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Nacional, la emoción y el silencio

A Nacional le toca salir de su casa para visitar a Montevideo Wanderers el domingo a las 18 horas, en el Alfredo Víctor Viera.

Martín Lasarte le dio libre a los jugadores de Nacional en el día de ayer, no solo para la recuperación física, sino también por todo lo que se vivió en el Gran Parque Central en ese partido tan emotivo, tanto por lo futbolístico como por todo lo vivido en la previa y en los días anteriores Juan Izquierdo en la memoria viva.

La congoja era mucha, el clima era distinto. Es verdad que había un Parque Central con entradas agotadas. Pero el clima no estaba para la algarabía, ese sentimiento que reina en cada partido con un estadio lleno.

Desde temprano las inmediaciones del estadio tricolor se vestían de tres colores como en todos los partidos. Pero el bullicio, las canciones, los gritos de "Nacional, Nacional" no retumbaba en las calles de La Blanqueada.

El silencio

La "fiesta" se estaba preparando, pero de diferente manera. Con momentos de silencio, con angustia, llantos, pero siempre con respeto, mucho respeto.

Desde la llegada de los jugadores, hasta la entrada en calor de los mismos fue distinta.

Nadie estaba preparado para tanto silencio, para tanto dolor reinante en el ambiente.

Los minutos pasaron y llego la hora de la entrada de los equipos. Pocas veces se ha escuchado así el silencio que invadía el Parque cuando los equipos se saludaban. Un minuto de silencio que te erizaba la piel, ese silencio que hacía ruido, ruido de dolor.

El partido más difícil

Al minuto tres del partido, el juez Esteban Ostojich tras pitar un tiro de esquina a favor de Nacional. Tocó su silbato y empezó a aplaudir en honor al zaguero tricolor.

El Parque volvió a ponerse en pie. Volvió a demostrar el respeto a su gladiador.

El partido transcurrió normal, con faltas para un lado y para el otro. Nicolás López marcó lo que sería el único gol del partido y fue dedicado a su compañero.

El árbitro pitó el final. Nacional ganó ante un rival muy duro, pero nadie festejó, nadie se abrazó. Varios jugadores miraron al cielo y se lo dedicaron a él. Otros cayeron al piso con lágrimas en los ojos ante el partido más difícil de sus vidas.

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