Para conocer diferentes perspectivas internas y externas sobre las distintas corrientes que integran el movimiento sionista, así cómo evaluaciones del proceso de fundación y el desarrollo del Estado de Israel y de las posturas políticas a su interior Caras y Caretas se comunicó con: el presidente de la Organización Sionista del Uruguay (OSU), Martín Glass; el vocero de la Coordinación por Palestina, Christian Mirza; la integrante del Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (PEAPI), Florencia Iglesias, y con las integrantes de Judíos contra el Genocidio, Alma Cohn y Alicia Migdal.
El presidente de la OSU declinó acceder a una entrevista con Caras y Caretas debido a que su rol es voluntario y que a la institución que dirige, junto a otras ocho personas, lo hace fuera de su horario laboral. Aún así respondió a algunas consultas, por ejemplo, cuál fue la distribución de los delegados uruguayos al 39° Congreso Sionista Mundial desarrollado en octubre de 2025. En ese sentido aclaró que Uruguay “contó con seis asientos” de los 543 elegibles a través de elecciones voluntarias, y que quedaron distribuidos en dos delegados de posturas identificadas “como de derecha”, y otros dos “de centro” y dos más de “izquierda”.
Por otro lado, los representantes uruguayos del partido Meretz vinculados a la Casa de Cultura Mordejai Anilevich destacaron en un comunicado los logros alcanzados en el último congreso por el bloque progresista. Entre muchas otras, sobresale la prohibición de financiamiento directo o indirecto a asentamientos y colonos judíos en la Franja de Gaza (Palestina) por parte de la OSM y las instituciones nacionales. También señalaron el rechazo a la instalación por parte del gobierno israelí, del sonado asentamiento E1 del lado palestino, a las afueras de Jerusalén “que dañaría los valores democráticos de Israel” y “obstaculizaría la continuidad territorial necesaria en un futuro Estado palestino”.
Otra resolución que destacaron es que por primera vez “la corriente del judaísmo humanista secular”, que integran, recibirá presupuesto específico y se garantizará transparencia y “equidad presupuestal” en el apoyo que reciben las diferentes corrientes. Esto último se asocia a “la condena de los ataques al interior de las comunidades judías y sionistas”. Y al compromiso de proteger “el pluralismo y el diálogo respetuoso entre las líneas ideológicas y religiosas” del movimiento “prohibiendo los discursos de odio”.
Finalmente en esta reseña general se destacan varias resoluciones vinculadas al combate a la discriminación y al antisemitismo en la cultura, el arte y el deporte, a la vez que se promueve el trabajo en colaboración con gobiernos e instituciones educativas y civiles (como universidades, el comité olímpico internacional y la FIFA)[1].
Caras y Caretas trató de comunicarse con uno de los delegados al Congreso en representación del sionismo progresista pero desde la institución rechazaron realizar comentarios sobre la interna del movimiento, y se remitieron a las autoridades centrales.
Un poco de historia
El politólogo Christian Mirza, de ascendencia árabe-cristiana, sostiene que el Estado de Israel es “el último proyecto europeo de colonialismo por asentamiento” e implica “la exclusión de los palestinos y la limpieza étnica del territorio”. Para el vocero de la coordinadora uno de los mayores ejemplos es que “previo a la implantación del Estado” en 1948 “la banda terrorista Irgún[2]” desarrolló el plan Dalet. Que buscó “el desplazamiento de las poblaciones originarias de palestinos” a cualquier costo, para recibir a “los colonos que venían de Europa básicamente a la tierra prometida”. Entre marzo y mayo del 48 “lo que hicieron fue atacar aldeas, pueblos y ciudades de Palestina para generar el terror, el miedo y el autoexilio” del sitio donde esas familias estaban viviendo “hace décadas o centenas de años”, expresó.
Este plan “implicó masacres, asesinatos de la población civil”, en su mayor parte “indefensa porque había poca resistencia armada, y estaba mal organizada”, añadió. Los números de cuántos palestinos fueron asesinados “son impresionantes: se estiman 15 mil mujeres, niños y hombres y 800 mil expulsados”, manifestó. “Esto es lo que los palestinos denominan la Nakba, la catástrofe”, agregó. En ese sentido “se tiene que entender que las reacciones de un pueblo sojuzgado son de una variedad infinita”, van desde tirar piedras hasta poner un explosivo en un ómnibus, “y se explican en razón del sojuzgamiento por parte del régimen opresor”, analizó.
Sin embargo, aclaró que desde el lado del nacionalismo palestino “no hay un bloque homogéneo y unificado de resistencia”, y que las revueltas árabes de la década del 20 y del 30 “son expresiones populares de rebeldía hacia la ocupación británica y no frente al sionismo”. Las posturas van desde la base teológica del Islam, a movimientos laicos y otros marxistas. Mirza agregó que “incluso hubo proyectos de creación de un estado binacional no confesional en el cual convivieran musulmanes, judíos y cristianos” donde participaron líderes palestinos y judíos.
Del lado sionista “existió un proyecto socialista con base a los kibutzim [colonias cooperativas agrícolas] que finalmente no prosperó”, y actualmente “son una realidad absolutamente marginal desde el punto de vista de la economía y la sociedad israelí”, criticó. En la actualidad “la mayoría de la sociedad se ha volcado a la derecha y la ultraderecha”, más allá de que existen ciudadanos “que se niegan a poner el pellejo por ese proyecto”, planteó. “Prevalecieron las corrientes más duras del sionismo”, evaluó. Durante todo el siglo XX y el XXI “los asentamientos de colonos vienen en una creciente expansión, sobre todo en Cisjordania”, a diferencia de “los que fueron desmantelados en Gaza por Ariel Sharón” a principios de este siglo.
En relación al Congreso Sionista, “puede ser que en la actualidad algunas organizaciones poderosas” reflexionen que “la situación de los asentamientos y el genocidio en curso”, les está generando “un problema a nivel de la opinión mundial cada vez mayor”. Y por eso “tienen que ser muy cautos porque pueden perder base de respaldo no tanto económico, porque esa lo han tenido siempre, sino de legitimidad popular, social, política”, reflexionó en relación a las últimas resoluciones del congreso sionista.
[1] Si bien la Casa de Cultura no adhiere a la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés), y defiende la Declaración de Jerusalén para diferenciar las críticas políticas al Estado/gobierno de Israel, sí considera que en la actualidad se presencia un aumento del antisemitismo en Uruguay y en el mundo. Tanto la OSU como el Comité Central Israelita del Uruguay (que la Mordejai Anilevich integra) defienden la definición de la IHRA (adoptada por el Estado uruguayo en enero de 2020).
[2] Esta organización, vinculada al sionismo revisionista, es predecesora del partido Likud al que pertenece el premier Benjamín Netanyahu.