Los que tenemos por principio básico resistir a la división de las vidas, a la clasificación de cualquier tipo, incluida la cromática, vemos venir la nueva era en la región con ojos de espanto. Y es necesario alertar acerca de las operaciones nominativas que estos grupos conservadores van realizando para cristalizar e imponer sus miradas.
La expresión “ideología de género” comenzó a circular entre grupos conservadores para frenar el avance de los DDHH y desacreditar los estudios de género. Es un término que viene utilizándose en la región como expresión de una agenda conservadora para oponerse en principio a la vigencia de los derechos sexuales y reproductivos. La idea de que lo femenino y lo masculino son construcciones culturales intenta ser derribada por una preeminencia de lo biológico. Algunos expertos declaran que esta expresión fue acuñada por Ratzinger, el papa Benedicto XVI, quien insistió en los roles naturales de mujeres y varones, intentando que varias décadas de producción investigativa en temas de género quedaran desvirtuados. Pero lo cierto es que si hay algo que no admite duda, es que no hay nada de natural en esta concepción negadora de los derechos
La ideología de género no existe. Es una expresión peyorativa, sin sustento teórico, que sólo se usa para cuestionar las políticas de igualdad, un argumento para desmontar aquello que cuestiona al machismo y una estrategia para generar confusión y tratar de mantener la pasividad de la sociedad. Es grave, no solamente porque desconoce todo lo que se ha hecho en esta materia, sino porque intenta retornar a una sociedad de roles fijos, de ausencia de libertad, de sometimiento y subordinación patriarcal, de desigualdades. Es grave porque atenta contra el desarrollo de la subjetividad de las personas, dándole preeminencia al sexo biológico, desconociendo la condición del ser humano como ser en construcción a lo largo de su vida, rechazando a aquel que no cumple con los estereotipos.
Es grave porque esto no le está pasando solo al vecino. Uruguay tiene sus propias figuras encarnadas en los legisladores evangelistas que declaran la defensa de la familia y la lucha contra la ideologización de los niños y niñas en los centros de estudio como bandera para retornar al deseado mundo de lo homogéneo.
“Vamos a unir al pueblo, respetar a las familias, respetar las religiones y nuestras tradiciones judeo-cristianas, combatir la ideología de género, conservando nuestros valores”, dijo Jair Bolsonaro durante el discurso de asunción a la presidencia de Brasil, el 1º de enero de 2019.
Sr. Bolsonaro: no se puede combatir lo que no existe. La “ideología de género” no existe, existe una perspectiva de derechos humanos, una forma de mirar al mundo desde el lugar del desarrollo pleno de todas las personas sin distinciones de raza, sexo, género, religión, etc. Sin rodeos, es necesario que cada uno declare lo que siente: muchos rechazan la agenda de derechos que se ha desarrollado, sobre todo en la última década, en muchos países de Latinoamérica.
Hay que estar alertas, hay quienes insisten en la mirada binaria del mundo: rosa y azul, muñecas y armas, canciones románticas o himnos de guerra. Estereotipos. Hay que estar alertas. Están cerca.