ver más

Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de {}. Si ya formas parte de la comunidad, .

{# Opciones de Suscripción #} {# DESCOMENTAR AL IMPLEMENTAR: #} {# {% for n, m in this.getPaywallPlans('thinkindot', 'plans') %} {% if (m.tab == "all" or m.tab == "mensual") %} #}

{{m.shortDescription}}

{{m.title}} {{m.price}} mensual
{# {% endif %} {% endfor %} #} {# estos links no sé como se llenarian #}

Guillermo Peluffo: el show en SITIO "es la oportunidad de dejar claro quién es Trotsky hoy"

En entrevista con Caras y Caretas, Guillermo Peluffo habló del próximo show, el último disco y de lo que es Trotsky tras más de tres décadas de música.

Trotsky Vengarán regresa a SITIO el próximo 13 de septiembre con un espectáculo que promete marcar un hito en su trayectoria. Esa noche, la banda le regalará a su público un adelanto de su nuevo disco, un recorrido por clásicos y nuevas canciones que “mantienen los condimentos de siempre”, como aseguró el vocalista Guillermo Peluffo.

Con más de tres décadas de historia, Trotsky sigue cantando “realidades cercanas” al oído de su gente, con la irreverencia, la energía y el tono reflexivo que han acostumbrado a su público, mientras se preparan para celebrar 35 años de música que une generaciones. En entrevista con Caras y Caretas, el líder de la banda contó detalles del próximo show, habló sobre su último lanzamiento, sobre el presente de la banda y también sobre los próximos pasos.

El regreso de Trotsky Vengarán a SITIO se anuncia como un hito histórico, ¿cómo lo están preparando para que sea una experiencia distinta a otros conciertos?

Trotsky tiene la suerte de tocar mucho durante el año. Nos gusta tocar en vivo y forzamos un poco la máquina para hacerlo lo más posible: no le decimos que no a casi ninguna invitación, siempre que se cumplan ciertos requisitos. Al mismo tiempo, no es lo mismo un show en una sala chica, en un festival multitudinario o en una plaza. La banda se adapta.

Lo que siempre buscamos es hacer un show convocante. Para ese público que a veces se cruza con Trotsky en distintas épocas o fechas, que conoce a la banda o la siguió en algún momento, queremos mostrarle cómo es hoy la puesta en escena. Nos gusta tocar y recorrer distintos escenarios, no tenemos problema en compartir con otros géneros o estéticas. Pero este show es la oportunidad de dejar claro quién es Trotsky hoy.

Somos una banda que en los festivales funciona muy bien, pero ahora queremos sumar visuales, una puesta en escena completa y un setlist largo que abarque toda la discografía. Queremos contemplar los distintos gustos de públicos muy diversos: son muchos años, varias generaciones, y tenemos canciones que incluso trascienden el género y se hicieron muy populares. Eso arrima gente, y lo que queremos es que todos ellos vean un show de Trotsky con las reglas que pone la banda. Ese es básicamente el cometido.

Entonces, ¿el show combinará clásicos con los lanzamientos más recientes?

Sí. Hace un par de semanas lanzamos “Barrio”, que ya forma parte de nuestros shows. El disco nuevo se está editando en etapas, como exige un poco hoy la forma de consumo en las plataformas. En lugar de esperar a tener todo pronto para mostrarlo, decidimos sacar cinco canciones que irán saliendo hasta fin de año. A medida que vayan apareciendo, se van a sumar al repertorio de la banda, porque lo que más nos motiva es hacer música nueva y mostrar lo último que estamos creando. Entonces, “Barrio” va a estar en el show en vivo y también vamos a incluir el próximo lanzamiento, que sale en unos días. Es un regalo más que le hacemos a la gente: tocar otra canción nueva de la próxima obra de Trotsky.

“Barrio” está enfocada en la vida en los márgenes. ¿Cómo nació esa letra y qué inquietudes, personales o colectivas, los llevaron a abordar esa problemática?

Creo que todos estamos preocupados por lo que pasa en los barrios, que ya no hay tanta gente caminando, que se trastoca la vida cotidiana. Es una realidad que se volvió universal, que no refiere solo a Montevideo o a Uruguay. No le cantamos a un barrio puntual, ni queremos caer en cuestiones específicas, pero todos sabemos que en esa esquina matan, que en aquella te afanan. Y empezamos a resignarnos. Los que vivimos en barrios lo sentimos, y en los barrios más marginales se vive con más angustia todavía. Y eso tratamos de expresarlo con un lenguaje poético, sin caer en la denuncia directa, porque es un problema que ya se nos fue de las manos en toda Latinoamérica.

Muchas veces me toca hacer las letras y pienso que ya asumimos que tenemos que convivir con el narco. Y lo que me llama la atención es que no lo cuestionamos en voz alta: se habla como si fuera un tema de película, de elecciones, o una oportunidad para que los políticos lleven agua para su molino. Pero la realidad es que el narco también da de comer. De ahí surge la figura poética de la muerte te quita, la muerte te da, todos contentos, la rueda gira. Pero también está la vida, que atraviesa esas barreras, como siempre ha pasado. En esos barrios marginales, donde la gente es etiquetada y generalizada, siguen existiendo personas que trabajan, crían a sus familias, hacen música, generan sus movidas. Es un equilibrio perverso al que nos estamos acostumbrando. Si te morís o no es casi una moneda al aire, y eso me parece muy triste.

Las bandas de rock, en distintas etapas, han sido señaladas como voces de protesta o denuncia. ¿Se sienten cómodos con esa lectura de su trabajo o prefieren ser escuchados sin etiquetas como la del compromiso?

Nosotros no nos definimos como una banda de denuncia, pero si somos una banda que habla de la realidad cercana. A veces la denuncia tiene lugar, pero con los años uno se da cuenta de que andar señalando lo que está bien y lo que está mal puede ser antipático. Cada uno sabe lo que quiere. Y parece que siempre le estás hablando a los jóvenes, cuando en realidad son ellos quienes deben descifrar mejor los códigos de su tiempo. Nosotros ya no somos parte de esa movida, somos señores grandes que entendemos la energía cuando tocamos en un show, pero no somos parte de la música urbana. No podemos decirles qué tienen que hacer. Por eso nos alejamos de la denuncia directa. Más bien hablamos de contradicciones con las que convivimos. A veces salen canciones que se paran al lado de la protesta, pero con las particularidades del rock and roll: irreverencia, diversión, poner las reglas. Y esa mezcla puede hacer que no siempre sean cómodas de cantar después. Entonces, intenamos escaparle a esos estados de ánimo. De todos modos, dentro del repertorio hay temas que hacen reflexionar e incluso, a veces, podemos tirar algún razonamiento que le caiga mal a mucha gente.

Cuando hicimos el tema "Welcome to the tercer world", por ejemplo, no dijimos si la planta de celulosa estaba bien o mal, sino reflexionar si lo único que queríamos era que la pusieran acá y recibir plata. Lo mostramos con humor, pero es ácido, es crítica social. Y también es una crítica a nuestras propias contradicciones frente a los problemas sociales.

En el fondo, siempre hablamos de un mundo cercano, de conflictos que también son propios. Por eso, no creo que hagamos canciones de protesta, hacemos canciones de la realidad inmediata: a veces con humor, otras con ironía, otras muy directas. A veces salen bien y a veces salen mal. Cuando digo sale mal me refiero a que no conecta, que no lográs que la gente perciba absolutamente nada a través de la poesía que elegiste, sino que simplemente es una canción. Pero en todos los discos se nos cuelan reflexiones sobre lo que no funciona bien. Y a veces señalamos algo que años después descubrimos que no era el verdadero problema. Tratamos de reflexionar sin condenar. Al final, lo que buscamos es hablarle a la gente con poesía cercana, y ser una banda popular, que le cante al oído, pero a la gente en general.

Trotsky tiene más de tres décadas de trayectoria. ¿Cuáles son los desafíos para seguir vigente y atraer a distintas generaciones?

Sí, son casi 35 años. Para nosotros no es un desafío, es casi una obligación, porque seguimos sintiendo la necesidad de expresarnos y de hacer nuevas canciones y discos. Eso nos empuja. No es “tenemos que seguir”, es “ya tenemos que empezar el próximo disco porque no podemos más”. Esa sensación es muy parecida a la de los comienzos.

Ya cumplimos muchos objetivos y alcanzamos una carrera que nunca imaginamos, pero seguimos grabando. Nadie está esperando ese disco, no es un gran negocio: para Trotsky, hace años que hacer discos es quemar plata. No vuelve nada. Y encima queremos que suenen como los que escuchábamos de chicos: graves, pesados, de verdad, tocados todos juntos, sin sintetizadores. Eso termina siendo una producción mucho más grande que el presupuesto que tenemos. En otro momento, las ventas de CD cubrían los gastos y armábamos la producción en base a lo que proyectábamos vender. Hoy ya no. Pero el disco también es para uno. Los shows de Trotsky son para la gente, pero las canciones y los discos son para nosotros. Tenemos que estar enamorados de lo que hacemos, y eso nos lleva a producir aunque no se pague solo.

¿En qué se parece y en qué se diferencia el Trotsky de hoy del de los inicios? ¿Cómo conviven con la nostalgia?

Para Trotsky es fácil vivir sin nostalgia, porque no hubo momentos dulces en el pasado. Generalmente, la nostalgia son anécdotas lindas que contás, y en nuestro caso no hay tantas. Es muy difícil para una banda asomar la cabeza. Y más asomar la cabeza cuando estuviste a punto de, te dieron un martillazo y retrocediste 20 casilleros. En el 97 firmamos con Universal y pensamos que la vida estaba asegurada. Ese contrato casi termina en la disolución de la banda: no éramos dueños ni de nuestro nombre ni de nada. Zafamos porque era Uruguay, porque apareció Rada en el medio y por una jugada milagrosa que nos permitió seguir. Después, cuando nos empezó a ir muy bien allá por 2002, yo estaba fuera del país. Entonces nunca fue felicidad plena. Por eso, es fácil no tener nostalgia: siempre hay que mirar para adelante. Además, en el camino vas perdiendo compañeros de banda, amigos que se van, y esos son momentos dolorosos que hay que ir atravesando. El mejor recuerdo es que estamos acá, ahora, con Hugo, con Cuico, con el Granito y con Michel.

¿Y en qué se parece Trotsky a sus comienzos? en que seguimos igual, convencidos de que hay que hacer discos porque necesitamos expresarnos en canciones nuevas. Eso se mantiene intacto y a veces me asombra: volvés al mismo lugar, pero con más herramientas. Ya pasaste por el disco que tenía que sonar súper pop, o el que tenía que sonar súper punk, ya arruinaste canciones por modas. Ahora la idea es volver, pero tratando de minimizar los errores y maximizar las sorpresas y la alegría.

¿Qué más nos pueden contar acerca de del nuevo disco?

Siempre intentamos hacerlo distinto, pero al final termina siendo un disco de Trotsky. Mi voz tiene una particularidad y no funciona en cualquier registro; el baterista, el guitarrista y el bajista cada vez tocan más; y uno, ya grande, escucha otros géneros, absorbe cosas como una esponja y elige qué incorporar y qué no. Este disco tiene los condimentos de siempre, firmes y sólidos.

Hay temáticas que retomamos porque alguna vez no prendieron, y vamos de nuevo. Hay algo autorreferencial, pero tratamos de que no se limite a nosotros como personas, sino que represente a nuestra barra, a nuestra generación. Siempre nos vemos como parte de algo más, no como una medida de nada. Afuera del escenario somos gente común: tenemos trabajo, familia, cuentas y deudas, vamos a jugar al fútbol 5. La vida del artista uruguayo, aunque tenga cierto suceso, es igual a la de cualquier civil. En ese sentido, seguimos siendo más o menos los mismos de siempre.

¿Y es bueno o malo eso?

Bueno o malo depende de cómo lo transites. A veces pega rebién; otras, cuando estás mal, no querés que te vean y justo te reconocen, te piden una foto o te cuentan algo, y no es el mejor momento. También hay veces que te putean y te ponés remal.

En los toques de ustedes se estila mucho eso de putear…

(Ríe) Es una broma que empezó en lugares muy chiquitos y luego adquirió otra dimensión en el Pilsen Rock. En los lugares chicos, cuando tocás para cien personas, no hay artistas y público: somos todos lo mismo, bajás del escenario, saludás a la gente, cargás los equipos, la barra está afuera y conversás. En ese mundo más privado nació el chiste de que me corearan “gordo puto”, como si fuera un canto de fútbol. Y tomó mucha dimensión en el primer Pilsen Rock, porque con una actitud un poco petulante salimos a decir que íbamos a parar la lluvia. Nuestra barra empezó a cantar “gordo puto”, se sumó toda la muchedumbre, y efectivamente paramos la lluvia. Se volvió un rito, fue algo así.

Contame un poco, ¿cuáles son los próximos pasos de Trotsky?

Nos vamos a una gira por España, autogestionada, con amigotes que allá nos extendieron la invitación. Es como subirse a una camioneta y ver qué pasa, pero en avión. Vamos a hacer cinco fechas: Málaga, Madrid, Valencia, Bilbao y Barcelona, con colegas locales que también participarán en los shows. Nos gusta cambiar de ambiente y ver qué pasa.

Cuando volvamos de España, tendremos un show en Colonia, y después organizaremos nuestra tradicional Noche de los Muertos Vivos en noviembre. Tenemos muchas fechas agendadas hasta fin de año, que culminan con la Noche de los Deseos, eventos temáticos que la banda fue generando intuitivamente para invitar a la gente a shows distintos. Ya se instalaron y hay públicos que siguen esas fechas. También tenemos que terminar la segunda parte del disco, que quedó en standby para trabajar en verano. El año que viene planeamos sacar el disco nuevo, festejar 35 años, y volver a girar por Argentina, Colombia, México y, si todo sale bien, otra vez España. Es un futuro muy prometedor, pero implica mucha responsabilidad: somos nosotros los que organizamos todo, siguiendo nuestras locuras, midiendo el físico y el bolsillo para no quedar con las patas para arriba. Y, la verdad, es muy divertido ser dueño de tus propios caprichos.

¿Algo que le quieras decir al público antes de terminar?

Quiero invitar a la gente al show en SITIO y contar por qué elegimos este espacio. Es un lugar cerrado, grande, que suena y se ve muy bien. La otra alternativa era el Teatro de Verano, pero con las butacas se requiere un comportamiento que no queremos exigir a nuestra gente: queremos que puedan bailar. El pogo tiene que estar. SITIO es lo suficientemente grande para que, si querés meterte en la muchedumbre , sientas el pogo; pero si preferís estar más tranqui, hay espacio a los costados. Si venís con niños, tampoco hay inconvenientes. El año pasado analizamos poner un sector para familias porque va mucha gente con niños, pero nos dimos cuenta de que prefieren andar por ahí con amigos. También tiene muchos servicios, como gastronomia. La carpa de SITIO está montada en el centro del velódromo: es estable y acogedora.

También quiero decirles que el show va a empezar puntual. Esta vez no invitamos a ningún artista para que ocupe todo el rango horario; terminará antes de la medianoche, para que quienes vienen de lejos puedan volver. Los menores de 8 entran gratis y las entradas se venden por RedTicket. Y que se preparen porque va a ser un show largo.

Temas

Más Leídas

Seguí Leyendo