Luce mal
Después de haber cosechado un sinfin de sentimientos que abarcan una amplia gama de variedades entre la preocupación y la curiosidad, se realizó el pasado 22 de enero la presentación por parte del gobierno electo de la famosa LUC, Ley de Urgente Consideración. El revuelo era esperable porque se insistió durante toda la campaña electoral en aludir a ella como si fuera una pócima mágica que contendría la solución a todos los “males” del país –en palabras de la oposición– y, al mismo tiempo, en eludir dar cuenta de su contenido. Por otra parte, el presidente electo la definió como el “contrato sobre el cual se va a jurar la coalición”, con la intención de sellar seguramente una unión de partidos que impresiona demasiado frágil y transitoria como para sostenerse al menos los primeros años del quinquenio. Uruguay tiene malos antecedentes en relación a las coaliciones previas entre blancos y colorados, y todos sabemos que la actual coalición multicolor se generó a partir de un único deseo común: sacar al Frente Amplio del gobierno. Más allá de este deseo compartido parece haber muy poca cosa que los convoque a permanecer unidos.