Aumentan desequilibrios
A pesar de que los líderes chinos han manifestado su compromiso con el crecimiento liderado por el consumo, sus políticas han permitido un masivo aumento de la inversión en nuevas industrias de exportación, manteniendo al mismo tiempo los costos en el país muy por debajo de los niveles globales. Las decisiones tomadas en este contexto están ahora impactando a un mundo que no está preparado para un segundo choque de China.
Las tensiones comerciales serán aún más extremas en caso de que colapse el auge de la inversión en inteligencia artificial (IA), lo cual podría llevar a una recesión en EE. UU. y desaceleraciones en otros lugares. En ese escenario, el déficit de EE. UU. podría reducirse considerablemente, mientras que el superávit de China crecería solo moderadamente. Esto apretaría ferozmente los superávits en otras regiones, llevando a muchas economías a retornar al límite inferior cero en las tasas de interés, con una política fiscal que probablemente sería insuficiente para abordar la situación.
Las condiciones serían propicias para el surgimiento de una guerra comercial total, caracterizada por una mayor imposición de aranceles, barreras comerciales adicionales y una renovada manipulación de divisas, mientras los responsables de políticas económicas intentan proteger a los productores nacionales de la competencia extranjera. En este contexto, es imperativo que los países adopten un enfoque cauteloso y colaborativo para evitar un conflicto comercial a gran escala, con el potencial de repercusiones drásticas en la economía global.