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Internacionales | Palestina

"Fue muy movilizador vivir con una familia palestina", dijo la activista cristiana Florencia Iglesias

Activistas cristianos y judíos uruguayos analizaron las instituciones y el desarrollo del Sionismo en Uruguay, Israel y Palestina.

Este artículo es el tercero de una serie de tres entregas vinculadas entre sí. Fundado en 1948 a partir de la partición de Palestina y a impulso del movimiento nacionalista judío, el Estado de Israel tuvo como promotoras y mantiene como guardianas a diferentes organizaciones del movimiento sionista internacional.

Creada en 1897, la Organización Sionista Mundial (OSM) reivindica el derecho de autodeterminación del pueblo judío, y elabora una ideología nacionalista. La OSM posee el Fondo Nacional Judío (Keren Kayemet LeIsrael, KKL) de 1901, la organización de recaudación Keren Hayesod de 1920 y la Agencia Judía para la Tierra de Israel de 1929. Estas organizaciones, conocidas como las Instituciones Nacionales, manejan un patrimonio de más de mil millones de dólares entre propiedades, inversiones y programas de financiamiento. Entre otras, también se destaca el Congreso Judío Mundial, fundado en 1936, que se presenta como el "brazo diplomático del pueblo judío” y aboga en su favor ante gobiernos, parlamentos, organizaciones internacionales y otras confesiones. En esta última institución participa el Comité Central Israelita del Uruguay (CCIU), más allá de que también lo integra la OSM.

Para conocer diferentes perspectivas internas y externas sobre las distintas corrientes que integran el movimiento sionista, así cómo evaluaciones del proceso de fundación y el desarrollo del Estado de Israel y de las posturas políticas a su interior Caras y Caretas se comunicó con: el presidente de la Organización Sionista del Uruguay (OSU), Martín Glass; el vocero de la Coordinación por Palestina, Christian Mirza; la integrante del Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (Peapi), Florencia Iglesias, y con las integrantes de Judíos contra el Genocidio, Alma Cohn y Alicia Migdal.

El presidente de la OSU declinó acceder a una entrevista con Caras y Caretas debido a que su rol es voluntario y que a la institución que dirige, junto a otras ocho personas, lo hace fuera de su horario laboral. Aún así respondió a algunas consultas, por ejemplo, cuál fue la distribución de los delegados uruguayos al 39° Congreso Sionista Mundial desarrollado en octubre de 2025. En ese sentido aclaró que Uruguay “contó con seis asientos” de los 543 elegibles a través de elecciones voluntarias, y que quedaron distribuidos en dos delegados de posturas identificadas “como de derecha”, y otros dos “de centro” y dos más de “izquierda”.

Por otro lado, los representantes uruguayos del partido Meretz vinculados a la Casa de Cultura Mordejai Anilevich destacaron en un comunicado los logros alcanzados en el último congreso por el bloque progresista. Entre muchas otras, sobresale la prohibición de financiamiento directo o indirecto a asentamientos y colonos judíos en la Franja de Gaza (Palestina) por parte de la OSM y las instituciones nacionales. También señalaron el rechazo a la instalación por parte del gobierno israelí, del sonado asentamiento E1 del lado palestino, a las afueras de Jerusalén “que dañaría los valores democráticos de Israel” y “obstaculizaría la continuidad territorial necesaria en un futuro Estado palestino”.

Otra resolución que destacaron es que por primera vez “la corriente del judaísmo humanista secular”, que integran, recibirá presupuesto específico y se garantizará transparencia y “equidad presupuestal” en el apoyo que reciben las diferentes corrientes. Esto último se asocia a “la condena de los ataques al interior de las comunidades judías y sionistas”. Y al compromiso de proteger “el pluralismo y el diálogo respetuoso entre las líneas ideológicas y religiosas” del movimiento “prohibiendo los discursos de odio”.

Finalmente en esta reseña general se destacan varias resoluciones vinculadas al combate a la discriminación y al antisemitismo en la cultura, el arte y el deporte, a la vez que se promueve el trabajo en colaboración con gobiernos e instituciones educativas y civiles (como universidades, el comité olímpico internacional y la FIFA).

Caras y Caretas trató de comunicarse con uno de los delegados al Congreso en representación del sionismo progresista pero desde la institución rechazaron realizar comentarios sobre la interna del movimiento, y se remitieron a las autoridades centrales.

Los cristianos en Tierra Santa

El Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (Peapi) “inició en 2002 como un pedido de los cristianos en Palestina a que el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) pudiera involucrarse”, indicó la militante del movimiento. En ese momento “se estaba empezando a proyectar la construcción del muro que divide Israel de Cisjordania”, agregó Iglesias. La mayoría de los palestinos cristianos “son ortodoxos y protestantes”, el CMI reúne a esas Iglesias “menos a la católica”, aclaró.

La activista ya había estado en Palestina e Israel en 2008, un año antes de que el programa se instalara en Uruguay. Años antes conoció a un grupo de palestinos en una Asamblea del CMI y en ocasión de un viaje por Europa la invitaron a visitar su territorio. “En realidad iba a ir por 10 días, pero me quedé un mes”, recordó. “Fue empezar a ver todo un montón de cosas que no se veían, que no circulaban en aquel entonces”, rememoró.

En su crianza cristiana “siempre aparecía mucho el discurso del pueblo de Israel como pueblo elegido”. Junto a lo terrible “que había sido su historia, que no quita que lo haya sido, pero nadie habla de lo que pasa en Palestina”, analizó. “Fue muy movilizador vivir con una familia palestina” en Beit Jala (Belén), su terreno “tenía una plantación de olivos y cruzábamos a juntar”, rememoró. Desde la casa se veía Jerusalén, “pero cuando volví 10 años después ya no se podía ver la ciudad y habían perdido la plantación por la construcción del muro”, lamentó.

El territorio es pequeño hay muchas actividades que llevan horas realizarlas “por las esperas en los cruces y los puestos de control militares”, además hay lugares “a donde algunos día no se puede ir”, explicó. Luego de ese viaje de un mes y un breve pasaje por Europa, volvió a Palestina durante un mes más. En ese período fue voluntaria de la ONG Holy Land Trust que tiene programas de reconstrucción de casas “para las familias que tienen el frecuente problema de que se las demuelan”, apuntó. Lo que hacen es “acompañar a las familias con apoyo emocional y conseguir recursos y/o mano de obra para volver a levantar los hogares”, explicó.

Si bien la ONG trabaja “en la resistencia no violenta de la ocupación israelí”, a diferencia de otras organizaciones no realizan “actividades de presencia protectora”, señaló. Esto se explica porque “la mayoría de los integrantes son palestinos, junto a pocos extranjero, por lo que se vuelve peligroso interponerse a los israelíes”, ahondó.

Otro programa que Holy Land lleva adelante es el turismo alternativo. Arman grupos “para visitar puntos turísticos pero también tratan de mostrar los asentamientos, los checkpoints, las construcciones ilegales”, reseñó. Enseñan “la otra cara de la moneda”, ante la realidad de que “hay tours que salen desde Israel hacia Cisjordania, y por ejemplo visitan el Mar Muerto” realizando un recorrido “que es como un túnel”, advirtió. Las personas “no se enteran de nada de lo que está pasando” y después al hablar con ellos “te preguntas ‘cómo estuvieron ahí y no vieron nada’, piensan que solo estuvieron en Israel”, lamentó.

Desde la instalación del Peapi en Uruguay en 2009 a lo que se dedican es a compartir la experiencia de quienes estuvieron en Palestina, realizar encuentros de diálogo locales y organizar viajes de voluntarios para participar de diferentes actividades en el territorio. “Los voluntarios van a vivir a Palestina durante tres meses en alguna de las locaciones que tiene el programa”, aclaró. Cuando el Peapi empezó “tenía seis o siete locaciones” en Cisjordania; sin embargo, “actualmente tiene tres, una en Jerusalén Este, otra en Belén y otra en Hebrón”, indicó. “Primero debido a la pandemia y luego del siete de octubre de 2023, se redujeron las locaciones y los tiempos de los voluntariados”, lamentó.

Una de las tareas que llevan adelante los voluntarios del Peapi es “ir a acompañar a los palestinos en los checkpoints”, monitorear que estén abiertos, que dejen pasar a las personas, “y si no dejan pasar a alguien, ver por qué”, detalló. “La gente puede estar cuatro o cinco horas haciendo fila y es una situación de hacinamiento complicada”, remarcó. Los controles a veces “demoran más de lo que deberían, por otro lado tienen que tener una línea para personas mayores, mujeres embarazadas, para gente enferma que a veces la abren y a veces no”, recriminó. En caso de algún problema los activistas llaman a una oficina para reclamar. Debido a que los voluntarios no manejan el hebreo, en ciertas ocasiones se contactan con organizaciones judías-israelíes aliadas y realizan el trabajo de manera conjunta.

Junto con organizaciones locales e internacionales como B'Tselem, Human Rights Watch, Rabinos por los Derechos Humanos, Peace Now y Machsom Watch, realizan actividades informativas para los voluntarios del Peapi, para así poder conocer su trabajo en el territorio. “Eso muestra la otra cara de la sociedad israelí y permite entender que no todos están a favor o les da igual lo que está pasando”, alentó. “Hay un montón de familias que no quieren que sus hijos vivan en el estado de tensión y de conflicto constante que se vive”, alertó. “No quieren que sus hijos tengan que ir a hacer el servicio militar obligatorio ni tampoco la deshumanización y criminalización del pueblo palestino que se enseña en los libros escolares”, compartió.

“El Peapi está a favor de la solución de los dos Estados, defiende las fronteras de 1967 y una paz justa y duradera, pero no habla de apartheid”, matizó. Como opinión personal señaló que “el programa no tiene un léxico apropiado”, algo que reclaman cristianos desde Palestina y desde algunas coordinaciones nacionales de diferentes partes del mundo.

Como parte de las actividades nacionales, el programa ha participado u organizado encuentros con la comunidad judía local, ya sean sionistas progresistas como la Mordejai Anilevich, no sionistas como la Asociación Zhitlovsky, o antisionistas como el colectivo que integran Migdal y Cohn. Además de trabajar en conjunto con la Embajada palestina, también han concurrido hasta el Chuy, donde hay una comunidad significativa de palestinos.

“Poder escuchar desde un lugar de respeto más allá de a veces no tener el mismo punto de vista, sin toda la emocionalidad y la tensión que permite la distancia, todavía cuesta un montón”, reflexionó. “A veces me cuestiono cómo le vamos a exigir a las dos partes que traten de encontrarse” si en Uruguay, “con todas las libertades, comodidades y seguridades, no podemos encontrarnos con el que piensa un poco distinto, tiene otra mirada y aceptar lo que tiene para decir”, señaló. Pedir que los dos pueblos “no se miren con miedo, recelo, odio o desconfianza es difícil”, y más allá de que en algún momento a nivel político “se pongan de acuerdo” se preguntó “cómo se hace después para que esa gente siga conviviendo”.

Si bien la Casa de Cultura no adhiere a la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés), y defiende la Declaración de Jerusalén para diferenciar las críticas políticas al Estado/gobierno de Israel, sí considera que en la actualidad se presencia un aumento del antisemitismo en Uruguay y en el mundo. Tanto la OSU como el Comité Central Israelita del Uruguay (que la Mordejai Anilevich integra) defienden la definición de la IHRA (adoptada por el Estado uruguayo en enero de 2020).

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