Tan joven y tan canaria
La ciudad de Montevideo tiene hoy día, algo más de 1.500.000 habitantes y su territorio es mucho más extenso que en tiempos de la colonia. Conviven en ella una gran gama de personas de diferentes nacionalidades, etnias; descendientes de inmigrantes de muy diferentes países, con pasados y presentes de todo tipo. Lo que ayer fueron las chacras con que fueron agraciados los primeros pobladores de Montevideo a principios del siglo XVIII hoy son edificios y casas, shoppings y tiendas. El Ejido y los Propios, no son más que importantes calles de la ciudad. La antigua ciudad de Montevideo hoy no es más que la Ciudad Vieja, barrio de gran contenido histórico y turístico, pero no es más que una parte. Las calles han cambiado sus nombres, algunos edificios, sus funciones; los indios ya no merodean, tampoco los portugueses y menos los piratas. Ya no se reza a la hora de Ángelus, no se discuten en el Cabildo los problemas de la ciudad. No encontramos “hijosdalgos” del Solar conocido, por suerte tampoco esclavos. Ya la ciudad no es fiel al damero más ortodoxo, ni a su relación social. Los ricos ya no se concentran alrededor de la Plaza Mayor. Hoy, el recuerdo de los primeros pobladores -los Burgués, los Artigas, los canarios llegados para poblar- solo decora un cementerio. En estos tiempos, Montevideo es otra realidad, el caserío militarizado con cabildo desapareció. Podrán decir que mantiene una parte antigua muy bien conservada, y les diremos sí. Pero la historia no busca cadáveres en mal estado del esplendor de otros tiempos, no debe buscar quimeras; solamente las estudia para comprender el presente y para generar un relato veraz. Pero los forenses estudian lo muerto, la historia debe buscar el porqué de la vida, no de la muerte.