¿Haití no es una dictadura? ¿Por qué el silencio del gobierno uruguayo? ¿Tenemos embajador acreditado ya en Haití (aunque fuera concurrente en Dominicana)? La página web de nuestra embajada es muy elocuente: está vacía. La del consulado, la única información que contiene es la hora de atención al público. Aunque solo dice (textualmente) “el horario del cónsul puede variar”, pero no aclara cuál es.
En Cuba, en cambio, habla el propio ministro: “Es una dictadura”. ¿Cuánta gente manifestó en Cuba? ¿100, 200, 300? Digamos, razonando por el disparate, ¿1.000? Canciller a la prensa… Y de la manifestación de 100.000 personas en el acto presidido por Díaz Canel y Raúl Castro, ¿no encontró nada para decir? Y de las manifestaciones con muertos en Haití: ¿nada? Es una especie de dislexia ideológica.
En Sudáfrica, el mismo día que se conmemora “el día internacional Nelson Mandela”, un expresidente, que estuvo preso junto a él, es detenido por corrupción. El país ha pasado de tener presos políticos a tener políticos presos; mal endémico de nuestros tiempos. ¿Algún comentario, Sr. ministro? Recordemos nuestra deuda con el pueblo de Madiba (Nelson Mandela): el Apartheid termina en 1994. Uruguay (un gobierno colorado y otro blanco) no rompió relaciones con los gobiernos racistas. Argentina, por ejemplo, al retornar a la democracia, Alfonsín cortó de inmediato los lazos diplomáticos. Nosotros no. ¿Algo que decir, Sr. ministro?
A veces los desafines son en silencio. Otras, porque se habla demás. El presidente Lacalle (hijo) viene a ritmo invicto de una pelea con un jefe de Estado por cada Zoom. Alguna pelea cruzó el Atlántico y se hizo oír en el Coprincipado de Andorra.
Perú, después de marchas y contramarchas, tiene presidente electo: Pedro Castillo. Ahora bien, sí nos atrevimos a pegarle un reto al presidente argentino por haberle felicitado porque aún no había sido proclamado (¡qué tenemos que meternos nosotros!). Yo mando esta nota con Castillo ya proclamado y silencio uruguayo. ¿Les gustaría más “Quiero Fujimori”? En cualquier caso deben chequear bien las direcciones (para felicitación y condolencias) ya que ambos cambian de domicilio: uno al palacio presidencial y la otra, aparentemente, a la cárcel por corrupción.
¿Qué nos pasa? ¿Por qué un país que, como Uruguay, históricamente ha compensado su pequeñez geográfica, poblacional, productiva y de consumo con prestigio de su política exterior independiente, hoy comete estos errores? Venimos invencibles en no embocarle a una.
La semana anterior hablábamos de nuestro error en jugarnos a Bolsonaro en perjuicio de Argentina. Señalábamos que menospreciamos el papel de Itamaraty en neutralizar los dislates del presidente brasileño. Hoy agregamos que el año que viene habrá elecciones en aquel país: Lula duplica a Bolsonaro en las encuestas. Fernando Enrique Cardoso se saca una foto con Lula tras dos horas de reunión. Bolsonaro se pasea sin tapabocas por el hospital, donde se encuentra internado. Un poquito de sensatez vendría muy bien.
Nuestra política exterior es al revés que la célebre película de Anthony Hopkins: grito contra inocentes. El silencio sobre los culpables.
Qué pena.