Por Alexandra Perrone
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El Grupo de Comprensión y Prevención de conducta suicida en Uruguay es un espacio interdisciplinario de la Udelar que viene trabajando desde hace una década en la problemática del suicidio y la conducta suicida.
El equipo es multidisciplinario e intersectorial y está integrado por investigadores de las facultades de Medicina, Ciencias Sociales, Psicología, Humanidades y Ciencias de la Educación e Información y Comunicación de la Universidad de la República, junto a la Dirección de Salud Mental y Poblaciones Vulnerables de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), y cuenta además con la colaboración de una amplia red de instituciones, como el Área Programática de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública (MSP) y la Dirección de Derechos Humanos de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), entre otros.
Caras y Caretas conversó con la Dra. Alicia Canetti, docente e investigadora, exresponsable de la Unidad de Salud Mental-Clínica Psiquiátrica, de la Facultad de Medicina, responsable del Centro Interdisciplinario de Infancia y Pobreza, e integrante del Grupo de Comprensión y Prevención de conducta suicida en Uruguay.
Canetti explicó que el primero de los proyectos, denominado Conducta suicida en tiempos de covid-19. Aporte integral para la información y prevención, tiene como objetivo reducir los factores de riesgo y favorecer la detección precoz de la conducta suicida a través de la sensibilización de nuevos actores sociales, culturales y sanitarios, la creación y difusión de nuevos sistemas de prevención y la capacitación de los denominados gatekeepers, personas pertenecientes a grupos de población organizada que puedan contar con información actualizada de la temática.
El proyecto, que debe aplicarse de aquí a fin a año, contará con actores como ONG de familiares, el equipo de salud mental de ASSE, la Red de psicólogos del litoral, los municipios, la participación en talleres de integrantes del Instituto de Investigación Agropecuaria (INIA) y estudiantes del cuarto año de la Licenciatura de Educación Física de la Udelar, que abarca los departamentos de Maldonado, Montevideo y Paysandú.
“La idea es trabajar en distintos ámbitos de la sociedad con recursos que nosotros llamamos gatekeepers, que van desde la propia población organizada hasta los recursos de salud y los educativos.
Son los grupos que tienen contacto con población vulnerable. Por ejemplo, estamos incorporando un trabajo con el INIA, ya que ellos tienen acceso a la población del área rural. También trabajamos con familiares, que llamamos ‘supervivientes’ de conductas suicidas; son organizaciones que tienen mucha disponibilidad para trabajar.
Vamos a incorporar también a un actor clave, que es el sector de Educación Física de la Udelar, que trabaja en diferentes ámbitos y con personas de distintas instituciones que van desde la Infancia hasta la tercera edad.
Queremos reforzar los sectores con los que veníamos trabajando y alcanzar otros sectores que consideramos claves, sectores de la sociedad que están en contacto con población vulnerable y tienen la capacidad de poder actuar como agentes de promoción y de prevención”, detalló.
Otro eje fundamental del proyecto es la creación de una guía de prevención de conducta suicida que cuente con información actualizada que sirva de insumo para el trabajo de campo de los diferentes gatekeepers.
“Se ha insistido mucho en cómo se habla del tema suicidio. Existe por un lado la necesidad de hablar de suicidio y, por otro, ahora está la pandemia. Se sabe que la mala comunicación contribuye a reforzar las conductas suicidas. Entonces, lo que nos interesa es poner a disposición información actualizada y útil que pueda servir para actuar como agente de prevención”, apuntó.
“En 2013 hicimos una guía dirigida a los sectores salud y educación que recogía datos de ese momento y daba herramientas para trabajar en cada uno de esos sectores en la prevención de la conducta suicida. La idea es actualizar y ampliar esa herramienta y actualizarla en el marco de esta pandemia, en el durante y en la pospandemia.
Esta sería la herramienta clave de esta propuesta, un material confiable que pueda llegar a todos esos grupos que mencionamos”, explicó.
El segundo proyecto aprobado, también para ser ejecutado de aquí a fin de año, se denomina Viralizando la prevención. Análisis y capacidades de respuesta de la prevención del suicidio y la línea Vida en covid-19.
Canetti detalló que esta iniciativa está muy centrada en difundir herramientas concretas ya existentes en el país, como la línea Vida de ASSE, que, a través del 0800 0767, brinda un servicio de atención que tiene el objetivo de contribuir a disminuir los intentos de autoeliminación y los suicidios a nivel país. El otro objetivo del proyecto es la unificación de datos de distintos actores del Estado.
“Lo que este segundo proyecto pretende es ver en qué zonas del país se ha detectado el incremento de las llamadas a esa línea, el incremento en los intentos de suicidios y en los suicidios. La idea es poder geolocalizar estos incrementos y poder trabajar a nivel regional en aquellas zonas del país en donde los datos nos muestren que han sido más afectadas; tener claro qué departamentos han tenido más problemas.
Es importante incrementar la difusión de la existencia de la línea Vida para que la gente pueda hacer uso de ella cuando lo necesite.
Uno de los fuertes de nuestro grupo de trabajo es que ha ido tratando de centralizar datos que proceden de fuentes de información distinta y que no están unificados en el país. Es más, tenemos una propuesta de caminar hacia una especie de observatorio de la conducta suicida, que permita hacer converger esas distintas fuentes.
Nosotros trabajamos con datos del Ministerio del Interior, datos de estadísticas vitales del Ministerio de Salud Pública, del Instituto Técnico Forense y algunos datos proporcionados por el Mides. Este esfuerzo de intentar vincular la línea Vida con algunas fuentes de información de ASSE sobre, por ejemplo, los intentos de autoeliminación en las emergencias, no estaba hecho”, comentó.
Cuidar al personal de salud
Desde que se declaró la emergencia sanitaria en Uruguay, el pasado 13 de marzo, se han registrado más de 250 casos de covid-19 en el personal de la salud.
Desde el Colegio Médico, a través de su Programa de Bienestar Profesional, se viene trabajando en cómo ayudar al equipo de salud en el manejo del estrés durante la pandemia por covid-19.
Caras y Caretas consultó a Juan Dapueto, doctor en Medicina y ciencias médicas, psiquiatra, profesor de Psicología Médica de la Facultad de Medicina de la Udelar y coordinador del Programa de Bienestar Profesional del Colegio Médico.
Dapueto explicó que el programa se implementó a comienzos de 2018 con el objetivo de brindar atención en salud mental a todos los médicos colegiados, que son todos los médicos del país.
“Inicialmente el programa estaba destinado a atender a médicos con problemas de adicciones, con trastornos del humor severos, trastornos del estado de ánimo y depresión severa con riesgo de suicidio. Pero con el tiempo comenzaron a aparecer otras demandas relacionados con problemas psicosociales, o sea, problemas de la vida diaria que pueden generar malestar psicológico, pero no son una enfermedad mental. Por ejemplo, problemas de comportamiento, como dificultades en los vínculos, con el trabajo en equipo, muchos de ellos relacionados con problemas de personalidad. Nosotros hemos ido adaptando el programa a las diferentes demandas”, explicó.
Dapueto aclaró que el programa no es un prestador de atención y remarcó que no pretende competir con ninguno de los prestadores que integran el Sistema Nacional Integrado de Salud. El experto dijo que el objetivo del programa es favorecer en todo lo posible la consulta y optimizar la atención a los médicos.
“El tema es que los médicos somos pacientes bastante malos, como es de público conocimiento, no consultamos, tenemos miedo al estigma y a la discriminación, sobre todo cuando la consulta es sobre un tema de salud mental. Hacemos consultas de pasillo, nos automedicamos, hacemos todo lo que no debemos hacer. Para colmo, los médicos nos atendemos en el mismo lugar en que trabajamos, entonces, tratar de mantener la reserva, la confidencialidad, es muy difícil. Porque uno no quiere estar en la sala de espera de un psiquiatra y cruzarse por ejemplo con personal de enfermería, con pacientes o familiares de pacientes”, aclaró.
“Entonces, lo que han hecho varios colegios médicos del mundo al ofrecer este tipo de programas es ayudar a que el profesional consulte. Se lo trata de vincular de la manera más rápida y con la mayor confidencialidad posible con algún psiquiatra o psicólogo, o al servicio asistencial de su prestador. A través de una respuesta rápida, los médicos se conectan a un 0800, o a un correo electrónico, o por vía WhatsApp. Dejan un teléfono, y en el correr de las siguientes 24 horas se les contacta, y en la misma semana ya se les asigna una consulta”, detalló.
Dapueto señaló que los médicos son más propensos al suicidio que la población general y agregó que en el caso de los hombres, el riesgo es 1,5 veces mayor, y en el caso de las mujeres médicas, es de 3 a 5 veces superior al de las mujeres de la población general.
Estrés laboral por covid-19
Dapueto cuenta que desde la inauguración del programa, en marzo del 2018, la respuesta de los profesionales fue muy positiva. Pero, con la llegada de la covid-19, el programa tuvo que adaptarse y adelantarse a las posibles situaciones que podría desencadenar la pandemia a nivel de la salud mental del personal de salud.
“Veníamos en una fase de consolidación del programa, acabábamos de incorporar a una trabajadora social, veníamos muy bien con un montón de proyectos. Pero al comenzar la emergencia sanitaria, nos pusimos en contacto con los colegas de España, cabe aclarar que nuestro programa está inspirado en el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo, que surgió en Barcelona en el año 1998, y que se extendió después a todos los colegios médicos de España.
En España, en ese momento estaban totalmente desbordados y realmente con poca preocupación por el estado mental de los equipos, estaban tratando de sobrevivir.
Ahí lo que hicimos fue recordarles a los colegas que tenían el 0800 para llamar, y habilitamos las teleconsultas, tratando de darlas el mismo día que fueran solicitadas.
Al comienzo de la pandemia tuvimos consultas por discriminación que algunos sufrían, lo que les afectaba su estado emocional. También recibimos consultas porque había aumentado el consumo de benzodiazepinas o porque tenían insomnio.
Otro servicio que implementamos, que todavía está vigente, es el de formar grupos de autoayuda para los que cursan la enfermedad, porque sabíamos de casos en España en los que se destacaba la soledad del personal de salud al hacer cuarentena, mezclado con el sentimiento de culpa por ser fuentes de contagio y, a su vez, el miedo de contagiar a sus familiares”, relató.
El experto agregó que si bien existe una incertidumbre sobre cuánto tiempo va a durar la pandemia, es positivo hablar de lo que cada uno vivió durante la primera etapa, ya que si no se trata, podría dejar secuelas de estrés postraumático.
“Hay síntomas que dejó la primera etapa del confinamiento que se siguen manifestando, como seguir teniendo problemas para dormir, haber perdido el interés por las cosas que antes nos interesaban, sentir que nuestra vida no va a ser la misma de aquí en más, tener una actitud desapegada con la vida y tener una sensación de extrañeza con lo que vemos. Todos son choques con la realidad que tenemos que ir viendo cómo la vamos llevando”, agregó.
Debido al aumento de brotes ocurridos en los últimos días en diferentes centros de salud del país, el programa realizó un nuevo llamado para unirse a un grupo de apoyo emocional para médicos que transitan la enfermedad. Sin embargo, el experto señaló que hasta el momento la respuesta ha sido escasa y que la mayoría de las consultas recibidas no están relacionadas con la covid-19.
Dapueto instó a que aquellos profesionales médicos que estén cursando la enfermedad y que se encuentren en cuarentena, se comuniquen con el Programa de Bienestar, para recibir la ayuda que necesiten y para contar su experiencia, cómo lo vivieron, y de esa manera contribuir a generar nuevas herramientas que puedan ser aplicadas en el futuro.
Salud mental de los uruguayos durante el aislamiento
Investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República (Udelar) llevan adelante un proyecto para conocer los efectos en la salud mental de los uruguayos durante la cuarentena y el distanciamiento físico generados por la pandemia de covid-19.
El grupo está integrado por los docentes Hugo Selma, Gabriela Fernández, Vicente Chirullo Valentina Paz, Federico Montero y Paul Ruiz. Ruiz, doctor en Psicología, contó a Caras y Caretas que mediante un formulario online, consultaron a uruguayos mayores de 18 años sobre diferentes variables vinculadas con la salud mental, como ansiedad, depresión, desesperanza, consumo de sustancias y rasgos de personalidad.
La primera etapa fue completada por 1.060 personas a las que, luego de determinado período de tiempo, se les envían nuevas preguntas para que puedan completar y así ver el seguimiento en el tiempo de la sintomatología. Los resultados encontrados por los investigadores indican que el 38% manifestó depresión, y de ese porcentaje, un 7% manifestó síntomas de depresión grave.
Ruiz señaló que estos números son importantes porque son superiores a la prevalencia que se maneja en la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es de 4%. “Respecto a la desesperanza, encontramos que alrededor del 12% de la población tenía riesgo de suicidio, y de ese porcentaje, el 2,5% mostraba un riesgo alto de suicidio. También un 14% de los encuestados manifestaron tener pensamientos de suicidio, pero que no lo llevarían a cabo. En lo que tiene que ver con el consumo de sustancias, cerca del 20% de la población aumentó volumen y frecuencia en el consumo. A su vez, los consumidores estaban caracterizados por manifestar más síntomas de ansiedad, de depresión y de desesperanza que aquellas personas que no aumentaban el volumen del consumo.
Otro aspecto interesante que estamos viendo en el análisis de los primeros seguimientos es que mucha de esta sintomatología al principio estaba correlacionada con la cantidad de días de aislamiento y, con el paso del tiempo, vemos que a medida que el contexto va cambiando y las medidas van cambiando; la ansiedad, la depresión, la desesperanza están tendiendo a disminuir”, detalló. “Lo más relevante respecto a los resultados es la implicancia que tienen para la salud pública y sobre todo para el sistema de salud, vinculado a la salud mental, dado que estos aumentos de la sintomatología pueden generar consecuencias posteriores a la pandemia en varios sentidos, por ejemplo, en que se mantengan síntomas de ansiedad, de depresión, de intentos de suicidio y de consumo de sustancias.