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La inexperiencia policial al servicio de los inadaptados

Partidos a puertas cerradas, clubes sancionados por disturbios y evitables agresiones a jugadores se repiten en el decadente fútbol uruguayo que cuando brota de violencia solo mira a la tribuna para señalar responsables.

Los episodios de violencia que suceden en los estadios y canchas del fútbol uruguayoson un reflejo de lo que pasa en la sociedad”, es la frase preferida por las autoridades de turno para evitar hacer un análisis profundo que permita delinear soluciones de fondo para un problema que desde hace décadas tiene sus propias características.

El problema del fútbol uruguayo

El caso uruguayo poco tiene que ver con la experiencia del fútbol inglés con los hooligans, no obstante, diferentes administraciones del Ministerio del Interior han intentado llenar el ojo recibiendo a delegaciones británicas para que los expertos europeos les expliquen a los locales qué medidas fueron efectivas para frenar la violencia ejercida por grupos de hinchas alcoholizados que, antes y después de los partidos, se peleaban a piñas en las calles, los bares y los estadios del fútbol inglés.

El fenómeno uruguayo tiene más que ver con las barras bravas argentinas de la década de los 90’ y principios de este siglo, cuando el principal elemento era la fiesta en la tribuna y la violencia en las calles con peleas entre barras y facciones que causaron muchas muertes.

Del otro lado del Río de la Plata evolucionaron hacia una necesaria pacificación, instrumental para proteger los beneficios adquiridos, limitándose a enfrentamientos internos por los negocios, a partir de fuertes nexos con los clubes y vínculos con organizaciones sindicales y políticas, y la propia Policía, que a lo hora de brindar seguridad en los estadios mantiene una coordinación con organismos específicos de control como la Dirección Nacional de Seguridad en Eventos Deportivos dependiente del Ministerio de Seguridad de la Nación que diseña las políticas de prevención y coordina los operativos a nivel nacional; el Comité de Seguridad en el Fútbol, que nuclea órganos específicos de jurisdicción nacional y local encargados de planificar la estrategias para el orden público en evento masivos; el programa Tribuna Segura, para el control de admisión y fiscalización de identidad mediante dispositivos móviles en los accesos a los estadios; y la Agencia de Prevención de Violencia en el Deporte (A.Pre.Vi.De.), organismo específico de la Provincia de Buenos Aires que diagrama los operativos.

En Uruguay, donde solo hay dos barras grandes, Barra Ámsterdam (Peñarol) y La Banda del Parque (Nacional), con estructuras semi organizadas, con una difusa relación con la dirigencia de los clubes, con subgrupos anárquicos dentro de las hinchadas, un creciente vínculo con organizaciones criminales que operan en Montevideo -que complica aun más el feeling con las fuerzas policiales que participan en los operativos de seguridad-, las medidas aplicadas para frenar la violencia en el fútbol han sido poco efectivas.

La lista negra de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) no resolvió el vínculo entre los clubes y las barras, ni minimizó la violencia, tampoco la seguridad privada ha resuelto los problemas que suceden en la tribuna y la Policía no se capacitó adecuadamente en todo este tiempo para tener una división especializada en eventos deportivos que produzcan inteligencia preventiva.

Negro reconoció que se necesita una Policía especializada para prevenir

En hora buena, el ministro del Interior, Carlos Negro, anunció la semana pasada que la cartera de seguridad pública pretende crear una guardia especializada para espectáculos deportivos que pueda estar dentro de las tribunas, sustituyendo a la seguridad privada (que prevé un nuevo conflicto) que actualmente brinda ese servicio en el interior de los estadios y que, según Negro, “es insuficiente y no generan la sensación de autoridad que genera un uniforme”. Esta guardia será financiada por los clubes y la AUF, dijo el jerarca.

"A ello hay que sumarle también un compromiso fuerte de la AUF de incrementar la tecnología para la detección de las personas que están impedidas de ingresar", manifestó el ministro en referencia a las obsoletas cámaras de identificación facial.

La falencia preventiva de la Policía uruguaya quedó en evidencia en varias ocasiones en los últimos años. La última de ella el pasado 1° de setiembre en el Estadio Charrúa, al final del partido por Copa Uruguay entre Montevideo City Torque y Danubio, cuando un grupo de hinchas encapuchados del franjeado traspasó el débil perímetro del estadio e ingresó a la cancha para increpar y agredir a sus propios jugadores, desatando una lamentable pelea en el campo de juego entre futbolistas e hinchas de Danubio, un policía y se debió suspender el partido.

Igual de malo fue el operativo policial que no pudo evitar el bochornoso final entre Rentistas y Cerrito el pasado 18 de julio en el Complejo Rentistas, con una trifulca generalizada entre las hinchadas, futbolistas y efectivos de la Guardia Republicana.

Por otra parte, la falta de inteligencia policial y capacidad preventiva de los operativos de seguridad en los partidos de fútbol queda también expuesta cuando se desarrollan partidos amistosos en el verano, omitiendo el Ministerio del Interior que en algunas hinchadas hay cruentas internas como una batalla entre facciones de Independiente en enero de 2025, en otras hay hinchadas amistades -tiroteo en el Parque Central entre barras de Millonarios (Peñarol) y de Nacional el último verano y que cuando se cruzan dos barras grandes de Sudamérica no existen los amistosos, tal como sucedió en enero en el Parque Rodó entre Colo-Colo y Huracán.

Una arbitrariedad que genera suspicacias y la falta de un criterio uniforme

Negro manifestó esta semana que “la Policía no preestablece si va a ingresar o no, ingresa en la medida que las circunstancias lo ameriten y en la medida que sea necesario”, lo que demuestra una clara actitud reactiva, pero muchas veces tardía como en el caso del Charrúa, en detrimento de la prevención de un hecho evitable -con un poco de inteligencia previa- sobre un puñado de hinchas en un partido con menos de 500 personas.

El día anterior (30/8/2026), el clásico entre Peñarol y Nacional en el estadio Campeón del Siglo transcurrió con total normalidad hasta que, en los minutos finales del encuentro, una docena de Policías ingresó a la tribuna Cataldi “sin ningún anuncio previo", según afirmó el propio ministro.

El objetivo era ingresar a una zona de la tribuna, al lado de la Henderson, en la que la Policía detectó que había un cubículo donde un grupo de hinchas de Peñarol estaba retirando elementos. Un primer grupo de efectivos no pudo lograr su cometido ya que fueron increpados por hinchas de Peñarol, por lo que se tuvieron que replegar en la tribuna contigua. Allí cayeron los primeros proyectiles desde la tribuna Cataldi, lo que provocó una feroz represión de la Guardia Republicana y un enfrentamiento con un centenar de hinchas que quedó registrado en las cámaras del ministerio, que luego publicó un video editado de los incidentes para justificar su intervención.

Intervención que para muchos de los presentes en el estadio fue causa y no consecuencia de la conducta violenta de hinchas de Peñarol, que es tan cuestionable como la destrucción de su propio estadio, así como el sentido de oportunidad del ingreso de la Policía a fiscalizar una pieza que estaba hace muchos meses y la Policía no observó, la desproporcionada represión contra algunos hinchas, la intimidación con armas de fuego y policías haciendo gestos soeces desde los blindados.

Con este episodio y las últimas expresiones del ministro del Interior queda meridianamente claro que los operativos son más reactivos que preventivos, así como la arbitrariedad en la ejecución de los operativos policiales alimentan la comprensible suspicacia de algunas hinchadas como la de Peñarol, más allá de que la falta de un criterio uniformado en el proceder policial paree ser la principal patología.

Esa falta de criterio, sumada a cierta improvisación y una nula prevención quedó cabalmente documentada cuando este año Peñarol recibió a Corinthians por la Copa Libertadores, y el Ministerio del Interior decidió a último momento cambiar el orden de la salida de las hinchadas, provocando lamentables incidentes en los perímetros del Campeón del Siglo, con varios heridos. Lo tragicómico de ese cambio repentino en el operativo de seguridad es que cuando salieron los hinchas de Peñarol, se terminaron cruzando con todos los ómnibus de los hinchas de Corinthians en la ruta 102 y claramente si no pasó nada fue por la buena onda entre las hinchadas y no por la prevención policial.

Si como dice Negro, la Policía ingresa a las tribunas en la medida que “las circunstancias lo ameriten”, entonces ¿por qué no entraron a la tribuna Colombes durante el clásico por la final del Intermedio de 2025 cuando hinchas de Nacional lanzaron una bengala náutica hacia la América que hirió gravemente a un policía de 47 años que debió ser operado de urgencia y le extirparon un testículo?

Imputado por bengala pasará a cumplir prisión domiciliaria.

La falta de expertise policial en detrimento del espectáculo

El lanzamiento de este tipo de bengalas ya había sido detectado en anteriores clásicos en el Estadio Centenario, como en el de la Supercopa de 2025, pero la Policía falló en la prevención y no pudo evitar el ingreso de estos elementos, un problema que venía de antes. Porque tampoco actuaron agentes policiales en la Abdón Porte, cuando bengalas y bombardas arrojadas desde la tribuna donde se ubica la hinchada de Nacional impactaron en futbolistas tricolores, en pleno partido jugado en el Parque Central, disputado solo con el público local.

Vale recordar que, debido a las graves fallas en los operativos policiales en los partidos denominados de alto riesgo, Negro destituyó al director de Seguridad en el Deporte, comisario mayor Álvaro García, tras los graves incidentes ocurridos en abril de 2025 durante el partido entre Peñarol y Cerro en el Campeón del Siglo, que tuvieron como origen una fallida custodia policial a los vehículos que llegaban desde el Cerro y se cruzaron en ruta 102 con la hinchada de Peñarol, lo que a la postre generó una violenta respuesta de los villeros desde la tribuna y el partido fue suspendido.

García fue señalado por la familia de Juan Ignacio Suárez Gularte, el hincha de Peñarol que murió tras un violento procedimiento policial en un portón de la Cataldi, puesto que nunca elaboró un informe sobre lo ocurrido aquella tarde en la que "Nacho" fue violentado hasta la muerte por dos efectivos de la Guardia Republicana (el primer homicidio de un hincha del fútbol uruguayo en un estadio de fútbol), en la previa de un partido de mínimo riesgo disputado el 13 de mayo de 2023 contra Wanderers, cuya investigación fue congelada por el fiscal de Flagrancia Leonardo Morales, la Policía tampoco hizo una investigación interna y ocultó pruebas clave.

Nacho Suárez jaloneado y traccionado sobre su herida, después de haber sido golpeado y sometido.

La interna entre la cúpula del Ministerio del Interior y el sindicato de la Guardia Republicana tiene como punto más caliente los operativos en los partidos de fútbol. En efecto, el último operativo dirigido por el jefe de Policía de Montevideo, Alfredo Clavijo, fue duramente criticado por la Unión de Policías de la Guardia Republicana (UNIPOLGR) puesto que expuso a hinchas y policías por igual.

A raíz de lo ocurrido en el Charrúa, días atrás la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales reclamó una serie de medidas concretas para combatir la violencia en el fútbol uruguayo, entre ellas “la actualización de las cámaras de seguridad y una mayor presencia policial”, aunque ha quedado claro que el principal inconveniente de los operativos policiales no es cuantitativo sino cualitativo.

Mientras tanto, la AUF sigue recaudando con cada hecho de violencia en el fútbol -que la Policía no puede evitar a pesar de los costosos operativos- aplicando el principio de responsabilidad objetiva de los clubes por la mala conducta de sus hinchas, con sanciones económicas, a lo que suma en algunos casos la injusta sanción deportiva (quita de puntos), partidos a puertas cerradas, medidas que hacen cada vez más pobre y menos atractivo el fútbol uruguayo, mientras solo sigamos mirando a la tribuna cuando suceden hechos de violencia.

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