¿Cuáles son las perspectivas electorales de la coalición de gobierno de Netanyahu y de su opositor más fuerte, Gadi Eisenkot?
Las encuestas confiables hasta ahora están mostrando una paridad muy importante entre los dos grandes bloques, el oficialista y el que podríamos llamar el “sionismo opositor”, sin que ninguno alcance la mayoría (al menos 61 escaños de 120) en la Knesset (congreso). Hasta hace poco tiempo hubo cierta ventaja del bloque opositor, pero ahora la situación parece haberse emparejado. El resultado es incierto, y uno diría que hay al menos cuatro escenarios abiertos de gobierno: a) el mantenimiento de la actual coalición nuevamente liderada por Netanyahu y con dos apoyos centrales (sionismo religioso y ultraortodoxos no sionistas); b) un gobierno de mayoría opositora sionista liderado por Eisenkot; c) un gobierno de oposición sionista pero con aval de los partidos árabes (o de uno de ellos)[1] también liderado por Eisenkot; d) un gobierno interbloques sionista, de derecha y centroderecha, con algunos partidos sionistas excluidos y/o los partidos ultraortodoxos (considerados no sionistas) también excluidos de la coalición. En términos estrictamente cuantitativos, hoy es más factible conformar una coalición con los escenarios c y d que con los escenarios a y b, pero pueden seguir existiendo movimientos en la opinión pública israelí.
Además, un aspecto central para entender esta gran incertidumbre es el sistema electoral, que es proporcional, pero que establece un mínimo de 3,25 % de votación para acceder al Parlamento (el mínimo de parlamentarios que una lista puede obtener es 4). Hay partidos de uno y otro bloque (o entremedio de los bloques) que están en el borde de ese umbral. Allí están por ejemplo el nuevo partido de Ofer Winter (de derecha dura y que respaldaría a Netanyahu) o el llamado Partido de los Reservistas, que está considerado como un partido intermedio. Que entren o no esos partidos puede hacer la diferencia en favor de unos u otros.
¿Qué se puede esperar de un cambio de gobierno por una coalición de derecha a centroizquierda que lidera Eisenkot? Con el cambio de gobierno, ¿cambiará la relación entre el Estado de Israel y la Autoridad Nacional Palestina?, ¿se puede esperar la creación del Estado palestino autónomo e independiente y el fin de la colonización en Cisjordania y el bloqueo en Gaza?
Deberíamos ser muy cautos en torno a la posibilidad de grandes modificaciones en la gestión del conflicto israelí-palestino si hubiera un cambio de gobierno. Como tu marcás, una eventual coalición liderada por Eisenkot sería muy heterogénea en relación al posicionamiento sobre el tema, con una línea dura representada por [el exministro Avigdor] Lieberman y [el expremier Naftalí] Bennett; otra intermedia representada por [Yair] Lapid y la línea más pro-negociaciones liderada por Yair Golan (fusión del viejo laborismo y la izquierda sionista israelí Meretz, representada en el partido “Los Demócratas”). Además, en un escenario así, en la oposición estarían minorías muy vocales y fuertes, como las del sionismo religioso y el Likud. Y no hay que olvidar el componente de la demanda, el público israelí, que tiene hoy niveles de desconfianza y aversión muy predominantes en relación a la creación de un Estado palestino, tendencia que se afianzó después del atentado de Hamás del 7/10. El margen de maniobra para un cambio fuerte en la gestión del conflicto es por tanto limitado y, sin un impulso fuerte desde la comunidad internacional, es poco probable que cualquier Gobierno israelí tenga los incentivos y el poder para realizar un viraje sustancial.
Dicho esto, una coalición sin las variantes del sionismo religioso (las lideradas por Ben-Gvir de un lado y Smotrich por otro) abre algunas posibilidades de cambios y reducción de tensiones. Por ejemplo, un aspecto que la oposición es particularmente enfática en querer cambiar es un mayor control y represión de las acciones del movimiento colono en Cisjordania, que ha generado una multiplicidad de incidentes muy serios con la población palestina, particularmente en la llamada Área C de Cisjordania [fundamentalmente controlada por Israel]. Pero repito, hoy los ejes de discusión en la campaña electoral no pasan por modelos de gestión diferentes del conflicto con los palestinos sino por otros asuntos, como por ejemplo la exención (o no) del servicio militar de los ultraortodoxos, la creación de una comisión de investigación independiente por la masacre del 7 de octubre o la política de relacionamiento con otros países.
¿Hay un crecimiento de la izquierda sionista y de los partidos árabes (particularmente de izquierda), así como un retroceso de la ultraderecha que se canaliza al centro y la derecha del espectro político? ¿Qué implican estos posicionamientos de los diferentes bloques a nivel de la gobernanza de Israel?
Hay una posibilidad cierta de que la fusión entre Meretz y el laborismo mejore el peso de la izquierda sionista en el parlamento, pudiendo incluso alcanzar los 10 escaños (hoy solo dispone 4 por el laborismo dado que Meretz no pasó el umbral en las elecciones anteriores). Esto sería más el producto de una mejor ingeniería electoral por parte de la izquierda que de cambios en el electorado israelí. También algunas encuestas vienen marcando la posibilidad de un crecimiento de los partidos árabes, que hoy tienen 10 escaños. Allí será clave observar la tasa de participación electoral de la población árabe, que generalmente es inferior a la tasa de participación judía. No está para nada claro que haya una caída de los partidos del sionismo religioso que hoy suman 13 bancas.
Sí en cambio se prevé una caída del Likud, partido de Netanyahu, y esa caída de hecho es la que estaría impidiéndole conformar una mayoría como la que lograra en 2022. Habrá que ver quién realmente capitaliza esos votos. Las implicancias de esta caída del Likud es justamente lo que te decía al principio: la posibilidad de una rotación en el poder y al menos tres vías de exclusión del sionismo religioso (hoy asociado con la derecha radical) del poder: mediante el triunfo del sionismo opositor (con mayoría propia o con minoría más apoyo de los partidos árabes) o mediante la conformación de un gobierno sionista de centro y derecha, sin el sionismo religioso ni los partidos ultraortodoxos (ambos muy enfrentados a todas las variantes del sionismo opositor)[2]. Pero de nuevo, aunque todos estos escenarios están en el radar, tampoco puede descartarse la posibilidad de que la coalición oficialista mantenga el poder con una mayoría exigua pero mayoría al fin. Mucha paridad, mucha incertidumbre y mucha tela por cortar aún.
En el marco de las elecciones hubo un veto provisional a los partidos políticos árabes y a dos dirigentes, un judío-marxista, Ofer Cassif, y uno palestino, Abu Shehadeh (progresista secular), que finalmente bajó su candidatura por presión judicial. ¿Cómo evalúa este proceso en términos de solidez democrática? ¿Hay un doble estándar o criterio diferencial aplicado en términos de exigencia democrática para los palestinos y para los judíos, especialmente pensando en sionistas de extrema derecha como Ben-Gvir y Smotrich?
Sobre estos casos, hay que hacer varias precisiones relevantes. La proscripción de un candidato o lista en Israel lleva dos etapas: primero una Comisión Electoral Central integrada proporcionalmente por los partidos parlamentarios trata las solicitudes de proscripción y, si hay mayoría, aprueba las mismas. Si una persona es proscripta, el caso pasa automáticamente al Tribunal Supremo de Justicia. Si un partido entero es proscripto, el mismo puede apelar y en ese caso también decide el Tribunal Supremo. En estas elecciones, la izquierda sionista impulsó la exclusión de Otzmá Yehudit y, a título individual, de Ben-Gvir y de Tally Gotliv [líderes del mencionado partido, Poder Judío]. Sin embargo, no obtuvo las mayorías necesarias en la comisión electoral.
En cambio, la comisión sí aprobó los casos de líderes y partidos árabes que mencionás (aclarando que Cassif es judío) y sobre todos ellos terminaron en el Tribunal Supremo. Lógicamente, en la conformación actual del parlamento israelí, con un peso predominante de una derecha israelí fuertemente hostil con los partidos árabes, no es sorprendente que esto haya sucedido y que exista esa doble vara que mencionás. De estos casos, la Justicia desestimó la proscripción por unanimidad o amplias mayorías salvo en el caso de Abu Shehadeh. Allí, el Tribunal dio a entender, antes de tomar formalmente la decisión, que validaría la proscripción sobre la base de un artículo que Abu Shehadeh publicara inmediatamente después del 7/10 y donde se interpreta que hubo una justificación de las acciones de Hamas (aunque Abu Shehadeh niega haber hecho tal justificación). Se trata de un caso muy polémico que incluso dividió las aguas entre la izquierda sionista y la izquierda no sionista en Israel. Es una muy buena pregunta contrafáctica qué hubiera decidido la Justicia sobre Ben-Gvir si hubiera debido laudar sobre la validez de las acusaciones en su contra. Lo que sí sabemos es que históricamente ha sido más habitual en la historia de Israel la exclusión judicial por incitación al racismo de líderes y partidos de extrema derecha (las listas del partido Kach en 1988 y 1992 o la proscripción de Michael Ben-Ari en 2019) que de líderes o listas árabes. De hecho, hay que remontarse hasta 1965 para encontrar una proscripción a una lista árabe (vinculada al llamado movimiento “La Tierra”).
Diferentes octubres
Las próximas elecciones de Israel suceden muy cerca de la conmemoración del ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre y el inicio del asedio militar a Palestina, particularmente en Gaza. En Uruguay, donde también hay presencia de partidos israelíes, se realizaron muy diferentes conmemoraciones de estos dos eventos-procesos por parte de las comunidades judías, sionistas, palestinas y sus aliados.
La Embajada de Israel en Uruguay realizó un acto el miércoles 6 en el World Trade Center (donde está ubicada), al que esta vez no asistieron ni el presidente Yamandú Orsi, ni la vicepresidenta, Carolina Cosse. Aunque si lo hizo el director de Asuntos Políticos de Cancillería, Martín Vidal, según informó Leonardo Sarro y confirmó la Revista con fuentes del ministerio. También concurrieron al evento dirigentes de la Coalición Republicana, como los nacionalistas Álvaro Delgado, Javier García y Rodrigo Goñi, los colorados Andrés Ojeda y Robert Silva, y el independiente Pablo Mieres. Allí se enfatizó el carácter “terrorista” de Hamás y la actitud “defensiva” de las operaciones militares.
El miércoles 7 se convocó por parte de la Nueva Federación Juvenil Sionista un acto en la Nueva Congregación Israelita, con apoyo de la Embajada de Israel, agencias de la Organización Sionista Mundial y el Comité Central Israelita del Uruguay. De esta actividad no participó la Casa de Cultura Mordejai Anilevich, asociada al sionismo progresista, que anunció una actividad virtual internacional para el mismo día.
En paralelo, el miércoles 7 también se realizó la presentación del libro “Contra el Antisemitismo y sus Instrumentalizaciones” de la Editorial Mentirosa, organizado por Judíos contra el genocidio, y el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanción a Israel (Uruguay). El libro contiene textos de múltiples autores, entre quienes están las autoras Judith Butler y Naomi Klein. Allí se reflexiona sobre los conceptos de judeofobia o judeo-odio en contraste con las de antisemitismo, y las implicancias políticas e históricas de cada perspectiva.
Por último el jueves 8 se realizó una multitudinaria movilización por parte de la Coordinadora por Palestina, con múltiples réplicas en diferentes puntos del país, bajo la consigna “Palestina libre o Barbarie, basta de genocidio”. Que conmemora los 3 años del inicio del asedio de Israel particularmente en Gaza. La actividad cuenta con el apoyo de la Embajada de Palestina en Uruguay.
Política israelí en Uruguay
Una fuente que integra la Organización Sionista del Uruguay comentó a Caras y Caretas que institucionalmente existe la presencia de dos partidos políticos israelíes en Uruguay, por un lado está Likud, del que el premier Netanyahu es su máximo referente, y por otro están “Los Demócratas” una fusión del Partido Laborista de Israel, y de la izquierda socialista de Meretz.
En Uruguay, Likud está asociado al movimiento juvenil Betar, de ideología sionista revisionista (derecha a ultraderecha), y cuenta en el dirigente uruguayo-israelí Gerardo Stuczynski con uno de sus referentes. En el caso de Meretz, el partido está vinculado a la Casa de Cultura Mordejai Anilevich, y al movimiento juvenil Hashomer Hatzair. El Partido Laborista se vincula al movimiento juvenil Habonim Dror, y a nivel internacional también está Avodá como institución cultural.
El movimiento internacional Mercaz, que representa a la corriente Masortí (conservadora) del judaísmo mundial, tiene su referencia en la Nueva Congregación Israelita. Pero no cuenta con un partido político equivalente.
Por otro lado existe la Hanoar Hatzioni, de perfil humanista-liberal, que se podría ubicar dentro del centro del espectro sionista. Según la fuente, podrían respaldar al candidato Eisenkot, aunque no lo pudo asegurar. No le consta que se identifiquen con un partido político concreto.
En Uruguay también hay presencia del judaísmo Mizrají, heredera de poblaciones de Oriente Próximo y el norte de África principalmente, que representa la corriente del sionismo religioso y en Uruguay está vinculada a movimientos como Bnei Akiva y Yavne. La fuente señaló que principalmente se vincularían con candidatos como el exprimer ministro Bennett (opositor de derecha al Likud), y otros con Netanyahu y sus aliados.
Las diferentes organizaciones nacionales mencionadas integran tanto a la Comunidad Judía Uruguaya (ex Comité Central Israelita), y por ende al Congreso Judío Mundial. Y también a la Organización Sionista Uruguaya, y la Mundial. Pero las corrientes ideológicas no necesariamente coinciden directamente con partidos que compiten actualmente en las elecciones israelíes. Por lo tanto, las referencias sirven para ubicar aproximadamente en el mapa a los actores mencionados.
A Uruguay también ha concurrido asiduamente Cassif, del Frente Democrático por la Paz y la Igualdad (con integración palestino-judía y de orientación marxista), quien mantiene vínculos con integrantes de la Coordinación por Palestina. Este partido y la coalición que integra con otros partidos izquierdistas árabes, mantiene vínculos con la Autoridad Nacional Palestina, que gobierna parte de Cisjordania.
[1] El politólogo probablemente se refiere a la Lista Árabe Unida (Ra’am), liderada por Mansour Abbas, quien ya ha integrado coalición de gobierno en décadas recientes. De estilo islámico conservador.
[2] Como el politólogo indicó previamente, los motivos principales del enfrentamiento de estos dos bloques con la oposición está la gestión del ataque de Hamas y las posteriores incursiones militares tanto en Gaza como en la región, la falta del servicio militar obligatorio para los religiosos ultraortodoxos y la colonización de Cisjordania.