Me vienen a la cabeza las palabras del psicoanalista Marcelo Viñar: “Hoy tenemos claro (casi como una verdad de Perogrullo) que el mundo cambia de manera más acelerada que antaño” y con él cambia la producción de subjetividades. Por tanto, también se han modificado los criterios y los procedimientos para entender e interpretar la realidad. Hasta no hace mucho, creíamos que era necesario delimitar, “separar para comprender” el objeto de estudio. Hoy, en cambio, prevalece la mirada multicausal y “los paradigmas de la complejidad que empujan a privilegiar la interdisciplina y la transdisciplina en los procedimientos para explorar el mundo humano”.
Por eso, en educación estamos ensayando nuevos modos de ofrecer el saber e intentando problematizar sobre los modos de habitar el aula. Las duplas y tríos de docentes de distintas asignaturas son un modo que venimos implementando desde el año 2016.
Hoy, más que nunca, es necesario desestructurar, romper con el protagonismo de los profes, compartir con el otro, sobre todo, en algunos espacios de aula en que uno -como dice Lorena- muchas veces está al límite, con grupos complejos de jóvenes en los que, además de compartir el saber, hay que desarrollar y corregir actitudes. En esos momentos cotidianos es bueno saber que uno está con el otro respaldado, cuidado por el otro. Pero hay algo bien interesante que Lorena plantea. Además de trabajar la interdisciplina y el abordaje del saber desde el lugar de la complejidad (Com-plexus decía Morin, atendiendo el origen de la palabra, ‘lo que está tejido bien junto’), es importante incorporar ese gesto en el aula entre docentes: compartir. Los vínculos sanos se aprenden, así es que nos cuenta cómo muchas veces observa que el buen vínculo entre los profes, que se conectan como compañeros de tarea, choca con la concepción que los estudiantes tienen y las formas en que se vinculan. Me dice, entre risas: “Mis alumnos decían que estaba enamorada del profe de Música con el que trabajaba el año pasado. Es un buen aprendizaje para ellos observar cómo es posible que un hombre y una mujer encaren una tarea con objetivos comunes y se descubran como buenos compañeros sin que ello suponga un vínculo de otro tipo. Es una imagen diferente a la que seguramente tiene la mayoría en la vida cotidiana”.
La educación debe ofrecer otra versión del mundo, distinta a la que se tiene desde el hogar: otros adultos, otras concepciones, otros modos de actuar, de abordar los conflictos y disfrutar los aciertos. Por eso, la voz de Lorena, que problematiza cooperando con sus colegas docentes, me hace sentir una esperanza rotunda de cara al futuro.