Creo que es tiempo de hacer una toma de conciencia profunda sobre lo que nos pasa con nuestros niños y jóvenes: los dejamos a la intemperie en un mundo que está habilitando en forma permanente la posibilidad de ir más allá de las paredes del dormitorio o de la casa que habitamos sin que tengan una formación específica para hacerlo. La relación es clara: cuando le enseñamos a nuestros niños a circular solos por la calle, lo hacemos en etapas, vamos probando sus desempeños, les advertimos de los peligros, intentamos no asustarlos, pero si les avisamos de situaciones que probablemente ocurran para que tengan calma y cautela a la hora de tomar una decisión, les enseñamos a resolver las situaciones. No obstante, no los preparamos para circular en la avenida más poblada de la ciudad más grande del mundo y los largamos a “jugar”, “estudiar”, simplemente navegar por ella, sin avisos, sin preparación.
¿Con quiénes están “conversando” nuestro hijo adolescente desde su habitación? ¿Qué tipo de materiales está compartiendo? ¿Cuál es la identidad verdadera de cada una de las personas con las que está jugando en línea, con quienes quizás tenga luego o durante una conversación que no sea exclusivamente del juego compartido?
El grooming es un extranjerismo que denomina la intervención de algún adulto en el mundo infantil o adolescente a través de internet para lograr contacto con ellos con fines de abuso. Es natural que ese adulto, al mejor estilo del lobo de Caperucita Roja, simule una identidad que no le es propia; suele presentarse como uno más de ellos a través de un perfil falso, con una fotografía que naturalmente no es de él. Su trabajo consiste en estudiar en primer lugar, con precisión, el perfil de nuestros niños y adolescentes para fingir la coincidencia en gustos, intereses y hábitos, ya que esa será la herramienta para conseguir entrar en contacto.
Lo hará mientras todos nosotros estamos presentes, sin advertirlo, por eso es necesario tomar conciencia, sin asustarse, pero con mucha atención, para proteger una vida infantil y adolescente plena y un uso adecuado de internet y las redes sociales.
En la columna de la semana que viene, les invito a reflexionar sobre esta cuestión más específicamente y qué prevenciones podríamos tomar desde el mundo adulto para que estos pedófilos no prosperen.