Este mes de marzo, que acaba de culminar, la encontró diseñando e implementando una propuesta que desde la clase de Literatura le permitiera a sus estudiantes descubrir y problematizar el lugar de las mujeres en la sociedad. La novedad es que lo hizo con Mafalda, Lisa Simpson y Anina Yatay Salas, esta uruguaya menos conocida que las anteriores cuyo nombre ya configura en sí mismo un juego de la lengua, lo que comúnmente llamamos capicúa, un palíndromo que se lee igual de derecha a izquierda y viceversa. La propuesta para trabajar con la imagen de lo femenino y el rol de la mujer en la sociedad incluye un juego de mesa al estilo de Cara a Cara con figuras de mujeres que rompen los estereotipos. Me dice con su voz dulce: “Mafalda ya tiene 57 años… yo le pregunto a mis alumnos y alumnas: ¿por qué ella puede hacer y decir fracturando las tradiciones?”.
Los y las alumnas de Silvia son booktubers y recomiendan libros a otros y otras jóvenes, son periodistas e investigan cuestiones relacionadas con la comunidad que habitan y hasta tienen un programa en la radio comunitaria El Puente, cuyo guión organizan y para el que ellos mismos disponen de todo lo necesario. Son sus voces, esa participación plena de su palabra sustantiva, la que ocupa ese tiempo radial para llegar a los uruguayos de las inmediaciones de la radio.
Silvia es la expresión pura de cómo el amor debe impregnar la vida educativa sin perder la firmeza y el objetivo de enseñar. Ella está allí, disponible, al servicio de sus alumnos creando oportunidades disfrutables de aprendizaje para todos/as, ofreciéndoles con firmeza el acceso al universo de los valores, de las reglas de vida. Siempre es necesario recordar que la educación tiene entre sus funciones esenciales la de abrir la puerta a conocer otros universos distintos al que la familia ofrece para no quedar presos de esa única versión del mundo.
Por eso, uruguayos, recordemos que en un rinconcito de Montevideo, en un barrio llamado La Teja, hay una profe anónima, que no reviste fama ni titulares, que asume cada día la imprescindible tarea de apoyar a cada joven en el proceso de emancipación e identidad, que invita a participar constructivamente de la vida social porque sabe que el secreto de la convivencia radica en la posibilidad de sentirnos felices con nosotros mismos, saber que tenemos un lugar y que respetamos el entorno en el que vivimos porque primero somos respetados. Ella está allí, cada día, alentando la vida con su corazón tejano.