¿Apología del delito o Libertad de expresión?. este es el debate que por estas horas llegó a los tribunales chilenos y discute la sociedad trasandina. Un artista acusado de promover la narcocultura y cuya primera medida legal fue evitar su participación en el histórico festival de Viña del Mar.
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La justicia chilena aceptó una acción legal presentada por políticos conservadores que busca impedir la actuación de Peso Pluma en el Festival de Viña del Mar. El músico mexicano, uno de los artistas más escuchados en el mundo en 2023, es señalado por sus críticos de hacer apología del narcotráfico en sus canciones y en su estética. Una acusación que no le impedirá ser uno de los números principales del legendario festival Coachella, en California, en abril próximo.
El periodista Leonardo Oliva analiza el fenómeno que lleva a preguntarse: ¿Dónde termina la libertad de expresión y comienza la apología del delito? ¿Qué tanto es aceptable la normalización social de una actividad ilegal como el narcotráfico?
Escribe Oliva : "La actriz colombiana Sofía Vergara estrena en estos días en Netflix la serie “Griselda”, que protagoniza en el papel de la “reina de la coca”. Los rostros de Pablo Escobar y Joaquín “El Chapo” Guzmán aparecen estampados en remeras que se venden en mercados de todo el planeta. Los narcocorridos del mexicano Peso Pluma, después del festival en Chile, estarán en el legendario Coachella, en California. Estos hechos tienen en común el fenómeno de la narcocultura, un producto que América Latina está exportando al mundo con un éxito sin precedentes. Y con mucha polémica. La fascinación de la industria cultural por los narcotraficantes no es nueva. “Scarface”, la película protagonizada por Al Pacino sobre un narco cubano en Miami, acaba de cumplir 40 años convertida en un clásico del cine. Y otro emblema —en este caso de la TV— es “Breaking Bad”, considerada una de las mejores series de todos los tiempos, que relata la historia de un mediocre profesor de secundaria que se convierte en un poderoso productor de metanfetamina.
En ambos casos se trata de producciones norteamericanas en las que lo latino aparece en los márgenes y con una connotación negativa. Pero ahora, esos marginales asaltan las pantallas y los escenarios del mundo mientras construyen una nueva narrativa alrededor del narcotráfico, en ocasiones rozando la apología.
Peso Pluma es el ejemplo más claro. “Y, bien forrados, los paquetes van / No hay pendiente, no puedo fallar / Siempre estoy listo para cruzar / Polvo, ruedas y también cristal”. El estribillo de su mega éxito “PRC” describe la actividad de un traficante promedio y lo cantan millones de personas, incluso niños. Por sus letras y su imagen (pasamontañas, autos caros, dentadura de diamantes), este artista de 24 años encendió la polémica en Chile tras ser confirmado como número estelar del Festival de Viña del Mar, organizado por la Municipalidad de esa ciudad costera".
Los "narcocorridos", ( el Corrido es un género musical mexicano) no son nuevos pero no han incursionado en el Río de la Plata, aunque la lista de nuevos cantantes argentinos que entonan otros ritmos y no solo cumbia villera, realizan una apología, un cierto culto al coraje, el consumo de alcohol , consumo de drogas blandas y el uso de armas en un clima altamente erotizado, por no decir pornográfico.
Los corridos nacieron a principios del siglo XX para celebrar a los héroes populares de la Revolución Mexicana. De ellos derivan los actuales “corridos tumbados”, cuyo éxito explica el escritor y periodista musical Oscar Adame, quien los ha estudiado en profundidad: “Los cárteles de drogas y demás grupos delictivos empezaron a utilizar este género musical para propagar sus propias noticias, para promover a sus propios héroes, para difundir sus valores. Los cárteles no pueden promocionarse en un diario, en un programa de televisión; pero sí pueden tener sus corridos, sí pueden tener su discurso boca a boca, sí pueden tener a Peso Pluma escribiéndoles sus canciones y a Natanael Cano presentándolas. Es querer que el pueblo los reconozca y que esté de su lado”.
Mientras transcurre un minúsculo debate y algunos iconos de la cultura como Fito Páez y Charlie García figuran como artistas faraónicos para los miles de jóvenes que consumen éstas músicas, empresarios productores, editores y difusores, amasan cuantiosas fortunas.
Pero Oliva señala con acierto un elemento que desde cierto pedestal intelectual, conservador y demagógico se quiere invisibilizar: "¿Pero cuánto hay de cierto en que la música de Peso Pluma romantiza o incluso glorifica a los narcotraficantes? En realidad este, el primer mexicano en alcanzar el número uno en el Top Global de Spotify, es junto a su colega Natanael Cano el último emergente de un género, los narcocorridos, de larga tradición en su país. Se trata de canciones que cuentan historias de antihéroes de clase trabajadora que pelean contra su inevitable destino: la pobreza y la muerte violenta. Solo les queda la alternativa de involucrarse en el tráfico de drogas ilegales hacia Estados Unidos, con su promesa de dinero fácil, del poder que dan las armas y del placer que ofrecen las mujeres".