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Fratti, los trabajadores y la ira del agro

En 2024, solo el 15 % de los 347.000 vacunos vivos exportados corresponden a aquellos destinados a faena inmediata, lo que indica que la decisión no es tan drástica como podría parecer a primera vista.

La reciente decisión del ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Alfredo Fratti, de suspender momentáneamente la exportación de ganado en pie para faena inmediata ha generado reacciones encontradas en el sector ganadero, en particular en las gremiales.

Para muchos, la medida fue una sorpresa, especialmente considerando que Fratti proviene del campo y ha estado vinculado a este sector durante mucho tiempo. Sin embargo, esta decisión no debe analizarse de manera aislada, sino en el contexto de un debate más amplio sobre los intereses en juego y el enfoque que adopta un gobierno de izquierda frente a las dinámicas del mercado.

El sector cárnico uruguayo ha experimentado cambios significativos en los últimos años, incluyendo una concentración de mercados y un incremento en las exportaciones de ganado en pie, especialmente en 2025, donde los embarques de ganado para faena inmediata crecieron un 55 %, pasando de 15.000 a casi 23.000 cabezas. Este aumento ha suscitado preocupaciones sobre el impacto que estas prácticas, si no se regulan adecuadamente, pueden tener para los productores locales y pequeños ganaderos.

Durante el año pasado, Uruguay experimentó una notable exportación de ganado en pie, con un total de 347.000 vacunos que fueron enviados al exterior. Sin embargo, esta cifra, aunque significativa, no alcanzó el récord de 2018, cuando se exportaron 417.000 cabezas. Los 347.000 vacunos exportados en 2024 representaron el 15,4 % del total de los vacunos faenados en el país ese año, destacando la importancia de esta categoría dentro del sector cárnico. Además, esta cantidad equivale al 3,1 % del stock vacuno nacional, que se estima en 11.45 millones de animales. Estos datos reflejan una dinámica de mercado activa, aunque también subrayan la necesidad de un análisis profundo sobre las implicaciones económicas y sociales de las políticas que rigen la exportación de ganado en pie en Uruguay.

La medida de Fratti afecta exclusivamente a un segmento del mercado: el ganado en pie destinado a la faena inmediata. Esto significó que otras categorías, como terneros, ganado lechero y vacunos para uso reproductivo, siguen siendo exportables. En 2024, solo el 15 % de los 347.000 vacunos vivos exportados corresponden a aquellos destinados a faena inmediata, lo que indica que la decisión no es tan drástica como podría parecer a primera vista.

La reacción inmediata de las gremiales rurales fue de sorpresa y desacuerdo. Muchos productores expresaron que esta suspensión impacta negativamente sus libertades e ingresos. Argumentan que limitar las exportaciones perjudica, no solo a los ganaderos que dependen de este mercado, sino que también puede socavar la competitividad del sector en su conjunto.

No obstante, la decisión de Fratti puede interpretarse, no solo como una respuesta a apuros específicos del sector, sino también como un intento de equilibrar los intereses de los productores con la necesidad de mantener una industria cárnica eficiente y sostenible. Se mencionan problemas de empleo en la industria, con más de mil trabajadores en seguro de desempleo y varias plantas cerradas. Al bloquear la exportación de ganado en pie, el ministro busca facilitar a los frigoríficos el acceso a vacunos listos para faena, protegiendo potencialmente miles de empleos en el proceso.

Intereses en juego y el rol del gobierno de izquierda

Desde una perspectiva política, la decisión de suspender la exportación de ganado en pie se inscribe dentro de la lógica de un gobierno de izquierda que busca priorizar el bienestar colectivo sobre los intereses de ciertos grupos. En la narrativa del Gobierno, la reactivación del empleo y la protección de los pequeños productores son prioridades que deben ser defendidas ante la inercia del mercado y las lógicas de concentración.

Este enfoque puede ser visto como una injerencia necesaria en un sector que, en momentos de crisis, ha demostrado ser susceptible a la especulación y al monopolio. La situación actual del empleo y la necesidad de apoyo a los frigoríficos más pequeños justifican, en la visión del ministro, una medida que podría parecer contradictoria para quienes defienden la liberalización del comercio y el libre mercado. Pero en los hechos hay también una realidad de que el mecanismo ha sido bueno a lo largo de los últimos tiempos, más de 20 años.

La suspensión de la exportación de ganado en pie por parte del ministro Fratti deja entrever las complejidades del sistema agropecuario uruguayo y revela las tensiones inherentes entre distintos actores en el marco de una coyuntura compleja a nivel de los frigoríficos con problemas a nivel del empleo. Mientras algunos ven en esta decisión una restricción a la libertad de mercado, otros la entienden como una estrategia necesaria para salvaguardar empleos y apoyar a los productores más vulnerables.

En última instancia, la medida de Fratti representa una postura consciente de un gobierno que busca equilibrar los intereses económicos en un contexto de desigualdad y desafíos laborales. En el debate que emerge, queda claro que se requiere una reflexión más profunda sobre cómo estructurar un sistema que no solo apoye a los productores, sino que también considere el impacto de sus decisiones a futuro en la sostenibilidad de la industria cárnica uruguaya.

Sobre la exportación de ganado en pie en Uruguay

La historia de la exportación de ganado en pie en Uruguay se remonta a la década de 1990, cuando se autorizó oficialmente esta práctica como parte de un esfuerzo por abrir y diversificar los mercados. Desde entonces, el país ha visto un desarrollo significativo de su sector ganadero, que ha evolucionado hacia un modelo más transparente y libre, marcado por la ausencia de intervención estatal en los precios y en la regulación de stock. Este enfoque impulsó la competitividad y la búsqueda de eficiencia en el sector cárnico, permitiendo que los productores buscaran constantemente la mejora tecnológica y operativa haciendo contrapeso a las presiones de la industria.

No solo se autorizó la exportación de ganado en pie, sino que también se introdujeron mecanismos como la exportación de cueros frescos y la importación de carne para consumo. Estas decisiones contribuyeron a la creación de un entorno comercial flexible, donde la oferta y la demanda podían determinar libremente los precios y las condiciones del mercado. Entre 1995 y la actualidad, Uruguay ha visto un crecimiento notable en su rebaño nacional, pasando de un rodeo de 10.5 millones de vacunos a 12 millones, y de 3.5 millones de vacas a 4.5 millones.

Los números en principio reflejan una mejora en la capacidad de cría y en la producción cárnica del país como parte de un proceso más amplio hay que ubicarlo, porque no es unicausal. Por ejemplo, entre algunos datos a destacar, los nacimientos anuales de terneros se incrementaron de 2 millones a 3 millones, mientras que las faenas han aumentado ligeramente de 2 millones a 2.2 millones de animales. Sin embargo, el número de frigoríficos operativos ha permanecido constante: desde 1995, el sector cuenta con 36 plantas que faenan vacunos. La historia de la industria frigorífica ha sido de presiones a la concentración, con especial fuerza los últimos años. Durante estos últimos 30 años, el agro en Uruguay ha prosperado en un contexto de libertad, sin intervenciones significativas que pudieran entorpecer su desarrollo. Este entorno le ha permitido al sector cárnico alcanzar una estabilidad que ha beneficiado a los productores y ha consolidado su posición en el mercado internacional.

Sin embargo, la reciente intervención del ministro Fratti, parece ir en sentido contrario pero responde a la realidad de los puestos de trabajo y no de los productores. Para los productores apelar a teorías del pasado que condujeron a estancamientos productivos y al deterioro económico de los productores, suscita preocupaciones. Su decisión de restringir la exportación de ganado en pie entre las gremiales tradicionales agropecuarias se percibe como un retroceso que podría beneficiar a la industria a corto plazo a expensas de los criadores y del funcionamiento eficiente del mercado. Desde estas instituciones, que suelen golpear la puerta cuando necesitan la medida, parece alinearse más con una lógica de intervención que muchos consideran obsoleta y perjudicial para los intereses de los productores.

La realidad es que es más una señal con una situación compleja de los trabajadores que muestra una sensibilidad de izquierda necesaria. Es fundamental analizar cómo las políticas actuales pueden impactar el avance logrado en las últimas tres décadas y si realmente respondían a las necesidades de un sector que ha demostrado su capacidad de adaptarse y crecer en un entorno libre. Es cierto que el futuro del sector cárnico debería centrarse en sostenibilidad y eficiencia que han estado presentes en su evolución, pero requiere de una mirada integral de todos los actores, entre ellos los trabajadores.

El sector cárnico en Uruguay se caracteriza por un conjunto de contratos no escritos, donde las empresas deben navegar con cautela para no verse perjudicadas. Actualmente, existen más de 1.000 trabajadores en seguro de paro en el sector frigorífico, con más solicitudes que llegan a la cola. La medida adoptada por el Gobierno, a través del ministro Fratti, busca ofrecer una defensa temporal o transitoria a los trabajadores de la industria cárnica, lo que ha generado descontento entre los grandes capitales, los terratenientes del agro y las industrias que han estado utilizando el seguro de desempleo como una forma de compensar la reducción de jornales. Este malestar se ve reflejado a través de los consignatarios de ganado.

La venta de ganado en pie ha sido, hasta el momento, una estrategia positiva para el sector, ya que permite a los productores influir en el mecanismo de fijación de precios cuando carecen de otras alternativas. Sin embargo, el sector cárnico también enfrenta problemas de colusión, donde los frigoríficos, muchos de ellos nacionales, en acuerdo con capitales globales cada vez más poderosos, acuerdan fijar precios a la baja. En este contexto, la exportación de ganado en pie ha actuado como una válvula de escape, brindando a los productores una salida frente a las limitaciones impuestas por el mercado interno.

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