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Una multitud interminable acudió a despedir al Indio Solari

El músico y cantante de rock Carlos Alberto Solari, más conocido como el Indio Solari, fallecido el viernes a los 77 años.

Centenares de miles de personas hicieron cola a lo largo de unos 10 kilómetros hacia el Parque Domínico del municipio de Avellaneda, al sur de la provincia de Buenos Aires (este), donde se velan los restos del músico y cantante de rock Carlos Alberto Solari, más conocido como el "Indio" Solari fallecido el viernes a los 77 años.

No se había visto en las últimas décadas semejante muestra de afecto, un reguero infinito de personas que se acercan a darle su último adiós al líder del grupo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una de las bandas de rock más populares e importantes de la historia argentina. Es la última "misa ricotera", como se aludía a los multitudinarias convocatorias que generaba el Indio en sus recitales.

Una argentina de mediana edad rompe a llorar mientras camina hacia el microestadio del polideportivo Gatica, donde descansan los restos del Indio. "Para mí es un sentimiento muy grande. Yo conocí a mi marido y de ahí en más me gustaron los Redondos", explica Katia a la Agencia Sputnik mientras mantiene el paso junto a su amiga Cinthia. "Mi hijo se llama Patricio. Es toda una cultura con sus valores, es mucha emoción".

Al enterarse el viernes de su fallecimiento, las dos mujeres se dirigieron a la casa del cantante, situada en la localidad bonaerense de Parque Leloir, en el partido de Ituzaingó (oeste), desde el municipio colindante de Moreno, donde viven.

Músico idolatrado

"A nivel mundial, no hay algo como esto. Estos procesos populares los tenemos de verdad y hasta el fondo", relatan al señalar a su alrededor. "A nosotras nos acompañó desde pibas, empezamos a escuchar a Los Redondos y como dejó de tocar en capital porque los lugares eran chicos y la policía no lo permitía, y empezamos a conocer el país viajando para verlos".

Una jornada gris y con niebla acompaña la peregrinación de los ricoteros. Algunos vecinos ofrecen sus casas para cargar agua o para pasar al baño. Otros venden camisetas, pines, carteles, y otros recuerdos mientras de distintos lados llega la música de Los Redondos.

La organización del evento más multitudinario que puedan recordar estas generaciones de argentinos, a cargo de la provincia de Buenos Aires (este), permite que la procesión transcurra con tranquilidad. A pocos metros del primer retén para ingresar al parque público, un argentino reconoce en las grandes masas que se acercan a decirle adiós al Indio las mismas que el músico lograba reunir en sus conciertos. "Eran como esto pero más alegre, sin la atmósfera de luto que hay", comenta este hombre de unos 60 años llamado Nicolás.

No hay más que darle las gracias al Indio por no ser corrompible y cuidar al otro, añade a minutos de poder ver a cajón cerrado a quien también fundara Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, tras su separación de Los Redondos en 2001.

Los seguidores del Indio, que padecía parkinson y en 2017 se retiró de los escenarios, recurren a las mismas palabras para describir lo que les transmitía: valores políticos, de comunidad, de ayuda al prójimo.

Unión en el dolor

Tras cinco horas de cola, una joven acompañada de su padre, tíos y primos otea el grupo que tiene delante, que está por entrar al recinto donde se encuentra el féretro. "El Indio ha estado en cada reunión familiar, en cada asado, en cada cumpleaños, en los momentos más difíciles en nuestras vidas", revela Johana. "Estamos tristes pero orgullosos de lo que nos representa".

La espera está por concluir. Toda la familia de la joven, que viajó de madrugada desde el partido bonaerense de Escobar (norte), está a punto de ingresar al auditorio donde se hallan los restos del músico argentino. "Nuestro consuelo es que ya no sufre más. Lo que nos dejó nos empapa para el futuro, para recordarlo del amor", afirma esta argentina.

Su grupo ingresa por fin en el microestadio. Los organizadores hacen un pasillo y piden con tacto que nadie se detenga para que todos tengan la oportunidad de pasar. Algunos se arriman al costado izquierdo para ralentizar su marcha y atesorar los segundos que tienen por delante. Los sollozos afloran, los gritos de despedida se quiebran, las manos se extienden hacia el ataúd, a cuyos pies se desparraman flores y camisetas de fútbol de todos los clubes. La corriente empuja, y el cajón queda atrás.

Llanto en las afueras

El llanto se desborda a las afueras del microestadio. Muchos quedan en los costados, tratando de recomponerse y de mantenerse en comunidad. Vuelven a oírse las canciones del Indio, acá y allá.

Una pareja esquiva el gentío y se retira de la mano, despacio. "Quiero ver quién se pone el saco (abrigo) del Indio, porque mucha gente lo tildaba y nos tildan de vagos, pero como él defendió a la gente, no nos defendió nadie", sentencia Marcelo. Junto a Fernanda, asume al Indio como parte central de su vida. "Ahora tengo 49 años y siento que se perdió alguien muy valioso, como Maradona".

Predomina entre los ricoteros una sensación de orfandad. "Ir a ver al indio junto a 400.000 personas era para nosotros ir a ver a gente conocida. Era muy lindo, una misa. Él generó que seamos eso: con su hermetismo, generó que lo sigamos sin preguntar", asegura Marcelo. "No había banderas, no había cuadros. Yo soy de San Lorenzo, pero acá hay gente de Boca, de River, de Huracán, de Central, y nosotros estamos todos juntos. El Indio unía todo eso, la gente con plata (dinero) y la gente sin plata. Él era unión".

El velatorio se extenderá cuanto tiempo sea necesario para que todos aquellos que se han desplazado puedan despedir al Indio, ha garantizado su familia. Dicen que más de un millón de personas se han movilizado para despedirse del artista. Cada hora, pasan 15.000 personas por delante del ataúd. La noche del domingo asoma y la fila sigue siendo inabarcable, en un desafío al tiempo. Comienza a llover, pero los ricoteros son eternos, como su líder.

(Sputnik)

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