En el primero de los casos, se acopia y se acondiciona la droga en establecimientos en el oeste de Montevideo o en San José, y en el segundo, la droga es guardada en casas alquiladas en Costa de Oro, en Maldonado o Rocha, para luego ser trasladada por mar abierto, desde la costa atlántica, hacia los barcos en pleno movimiento.
Un episodio paradigmático de este segundo tipo de procedimiento quedó en evidencia en febrero de 2022, cuando en las playas del balneario rochense San Antonio fueron encontrados decenas de bolsones con 1.360 kg de cocaína a pocos metros de una lancha encallada en la orilla.
Situación similar a la ocurrida el 15 de octubre de 2009 en la operación Guerrero de los Balcanes, cuando se hallaron 2.174 kg de cocaína dentro del yate Maui en el Yacht Club Uruguayo de Santiago Vázquez, ubicado sobre el río Santa Lucía, donde tuvo que recalar la nave luego de enfrentarse a una fuerte tormenta en las costas de Piriápolis, desde donde partió el yate con el fin de interceptar a un barco en el mar que se dirigía hacia Europa.
El croata que develó secretos del narcotráfico local
En esa ocasión, no solo cayó el croata Anastazije Martincic (compañero de prisión de Betito Suárez y Marset en el Penal de Libertad), sino que fue el principio de la debacle de la organización balcánica liderada por el serbio-montenegrino Darko Saric (jefe de Martincic) finalmente arrestado y condenado en 2014.
En una entrevista con el periodista Gabriel Pereyra realizada el año pasado, el croata aseguró que en Uruguay hay empresarios con mucho dinero decididos a invertir en este negocio y explicó que en este país “hay que tener muy mala suerte para caer”.
Sobre el rol de las bandas locales en el acopio de cargamentos de droga en Uruguay, dijo que no confiaban en ellas porque “son capaces de robártelas”. “Yo prefiero dársela a una abuela que me la guarde en un depósito, que sé que no me va a robar, y luego voy y le pago una buena plata”, le contó el croata a Pereyra.
Aseveró que la organización a la que pertenecía prefería contratar a brasileños que mayoritariamente son del Primer Comando de la Capital (PCC), puesto que tienen un código. Saben que, si hacen una macana, el propio comando los mata.
Explicó que las bandas locales prácticamente se financian con exportaciones que ellos mismos hacen de pequeñas cantidades, y “en algunas ocasiones operan como mano de obra” que dan una mano en algunos lugares y “se les paga con cocaína”. También dijo que “la cantidad de dinero que se lava en Uruguay es impresionante”.
Últimos casos que marcan un patrón
Más reciente fue el envío de 1.070 kg de pasta base desarticulado en el balneario San Luis a mediados de noviembre de 2024 —tiroteo mediante en la zona costera—, lo que dejó en evidencia el poder organizativo de las bandas locales, al tiempo que reveló la capacidad de los europeos de fabricar cocaína en laboratorios propios.
También en noviembre del año pasado, descubrieron que una pareja de policías guardaba enterrados su casa de Ciudad del Plata 732 kg de cocaína y un arsenal. Días después fue asesinado un empresario transportista en Melilla, quien era investigado por esta misma causa.
Dos meses antes, pero en el oeste de Montevideo (Cerro y Pajas Blancas) y en Ciudad del Plata, las autoridades desarticularon a parte de una banda que estaba transportando un cargamento de casi una tonelada de cocaína a una pequeña embarcación pesquera que tenía como objetivo llevar la droga en un buque en la zona de fondeo del puerto de Montevideo.
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Paquetes herméticos de cocaína hallados en una embarcación pesquera.
Según denunciaron desde Argentina, una operativa similar logró llevarse a cabo exitosamente a fines de abril de este año, aunque el alijo de 469 kg de cocaína fue finalmente hallado el 30 de abril en el puerto de San Lorenzo, en Santa Fe (Argentina). Un cocinero filipino del buque granelero griego MV Ceci, registrado en las Islas Marshall, admitió haber cargado los herméticos bolsones con droga cuando estuvo fondeado en la zona del Pontón Recalada (canal de acceso al puerto de Montevideo). La cocaína tenía como destino Ámsterdam.
Operación “Nueva Era”
El alijo de 2.200 kg de cocaína decomisado a principios de agosto en una chacra de Punta Espinillo representó la incautación más grande de cocaína por fuera del puerto de Montevideo y, de nuevo, puso de manifiesto que Uruguay pasó de ser un país de tránsito de cargamentos del alcaloide proveniente de Bolivia, a uno donde se acopia y se preparan los grandes envíos mediante la modalidad drop-off.
En la Operación “Nueva Era”, la droga había estado primero en un establecimiento de Playa Pascual, donde se acopió la cocaína que llegó al país en avionetas desde el norte a fines del año pasado y luego trasladada a Punta Espinillo, donde se acondicionó y se estaba preparando el traslado del cargamento.
Conocido el patrón, la Fiscalía de Estupefacientes de 4° Turno a cargo de Angelita Romano deberá determinar si la banda local que operó en esta escala del envío de más de dos toneladas de cocaína respondía a la pata uruguaya de la organización de Sebastián Marset, que estaba liderada por Luis Fernando Fernández Albín, preso desde abril de este año en el Penal de Libertad.
Luisito, o “el Flaco”, operaba junto a su hermano Diego desde el oeste de Montevideo. Incluso, este último fue detenido por última vez a poca distancia de la chacra de Punta Espinillo donde se halló el último cargamento de cocaína el domingo 4 de agosto.
Los Fernández Albín son experimentados narcotraficantes que aportan logística nacional a las organizaciones internacionales que usan a Uruguay como plataforma de envío de grandes cargamentos de cocaína al viejo continente. La compleja labor se lleva a cabo gracias a transportistas y a la protección armada de los alijos por parte de bandas criminales, en este caso “los Suárez” de Cerro Norte. Marset, Betito Suárez y el Flaco, establecieron contactos en el Penal de Libertad.
La abogada de los balcanes, el camionero sanducero y los vínculos con Marset
Un golpe grande a la cabeza de este esquema sucedió a fines del año pasado con la condena de la abogada y escribana Ana María Bugliari, que fue posible a partir de una denuncia anónima que llegó a la Fiscalía de Mónica Ferrero que apuntaba a la profesional y a la pareja de Bugliari, un hombre de Paysandú que era propietario de una empresa de transporte de carga que operaba en Montevideo, con acceso al puerto. Esta denuncia mencionaba su vínculo con organizaciones de narcotráfico.
En efecto, el camionero, pareja de la abogada, fue condenado por el cargamento de cocaína hallado en setiembre de 2024.
En marzo de 2023, Bugliari ofició de defensora de un grupo de ciudadanos montenegrinos (señalados de pertenecer a un clan de los Balcanes) que habían sido detenidos en el marco de la Operación Virtus que se llevó a cabo en la zona de Pajas Blancas y concluyó con la incautación de 489 kg de cocaína y lanchas.
Según la investigación de Ferrero, los montenegrinos tenían la tarea de explicarles a los uruguayos cómo “contaminar” los buques que se dirigían hacia Europa, llevando la droga hasta allí en lanchas rápidas desde las descuidadas costas.
Dicha investigación permitió unir cabos y evidenciar que la abogada y su pareja eran los encargados de conseguir pilotos que, desde países vecinos, entraban la cocaína a Uruguay, a empresarios exportadores y a facilitadores dentro de los grandes buques.
A partir allí quedaron expuestos algunos de los importantes contactos locales del tráfico internacional de cocaína liderado por la organización de Sebastián Marset, que contaban con la logística aportada por los hermanos Fernández Albín, Santiago Echart, condenado por su participación en el episodio de San Luis y también vinculado al caso de Rocha y a varios de los últimos alijos mencionados.
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Stickers de ladrillos de cocaína hallados en Punta Espinillo ya habían sido vistos en Uruguay, Brasil, Italia y Portugal.
La fiscal Romano, quien heredó (de Ferrero) la intrincada tarea de investigar las operaciones de narcotráfico a gran escala desde Uruguay, deberá determinar cómo ingresó la cocaína a territorio nacional, si ésta tenía relación con la organización que mantiene operativa el grupo de Marset, y si su antiguo socio local, Luis Fernández Albín, sigue dando órdenes desde el Penal de Libertad.
También queda resonando otra advertencia del narcotraficante croata que estuvo preso en Uruguay: "Prepárense para los albaneses".