es sensibilizar a toda la población, incluyendo a los que creen que esto está bien, porque muchos no saben lo que hay detrás. Doy fe de que muchos israelíes descubrieron ahora el plan que tienen estos tipos, que no es exactamente una cuestión judía. Pero hoy lo urgente es otra cosa: nosotros queremos levantar la voz por los inocentes”.

El arte como resistencia

Ante un genocidio, “el arte no puede permanecer al margen”, comentó Urruzola ante la pregunta de por qué sintieron la necesidad de pronunciarse. “El arte no es para mirarse el ombligo. Es una herramienta que hacemos desde la sensibilidad para hablar de nuestras historias, de nuestros problemas, de nuestros dramas”, añadió.

En la misma línea, la cantante Maine Hermo aseguró que “el arte, si no tiene algo contracultural, no es arte”. La artista se sumó a la campaña invitada por su colega Rubén Olivera, pero su compromiso con Palestina tiene raíces más profundas. Desde hace años entrelaza la música con la poesía palestina, convencida de que el arte puede humanizar aquello que la geopolítica y los discursos de odio desfiguran. “Cada vez que toco y presento una canción, aprovecho a leer algún poema de un poeta o una poeta de Palestina. Creo que la militancia tiene que apuntar no solo al impacto, sino también a ver en el otro a un ser humano, un semejante. Eso es lo que últimamente se vuelve más necesario”, explicó.

En 2014, a raíz de los bombardeos en Gaza, Hermo compuso una canción inspirada en la obra del poeta palestino Mahmud Darwish, pieza que la llevó a ser convocada a charlas y conversatorios que marcaron su camino de compromiso. “Seguí muy de cerca todo lo que fue pasando en la región. Y lo que me viene preocupando es que se instala una narrativa —o peor, una no narrativa— en la que parece que ya ni siquiera hace falta justificar el exterminio de otro pueblo. Las excusas que venimos escuchando dan la sensación de que ya no es necesario elaborar un discurso coherente. Y lo más grave es que no se trata solo de Gaza. No se termina ahí, estamos viendo maneras de proceder en las que se puede exterminar un pueblo entero sin escándalo. Lo mismo pasa en Sudán con el bombardeo de hospitales y escuelas, o en la forma en que Europa mira a África y a la migración”, opinó.

La artista subrayó que esa impunidad creciente es una amenaza global: “Tenemos una geopolítica en la que las ultraderechas van ganando terreno. Para 2029 ya se perfilan como favoritas en Alemania o Inglaterra. Hoy hay un discurso de odio que ni siquiera necesita maquillarse. Y además está el poder concentrado en la tecnología y las redes sociales, en manos de dos o tres dueños que ni les importa si estamos compartiendo esto, porque en realidad cuando quieran, lo borran de un plumazo. Creo que desde hace mucho tiempo no había un poder concentrado que tuviera la posibilidad de borrar un pueblo del mapa”.

Para Hermo, esa es la razón por la cual la cultura debe estar al frente. “Yo entiendo que el arte siempre tiene que ser portavoz del pueblo, avisarle al poder, resistir. Después discutiremos las formas, pero la resistencia en el arte es lo único que el pueblo tiene para simbolizar, para comunicar lo que lleva dentro. Artistas por Palestina usa el arte para eso: para romper la sensación de que está todo perdido. Porque esa es otra de las cosas que intentan instalar: que no vale la pena resistir. Yo creo que eso hay que desbaratarlo. Todavía hay mucho por hacer”.

Silencios y discursos que duelen

Cuando se les preguntó cómo quedará parada la sociedad uruguaya frente a este conflicto, Urruzola fue contundente: “Es una mancha que les va a quedar a las personas, a los grupos que no se definieron y al país. Nos deja mal parados”. En tal sentido, rememoró la película “Shoah” de Claude Lanzmann, donde sobrevivientes y testigos del Holocausto repetían frases de indiferencia o negación: “Esa falsa conciencia también existe entre nosotros. Y va a doler. Porque Gaza duele, nos duele a todos”.

“No puede haber un payaso en nuestra comunicación que diga que no hay inocentes en Gaza. ¿Cómo podés decir que un niño mutilado, de tres años, al que un misil le voló la pierna o el brazo, es un futuro terrorista? Esa tergiversación es inaceptable. No puede ser que se estén muriendo niños, que dormían en sus casas, en sus cuartos, con sus juguetes, y que ahora duermen en carpas y todavía encima los bombardeen. No puede haber gente que diga que está de acuerdo con eso. No puede ser”, agregó “Tunda”.

Pero el silencio de parte de la sociedad no es lo único cuestionable. Desde el colectivo también denunciaron el accionar insuficiente del propio Gobierno uruguayo frente a la masacre en Gaza. “En la sociedad uruguaya estamos viendo carencias, y por parte de nuestro gobierno también”, sentenció Urruzola. Recordó que muchos de quienes hoy integran el colectivo votaron a esta administración, pero que la decepción es grande: “Creo que la gran mayoría de quienes nos metimos en esta movida votamos este gobierno y no estamos contentos con la posición de Presidencia, que ha sido lamentable. Con la oficina en Israel se demoró y ni siquiera la anularon, la dejaron en el freezer. Y mientras tanto le seguimos vendiendo”.

“La ministra de Defensa dijo que le vamos a comprar a quien nos venda armas a buen precio, incluso a Israel. Y después le vendemos carnes, pescado… por lo que he averiguado. Uruguay podría haber suspendido las relaciones diplomáticas con Israel. Todo eso configura un terreno en el cual nosotros queremos trabajar, simplemente diciendo que no estamos de acuerdo y que es un espanto lo que está pasando”, agregó.

En este marco de silencio y posturas apáticas, Martín Buscaglia destacó que decidió sumarse públicamente a la iniciativa por la gravedad de la situación: “Fui convocado a sumarme con mi imagen a esta movida, y obviamente dije que sí, como creo que haría cualquier persona ante este momento histórico que estamos viviendo. Esta masacre en tiempo real, apoyada explícitamente por Estados Unidos y de manera implícita por varios países europeos, rompe los ojos”. El músico subrayó el impacto de las imágenes que llegan desde Gaza, muchas filmadas por el Ejército israelí y por los pocos periodistas que sobreviven, que evidencian “el atroz genocidio”. Al igual que otros artistas del colectivo, cuestionó el “decepcionante deslinde de nuestro gobierno”, al no asumir acciones concretas y contundentes frente a la situación, a su entender, “por temor a represalias”.

“Piden que no los olvidemos”

Otra forma de expresión y acción que nació desde la indignación que provoca el genocidio en Palestina es un colectivo autoconvocado que reúne a creadores de distintas disciplinas —artes visuales, fotografía, pintura, música, DJs— quienes decidieron organizarse para brindar ayuda directa a familias en Gaza. “Empezamos a pensar en formas en las que podíamos ayudar ante la crisis humanitaria. Estamos en contacto con familias de allá, que cada vez son más las que se comunican, porque buscan maneras de sobrevivir. Más allá de que no está entrando la ayuda humanitaria, todo está trancado por Israel, sabemos que los pocos puntos de distribución de comida se transformaron en puntos de distribución de balas: la gente va en busca de alimentos y los matan, vuelven heridos o con las manos vacías”, contó Martina Solari, una de sus integrantes.

Ante esta situación, y a raíz del contacto con las familias que les trasladan sus necesidades, el colectivo comenzó a organizar eventos para recaudar fondos, combinando mercados de arte, venta de obra de artistas locales con fiestas de DJs. El dinero recolectado se canaliza directamente hacia familias palestinas mediante redes de solidaridad que permiten transferirles recursos: “En el primer evento pudimos ayudar a unas treinta familias, y con el segundo evento, que todavía estamos enviando las donaciones, vamos a tener la oportunidad de llegar a 58. Es un trabajo artesanal, pero muy significativo, porque ellos usan esas donaciones para comprar comida, medicamentos, carpas o pagar transporte para desplazarse a zonas relativamente más seguras. Digo relativamente, porque incluso quienes se fueron al sur, a donde se indicaba que fueran, me cuentan que los bombardeos siguen igual”.

Solari aseguró que la idea del colectivo es continuar con esta acción el tiempo que sea necesario. “En este momento, la necesidad crece cada vez más porque la situación sigue empeorando y ellos nos dicen que siguen necesitando ayuda. Entonces, la idea es sumar otro tipo de actividades también, como toques con bandas. Buscamos encontrar diferentes formas, espacios o actividades que puedan atraer a diferentes tipos de público que quiera ayudar. La respuesta ha sido muy buena en los dos eventos que tuvimos, colaboraron mucho y mucha gente nos manifestó que estaban contentos de que hubiera formas para poder colaborar porque no sabían qué hacer ante esto. Sabemos que se trata de algo paliativo, que no soluciona el problema de base, pero es una forma directa de ayuda, de solidaridad, que es muy importante para las familias”.

Compartió, además, el mensaje que esas familias piden transmitir al exterior: “Ellos primero que nada piden que los vean, que se sepa lo que están viviendo, que no los olviden. No solo piden ayuda económica, sino también que se sepa lo que están sufriendo y por lo que están pasando, que no se piense en ellos como números, sino como personas. Cuando hablás directamente con ellos, te enterás de sus vidas, de quiénes son, de los nombres de sus hijos, de sus parientes, de lo que les gusta hacer, de todos sus sueños perdidos, de todo lo que perdieron, de todas las personas que perdieron (…) Es importante saber que por más poco que sea lo que podamos enviarles a estas familias realmente puede cambiarles la vida y puede hacer que coman un día más o que puedan desplazarse a un lugar donde puedan estar un poco más seguros”.

Para finalizar, Solari compartió una anécdota que condensa la paradoja de la vida en Gaza, que se debate entre el horror y la esperanza. Contó que por estos días uno de los jóvenes con los que mantienen contacto, llamado Ibrahim, le mandó un video en el que se lo veía con amigos en la playa, intentando escapar por un momento de la realidad, pero que al día siguiente le contó que uno de esos amigos había sido asesinado. “Ellos te muestran cómo, a pesar de todo el horror que los rodea, siguen viviendo e intentando encontrar felicidad en pequeñas cosas. Por eso, no olvidemos sus historias y que necesitan ayuda”.

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