ver más

Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de {}. Si ya formas parte de la comunidad, .

{# Opciones de Suscripción #} {# DESCOMENTAR AL IMPLEMENTAR: #} {# {% for n, m in this.getPaywallPlans('thinkindot', 'plans') %} {% if (m.tab == "all" or m.tab == "mensual") %} #}

{{m.shortDescription}}

{{m.title}} {{m.price}} mensual
{# {% endif %} {% endfor %} #} {# estos links no sé como se llenarian #}
Arte y cultura | Carlos Correa De Paiva

Carlos Correa de Paiva y su "andar" perseverante. Entrevista exclusiva de Caras y Caretas

Carlos Correa De Paiva se presentará junto a Ernesto Díaz el 25 de abril en la Sala Lazaroff

Carlos Correa De Paiva viene caminando desde hace décadas por los bordes de la música, sosteniendo coros, formando generaciones, pensando la canción desde la paciencia y la escucha. Es director coral, docente universitario, investigador, compositor, hombre de Sayago y de la memoria y ahora se encuentra en la ardua tarea de presentar Ando, un libro-disco que es también una autobiografía sentimental. Pero no lo hace solo.

El próximo viernes 25 de abril, en la Sala Lazaroff del Intercambiador Belloni, Carlos compartirá escenario con Ernesto Díaz, en un espectáculo concebido como un cruce de caminos, una conversación entre dos guitarras, dos voces y dos formas de entender la canción uruguaya.

Donde las canciones "andan"

Las canciones de Ando vienen de lejos. Algunas nacieron en los años noventa, cuando Carlos integraba Cuatro Gatos Locos, aquella banda que quedó suspendida en el tiempo, sin disco ni registro, apenas guardada en cassettes y archivos dispersos. Durante años, esas canciones sobrevivieron como sobreviven las cosas importantes: en la memoria.

“Esta canción no puede quedar guardada”, pensó un día, refiriéndose a El cancionista, de Gabriel D´Atri. Y en esa decisión hay algo más profundo que el deseo de grabar un tema: está la necesidad de rescatar una generación entera de compositores, amigos y compañeros de ruta cuyas obras nunca tuvieron la circulación que merecían.

“Quiero que queden ahí. No me parecía justo que ese material de Gabriel D´Atri, Pilar García, Inés Pierri o Alicia Ferradas desapareciera”, dice Carlos. De hecho, la interpretación que realiza, es una pieza colaborativa con íconos de la música uruguaya como Fernando Cabrera y Ruben Olivera, Samantha Navarro, Estela Magnone, Alberto “Mandrake” Wolf, Ernesto Díaz, Leo Maslíah, Asamblea Ordinaria (Francisco “Pancho” Rey, Guillermo Lamolle y Carlos Giráldez), Alejandro Balbis, Edú “Pitufo” Lombardo, Ninguna Higuera (Emilia Benia, Belén Insausti), Mariana Ingold, Papina de Palma, Pedro Dalton en voces.

Hay algo conmovedor en esa obstinación. Porque Ando no es sólo un disco propio: es también un gesto de justicia poética.

Embed

La amistad, esa música secreta

Carlos Correa De Paiva y Ernesto Díaz 25 de abril

Carlos y Ernesto Díaz se conocen desde hace más de veinticinco años. Se cruzaban en los pasillos del TUMP, el Taller de la Universidad Popular. Nunca compartieron clase, pero sí esa forma tan uruguaya de encontrarse alrededor de una conversación.

Ernesto todavía no había comenzado a tocar en público, aunque ya escribía canciones. Carlos lo recuerda merodeando recitales, escuchando, observando, armando lentamente una voz propia.

Con el tiempo, cada uno siguió su camino. Carlos se volcó de lleno a la dirección coral y a la docencia. Ernesto construyó una de las trayectorias más singulares de la canción uruguaya reciente: cantor de la intemperie, poeta de los márgenes, músico profundamente ligado al interior del país y a una sensibilidad que escapa del centralismo montevideano.

Dueño de una obra austera y luminosa, Ernesto Díaz ha sabido mezclar canción popular, poesía, paisaje y silencio. En sus discos anteriores ya había una manera muy personal de habitar la guitarra y la palabra. Carlos lo resume con precisión: “Lo que hace Ernesto es muy interesante, muy creativo y muy rupturista para el medio montevideano capital - centrista”.

El reencuentro ocurrió el año pasado, cuando Carlos decidió invitarlo a participar de El cancionista. Le consiguió el teléfono a través de Fernando Ulivi, productor de Aceituna Brava y también responsable de varios trabajos de Ernesto.

La respuesta fue inmediata y perfecta. Ernesto le contestó por WhatsApp y lo hizo cantando

“El cancionista es un fotógrafo de piel…”, cantaba. “Ahí me di cuenta de que con Ernesto había que hacer algo”, recuerda Carlos.

El espectáculo del 25 de abril tendrá una estructura que rehúye la fórmula habitual. No será un recital compartido donde cada uno hace su parte y se retira. Habrá, primero, una escena común: Carlos y Ernesto juntos, dos voces y dos guitarras, buscando un territorio compartido.

Ernesto Díaz presentará su repertorio acompañado por el percusionista Álvaro Salas, sumando esa respiración rítmica que su música necesita sin perder intimidad.

Carlos, en cambio, abrirá el formato hacia una pequeña banda integrada por : Paulina Correa de Paiva, Micaela Acosta y Sasel Giménez en coros, Mateo Helbling y Jalil Elías en percusión, y Pepe Gómez en bajo.

El libro-disco está atravesado por sus hijas. Paulina canta en varios temas. Matilde Correa, estudiante de Bellas Artes, realizó los collages que acompañan cada canción en el libro. Nada está separado: música, imagen, familia, memoria.

El país sin cancioneros urbanos

Hay una herida que vuelve una y otra vez en la conversación con Carlos: la ausencia casi absoluta de cancioneros de música popular dentro de la educación musical formal.

Durante décadas, quienes se formaron en la Escuela Universitaria de Música recibieron una enseñanza rigurosa, valiosa, profundamente académica. Pero la música popular uruguaya quedaba afuera. No había arreglos, partituras ni materiales disponibles para trabajar una milonga, un candombe, una canción de autor.

“Si vos querías hacer un candombe o una milonga, tenías que hacer vos mismo los arreglos, porque no había nada”, dice.

No había cancioneros. No había bibliografía. No había, en definitiva, un reconocimiento institucional de la canción popular como patrimonio digno de ser estudiado.

Salvo honrosas excepciones como lo realizado por Lucía Gatti; Ismael Collazo, y algunos más

Carlos menciona, como una figura fundamental, a Jorge Damseaux, director coral y docente, responsable de aquella experiencia pionera llamada Más que una mansa bahía, realizada en los años noventa, cuando Montevideo fue Capital Iberoamericana de la Cultura. Damseaux se tomó el trabajo enorme de hablar con compositores como Fernando Cabrera, Leo Maslíah, Mariana Ingold o Jorge Galemire para convertir sus canciones en arreglos corales.

Durante mucho tiempo, ese material fue prácticamente lo único disponible.

Después vinieron otros esfuerzos, igualmente valiosos y, casi siempre, realizados “a pulmón”: los arreglos corales editados por Xavier Font, el trabajo de Ana Laura Rey, los cancioneros impulsados por Lucía Gatti, el rescate de repertorios regionales realizado por Matías Romero Balado, Florencia Núñez o Fabián Severo.

Pero sigue faltando una política educativa y cultural capaz de incorporar de manera sistemática la canción popular uruguaya a la formación musical.

“Lo académico es académico y lo popular no está incluido”, resume Carlos con una mezcla de tristeza y lucidez.

Por eso Ando incluye, además de las letras y las imágenes, tres arreglos corales preparados por él mismo. No como un gesto erudito, sino como una pequeña reparación.

La voz que nunca tuvo

Hay una de las canciones de Ando que parece resumir todo el viaje de Carlos Correa De Paiva. Se llama La voz que.

Embed

Nació como un poema, en medio de una crisis íntima.

Carlos, habituado a dirigir coros de espaldas al público, debía ahora asumir otro papel: ponerse frente a la gente, cantar sus propias canciones, hacerse cargo de una voz que durante años había vivido escondida detrás de otras voces.

“Se me va la voz que nunca tuve, esa voz que no me reconoce, esa voz que soñé en la adolescencia”, dice el texto.

La canción, experimental y extraña, mezcla fragmentos de voces ajenas —Mercedes Sosa, Zitarrosa, Joao Gilberto, Silvio Rodríguez, Chavela Vargas— como si Carlos intentara encontrar la propia entre todas las voces que lo formaron.

Es, quizás, la imagen más precisa de lo que sucede en este libro-disco: un hombre que después de toda una vida dedicada a escuchar a otros, finalmente se anima a escucharse.

Una sala en el borde de la ciudad

Que el espectáculo ocurra en la Sala Lazaroff no es un dato menor. Para Carlos, que vive en Sayago, la descentralización cultural no es un discurso: es una necesidad.

“Me parece muy potente que existan espacios que no estén en el centro”, afirma.

El viernes 25 de abril, allí, Carlos Correa De Paiva y Ernesto Díaz volverán a encontrarse.

Quizá, al final, de eso se trate la canción: de encontrar a alguien del otro lado que escuche lo mismo que uno estaba callando.

Entradas disponibles en este link.

Temas

Más Leídas

Seguí Leyendo