No se trata de la primera vez que se pone sobre la mesa la necesidad de reducir el tiempo destinado a la jornada laboral. Desde los inicios del siglo XX se ha discutido sobre la iniciativa. En aquel entonces, la movilización obrera alcanzó importantes limitaciones a las jornadas de trabajo, como fue la histórica conquista de la ley de 8 horas. Más recientemente, y luego de haber trascurrido casi 100 años, sectores históricamente relegados, como los rurales y trabajadoras domésticas lograron reducir sus jornadas mediante leyes que se votaron durante los gobiernos del Frente Amplio.
Actualmente, diferentes países del mundo desarrollado no solo discuten sobre la pertinencia de la reducción de la jornada laboral, sino que además la vienen implementado. A nivel mundial, desde áreas académicas se han aportado evidencias acerca de lo contraproducente que pueden ser para la salud física y mental, las jornadas extensas de trabajo, impactando además en la productividad del trabajo y en la seguridad laboral.