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Inteligencia de la Armada realiza espionaje con tecnología israelí.

Un material enviado a Caras & Caretas denuncia actividades de Inteligencia en la Armada y el seguimiento tras los oficiales que denunciaron casos de corrupción.

Con Oficiales navales de la Armada se realizó el encuentro y la entrega de artículo que se refiere a un evento de Espionaje en Democracia, del que el Ministerio de Defensa ya está en conocimiento y se supone se encuentra investigando. Inteligencia naval está a la caza de quienes pasan la información y habrían a Búsqueda que revele la identidad del "Almirante Canaris".

Tecnología israelí

El documento entregado realiza una seria de denuncias de actividades de Inteligencia y Contra Inteligencia sobre grupos políticos, pero también en la interna de la Armada, buscando los oficiales que denunciaron casos de corrupción.

El documento viene titulado "Los oídos de Leviatán" y lo publicamos sin editar, destacando aquellos pasajes que por su gravedad deben evidenciarse para la población y las autoridades.

Los oídos del Leviatán

"En los corredores de la Armada, donde el salitre se mezcla con el aire viciado de las intrigas, se gesta una nueva historia de sombras, una trama que huele a rancio y a pólvora mojada. Dicen, los que saben sin decir, que la guerra por el sillón del Comandante en Jefe ha desatado una pestilencia que remite a los tiempos en que la hoguera era ley y el garrote, justicia.

En un giro increíble pero previsible, la guerra por la sucesión del Comandante en Jefe de la Armada tomó un ribete ilegal sorprendente. Recordando viejas prácticas de barbarie medieval, los Contralmirantes del Cuerpo General habrían accedido a un software israelí de escucha policial de telefonía y mensajería electrónica. Un software que husmea en las palabras dichas y las letras escritas, un vampiro digital que chupa el alma de los teléfonos y los mensajes.

El propósito: aplicarlo en forma sistemática contra Oficiales Superiores, Jefes y Almirantes, en actividad y retiro, con la finalidad de espiar comentarios o “supuestos” complots en contra de ellos, además de tratar de descubrir a los posibles disidentes que desde dentro de la Armada hacen llegar por distintos canales las denuncias sobre irregularidades, abusos y corruptelas, que luego se hacen públicas. Quieren cazar, con este nuevo “arte de la brujería”, a los que respiran distinto, a los que piensan de más. Y por supuesto, descubrir a esos valientes, o locos, que desde las entrañas del monstruo denuncian las vergüenzas que luego el viento lleva a la calle.

En esta misma línea fue que autoridades de la Armada habrían mandado analizar el video emitido en el programa “Sin piedad” que emite VTV, que es conducido por los periodistas Eduardo Preve y Diego González, a efectos de sacarle los filtros y conocer quién es el Oficial de alta jerarquía que presta testimonio. Quieren arrancarle los velos, para saber quién es ese marino que se atreve a hablar, a ser voz entre el silencio.

El murmullo llegó a los oídos del Ministerio de Defensa, cuyas autoridades se encuentran investigando el ilegítimo uso de este software. Y dicen las fuentes, esas que hablan en voz baja pero con el corazón en la mano, que la Ministra anda desvelada y preocupada. No tiene certeza si el látigo de la disciplina será suficiente para limpiar tanta inmundicia. Se desconoce por el momento si se tomará alguna acción de carácter disciplinario.

Distintos Oficiales Navales sospechan que desde largo tiempo se utilizan los sistemas de escuchas de la División de Investigaciones de la Prefectura Nacional Naval (DIVIN) y la División Inteligencia del Estado Mayor (N2) para el espionaje interno y realizar escuchas ilegales.

Por citar un ejemplo: cuenta la historia, casi leyenda, de un capitán que se atrevió a denunciar algunos de los fantasmas de la corrupción. Dicen los juglares que le entraron al correo personal, le hackearon el alma digital, le borraron pruebas, le arrancaron pedazos de verdad, borrándole archivos y datos.

Pero ahora existirían dos bandos enfrentados, cada uno con su propio sistema de escuchas ilegales.

Uno sería el grupo bautizado por la interna de los Oficiales de la Armada como “Los Teletubbies”, que estaría siendo dirigido por un individuo que cobra como contralmirante, un portagalones que se auto percibe bravucón.

El jueves 19 de junio pasado se reunieron en el Comando de la Flota a efectos de establecer acciones concretas. Este grupo habría obtenido un software clon del “Pegasus”. Desarrollado por una empresa israelí, habría sido cedido al Ministerio del Interior cuando el ministro era Nicolás Martinelli y que habría venido como obsequio cuando se adquirió un importante lote de armamento de ese origen. El contacto con algún policía infiel habría sido hecho por otro portagalones encargado de los datos de inteligencia estratégica.

Claramente estaríamos frente a otro caso de espionaje en democracia, pero ya nada puede sorprendernos de una Armada que pierde una embarcación al enfrentarse con tres lanchas sin almas a bordo, camino al chatarrero marítimo. Y después mienten ante el Parlamento y la prensa.

Lo del espionaje en democracia no es nuevo: todavía hay testigos que recuerdan -y estarían dispuestos a declarar- cuando partidos de la coalición en el poder utilizaban los recursos del Estado para espiar al Frente Amplio. “Nihil novum sub sole” dijera el Rey Salomón.

Y así, entre susurros y miradas furtivas, la Armada, esa institución que debería ser faro, se hunde en la ciénaga de la desconfianza, tejiendo una tela de araña donde nadie sabe quién es el cazador y quién la presa. Y el mar, ese gran testigo, observa en silencio, mientras los oídos del Leviatán se multiplican en la oscuridad.

Vale recordar la historia naval para visualizar una luz al final del túnel: la batalla de las Arginusas, ocurrida en el 406 AC. Allí, los almirantes cometieron la misma traición que ahora: abandonaron a sus subalternos a su suerte, huyendo para salvarse de la furia de los dioses. Seis de los ocho felones llegaron a Atenas, donde fueron apresados, juzgados, condenados a muerte y ejecutados. Los seis almirantes tuvieron el vergonzoso fin que ineludiblemente le corresponde a quienes anteponen sus intereses al bien común; a quienes sacrifican la vida y los sueños de aquellos jóvenes marinos que con vocación y abnegación sólo desean servir a sus conciudadanos. Aunque aun tienen una chance de zafar de sus varaduras; como les habría espetado el ex comandante A. el pasado 2 de julio: “ustedes no son almirantes, apenas son capitanes de navío mejorados”. Recibirán el trato que merecen los capitanes incorrectos."

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