Tras la rebelión criolla de mayo de 1810, las sucesivas juntas que desempeñaron los gobiernos bonaerenses donde nada parecía consolidarse, disputaron la jurisdicción de las islas. También hay que saber que las Malvinas aparecían en algunos planes imperiales de Inglaterra en las primeras y segundas invasiones inglesas. Pero no se aventuraron tan al sur en aquel período en que la rubia albión intentaba por varios frentes, socavar el poder español en toda América, mucho más cuando había perdido las trece colonias ante los nacientes Estados Unidos de América.
George Canning, hombre clave en el manejo exterior del gobierno inglés en las tres primeras décadas del siglo XIX, lo definía con precisión quirúrgica cuando afirmaba que "nuestra dificultad deriva del doble carácter en el cual España se presenta en Europa y en América: luchando por su independencia, en la primera, y ejerciendo, en la segunda, una tiranía y adoptando arrogancia difícil de soportar; proponiendo nuevos lazos de amistad aquí y prohibiendo allá nuestro intercambio normal; alargando, por socorro, su mano europea y dando vuelta nuestros bolsillos con la americana".
A tal punto Canning diseña la estrategia que Luis Alberto de Herrera, en su libro La misión Ponsonby, en la página 417 de la edición de Eudeba, afirma que cuando Canning queda dueño de la escena al ser nombrado primer ministro en 1827, tres meses después lo sorprende la muerte, y recuerda lo que escribió Petrie en la biografía de Canning: "Tal vez su último acto en la cancillería fue aconsejar la creación de la independencia uruguaya, como un amortiguador entre Brasil y Argentina, sugestión que alaba su visión pero que se consumó después de su ausencia".
En 1820, las Provincias Unidas del Río de la Plata enviaron un contingente al mando del comandante David Jewett, un marino y militar norteamericano nombrado capitán por el presidente George Washington, que a bordo de la fragata Heroína desembarcó y proclamó la posesión oficial de las islas. Tiempo después se instaló una administración civil y militar a cargo de Luis Vernet, que Argentina considera el primer gobernante político y militar argentino en Malvinas. En realidad era un comerciante prusiano interesado en la explotación ganadera. Pero en el año 1933 se desencadenó la invasión británica, sabedora de la importancia de enclaves navales logísticos en su tarea sacrosanta de abrir mercados.
Aquí vale recordar que la República Oriental del Uruguay, pergeñada por Lord Ponsonby en 1828, jamás reivindicó soberanía ni tutela sobre Malvinas. No en vano Canning y Ponsonby se mantienen como las calles que flanquean al Obelisco a los Constituyentes de 1830 erigido en Montevideo.
La tesis de las Malvinas uruguayas
En su libro titulado Islas Malvinas: claves para la soberanía oriental actual (2021), Julio César Cotelo Fariña repasa los principios en que se basa la postura, bonaerense primero y argentina después, que se aferró a reclamar la herencia de los territorios que habían integrado el Virreinato del Río de la Plata mediante lo que se conoce como el "uti possidetis juris de 1810", que es un principio del derecho internacional por el cual las nuevas naciones independientes de Hispanoamérica heredaron los límites jurisdiccionales que correspondían al Imperio español en el año 1810. La frase viene del latín y significa "como poseéis de acuerdo al derecho, así poseeréis", y se opone al terra nullius o tierra de nadie.
Kelpers, una población trasplantada
Otro de los principios en que Argentina basa su soberanía arrebatada por la fuerza en 1833 es la noción de población trasplantada. Los kelpers que habitan las islas fueron trasladados por la potencia colonial que los mantiene allí, por lo que no debe regir el principio de autodeterminación.
Además, se acusa al Reino Unido de violar la doctrina del impedimento (el principio de Estoppel), que es una regla jurídica que impide a una persona o Estado contradecir una conducta, declaración o acto que realizó en el pasado, cuando esto indujo a otra parte a actuar de buena fe basándose en ello y su cambio de postura causaría un daño o perjuicio.
En el ámbito procesal se emparenta con el principio de preclusión o la prohibición de ir contra los propios actos. Esto se basa en que los ingleses aceptaron de conformidad la soberanía española en 1771 y abandonaron por decisión propia el Puerto Egmont en el año 1774. También los gobiernos argentinos esgrimen que durante la ocupación oficial rioplatense entre 1820 y 1833, el Reino Unido no emitió reclamo ni opinión alguna.
Un libro incómodo
El 23 de julio de 2012 se presentó en la sala de Agadu un libro titulado Las Malvinas ¿son uruguayas?, con autoría de Juan Ackermann y Alfredo María Villegas. El evento pasó desapercibido, pero al repetirlo en verano, en Punta del Este, causó escozor entre una farándula porteña que puso el grito en el cielo desde las reposeras al sol en la playa Mansa.
Según una entrevista a los autores publicada en Espectador.com, la obra se aportaba datos escondidos o mal interpretados, afirmando que "nos basamos en las tres cosas que decretó el rey de la época en 1770 que fueron el Virreinato del Río de la Plata, el Apostadero Naval de Montevideo y la Compañía Real Marítima. A esto se suma que en 1841 aparece un tratado con España al que no se le ha dado mucha difusión".
La superioridad naval de Montevideo
Las ventajas portuarias de Montevideo la vuelven geográficamente, pero también por geopolítica, más apta que Buenos Aires para defender el Río de la Plata. De la faja de costa que el rey de España decretó bajo supervisión del Apostadero Naval de Montevideo se deduce que el Océano Atlántico, sus islas y la costa patagónica hasta Tierra del Fuego estaban bajo su jurisdicción y en ellas se ejercían "potestades administrativas, religiosas y defensivas, o sea, eran el gobierno". Y agregaban que la Compañía Naval Marítima "se había fundado para pescar en el sur ballenas, focas y lobos marinos, y se fundó en la Isla de Gorriti por razones climáticas, más que nada. Hasta hoy hay ruinas que prueban esto".
Desde 1777 fueron gobernadas las costas patagónicas, la Tierra del Fuego, el estrecho de Magallanes y el archipiélago de las Malvinas por la "jurisdicción que Uruguay heredó formalmente de España y que le fue usurpada por británicos y argentinos", afirmaba Ackermann a la Agencia EFE.
Esta tesis sobre la soberanía uruguaya radica en que Argentina (en realidad Buenos Aires como capital de las Provincias Unidas del Río de la Plata) ocupó ilegalmente las islas en 1820 aprovechándose de la derrota de Artigas ante el invasor portugués. Y la misma ilegalidad vale para la invasión del Reino Unido en 1833.
A esto se suma el Tratado de 1841 en que España le cede a Montevideo (sitiada en plena Guerra Grande) la jurisdicción de las Islas Malvinas, por lo que el tratado posterior entre España y Argentina, de 1858, queda nulo porque no se puede ceder algo ya cedido a otro. Para colmo, en 1974, el Senado de la Nación Argentina vota una resolución a favor de las reclamaciones de Uruguay para acceder a un territorio en la Antártida. Lo insólito es que para tal apoyo se basa en el documento del Tratado de 1841 en que España cede las Malvinas a Uruguay.
Como te digo una cosa
Uruguay oficialmente no ha reclamado la soberanía ni tutela alguna sobre el archipiélago, pero cada tanto surgía alguna voz que, usualmente en medio de diferendos con el vecino país, amagaba con reflotar el tema, más como mojada de oreja que como postura diplomática o visión geopolítica.
De hecho, José "Pepe" Mujica, siendo presidente, metió uno de sus típicos comentarios al pasar respecto del justo reclamo argentino por la soberanía de las islas. En un acto realizado en mayo de 2013, ante la presencia del embajador argentino en Montevideo, Dante Dovena, se despachó con que "en el reclamo no somos desinteresados. Después discutiremos si son argentinas o uruguayas. Al fin y al cabo, en la época de la colonia, las Malvinas se atendían desde el puerto de Montevideo, vaya contradicción", espetó el Pepe según lo consignó el diario uruguayo El Observador y lo replicó hasta la BBC.
La vida sigue igual
Las islas Malvinas hoy siguen bajo dominio inglés aunque el imperio esté muy venido a menos. Son una de las 14 colonias, así como las Georgias y Sandwich del Sur, entre otras posesiones, entre las que se destacan el paraíso fiscal de las Islas Caimán o el peñón de Gibraltar en la puerta occidental del Mediterráneo.
En 2013 se realizó un referéndum sobre la soberanía de las islas Malvinas decidido por el Gobierno local pero de un territorio no autónomo administrado por el Reino Unido y cuya soberanía se encuentra en disputa con la República Argentina. Se llevó a cabo los días 10 y 11 de marzo de 2013 con la pregunta de si querían que el archipiélago continuara bajo administración británica. De las 1672 personas habilitadas votaron 1517. Hubo un voto nulo y el resultado fue 99,80 por el sí y 0,20 por el no. Jurídicamente, la ONU lo considera un territorio de soberanía aún pendiente de definición.
Hace unos días surgió una noticia falsa sobre un proyecto para instalar un cable submarino que una las islas Malvinas con Montevideo. Nuestro Gobierno afirmó que nunca existió propuesta, planteo ni solicitud alguna por parte del Reino Unido para realizar dicha conexión de fibra óptica con las islas. Las sospechas surgieron tras una investigación periodística que reportó la presencia frecuente de un barco de exploración holandés (Fugro Supporter) en el puerto de Montevideo entre 2025 y 2026 antes de zarpar hacia la zona insular, según consignaba La Diaria.
Por su parte, El Observador daba cuenta de que "fuentes oficiales indicaron que los movimientos autorizados a nivel administrativo correspondían a estudios para un cable de telecomunicaciones vinculado a territorio continental argentino, y no a las Malvinas". Orsi aclaró que la posición oficial uruguaya mantiene la defensa del reclamo de Argentina por la soberanía de las islas Malvinas.