La pobreza con rostro infantil
Darío Fuletti, representante de Unicef Uruguay, fue categórico: “la pobreza en Uruguay tiene un fuerte sesgo infantil”. Explicó que las familias con niños no son más numerosas que en décadas pasadas, pero que la crianza implica mayores gastos y menor tiempo disponible para que los adultos se inserten en el mercado laboral. El resultado es un círculo de privaciones que impacta directamente en el bienestar de los niños.
El informe también advierte sobre la relación entre vivienda precaria y problemas sociales. Hacinamiento, inseguridad en la tenencia, deficiencias en calidad constructiva, calefacción insuficiente, falta de saneamiento y carencias en conectividad a Internet son algunas de las dimensiones evaluadas. En cinco de los seis indicadores analizados, los hogares con niños están en peor situación que aquellos sin presencia infantil.
Exclusiones invisibles
Agustín Greif, especialista en datos de Unicef, subrayó que existen poblaciones infantiles que ni siquiera son contempladas en las encuestas oficiales: niños y adolescentes que residen en hogares colectivos del INAU, del Ministerio de Desarrollo Social o en centros del Inisa. En muchos casos, la internación se explica por carencias habitacionales graves, lo que eleva a Uruguay a una de las tasas más altas de la región en este tipo de institucionalización.
La investigación también reveló la concentración territorial de la pobreza infantil en los municipios del norte y oeste de Montevideo, donde se combinan precariedad habitacional, mayores niveles de violencia y dificultades de acceso al transporte. En esos barrios, los niños suelen desplazarse a pie y utilizan menos los espacios públicos, limitando sus posibilidades de integración social.
¿Las políticas miran a la infancia?
La economista Florencia Seré, en representación de la Cámara de la Construcción, revisó los últimos planes quinquenales de inversión en vivienda y concluyó que, aunque la mayoría de los beneficiarios son familias con niños, no existen mecanismos para identificar ni responder a sus necesidades específicas. Tampoco hay evaluaciones sistemáticas que permitan medir cómo inciden las soluciones habitacionales en el desarrollo infantil.
Seré señaló la urgencia de diseñar programas que contemplen entornos seguros, acceso a servicios de salud, educación y transporte, además de cercanía a espacios de juego y socialización. “No alcanza con levantar paredes; hay que garantizar contextos urbanos que favorezcan el desarrollo pleno de los niños”, subrayó.
Uruguay tiene una deuda
El equipo investigador presentó un conjunto de propuestas concretas para orientar las políticas públicas hacia la infancia: Generar información precisa en los ministerios y organismos sobre hogares beneficiarios, incluyendo la presencia de niños. Aumentar la inversión en vivienda, con énfasis en mejorar el stock existente y ofrecer apoyos temporales a familias en riesgo de perder su hogar. Asegurar entornos urbanos adecuados, con servicios de calidad y espacios públicos amigables. Integrar políticas sociales y habitacionales, mediante ventanillas únicas que simplifiquen trámites y articulen con salud, educación y cuidados. Atender a públicos específicos, como mujeres víctimas de violencia doméstica o jóvenes que egresan del sistema de protección.
Los especialistas coinciden en que colocar a la infancia en el centro de la política habitacional es un paso indispensable para reducir la pobreza infantil. Uruguay ha logrado avances significativos en reducción de la pobreza en términos generales en las últimas dos décadas, pero los niños siguen siendo el grupo más afectado.
El desafío, según Unicef y las organizaciones convocantes, es que la vivienda deje de ser vista solo como una necesidad material y pase a ser entendida como un factor decisivo en el desarrollo humano. En otras palabras, no se trata solo de construir casas, sino de construir futuro.