Yo creo que, por el contrario, quienes acusan al arte de manipulación son ellos mismos manipuladores. Son personas brutalmente intolerantes, enemigos del pensamiento libre; personas que creen haber comprado la historia y su discurso, con acta, sello e inscripción en el registro; personas incapaces de admitir que alguien piense en forma distinta a ellos. Son personas partidarias de la represión, del silencio, de la obediencia ciega, de las tradiciones transmitidas y recogidas porque sí, porque lo dijo el padre, el abuelo, el bisabuelo y el caudillo.
Pero sepan, quienes así piensan, que su actitud recelosa y censora es más vieja que el mundo. Ya los romanos torturaron a los primeros cristianos porque no pensaban como ellos, porque anunciaban el advenimiento de un mesías y porque no creían en los viejos dioses. Entonces los asaron en parrillas, como a San Pedro, o los arrojaron a la arena del circo para que los despedazaran los leones. Después vinieron las luchas de religión, entre esos mismos cristianos que tanto sufrieron en su día. Apareció la Inquisición y persiguió y torturó a los herejes -o sea a los que no pensaban como ellos- de formas acaso mucho más refinadas que las de los romanos. La Inquisición realizó miles de juicios de lo más arbitrarios, inventó las más horribles máquinas de tortura y quemó a miles y miles de personas, en su mayoría mujeres, acusándolos de herejía y de brujería. Más adelante, vinieron, especialmente en América Latina, las dictaduras militares, que se encargaron de torturar y desaparecer a todos los que no pensaban como ellos, o más bien a los que no agachaban la cabeza y se atrevían a imaginar un mundo mejor y, encima, a desafiarlos. Solamente el franquismo, por poner un ejemplo, dejó en España unos 200.000 desaparecidos, que sin duda habrán sido grandes “manipuladores” de la historia y de la verdad, de la decencia y de las tradiciones, en opinión de sus verdugos y asesinos.
Yo les respondo, a quienes me preguntan sobre las supuestas manipulaciones de los escritores: sepan que el paso del ser humano por la Tierra es complejo, tortuoso y oscuro. Exige ser pensado, iluminado, meditado y explorado, generación a generación, no solamente a través de las ciencias, sino además por medio de las artes, que en lugar de hacer definiciones y de dictar sentencias, se dedican a hacer preguntas y a provocarlas en los otros. Sepan que existe una cosa llamada pensamiento crítico. Sepan que, les guste o no, el tiempo continúa transcurriendo a pesar de ustedes, y no pueden ni podrán luchar jamás contra la renovación y el libre vuelo de las ideas. Sepan que perdieron la partida de antemano, por el solo hecho de atrincherarse en una posición inquisidora y falsamente autoritaria de la que ya, por desgracia y por suerte, conocemos todos sus mecanismos, tácticas y métodos rastreros. Sepan que, como dije antes, no son los dueños de la historia ni de los personajes históricos. No son ninguna autoridad. Son dueños únicamente de sus propias ideas y no tienen el menor derecho a imponerlas sobre los demás.