La división del poder
Vivimos en una sociedad donde desde el principio de los tiempos las mujeres hemos sido vistas como prescindibles, sacrificables, sin voz, circunscriptas al ámbito privado y con una presencia en el ámbito público exclusivamente asociada a algunas tareas o profesiones cuidadosamente establecidas. La estigmatización, la desigualdad, la precarización de lo laboral y de nuestras vidas han sido constantes. Hay ciertas inercias inscriptas en todos los niveles sociales que nos colocan en situación de subordinación porque el orden patriarcal funciona como una estructura que se pretende inamovible por quienes lo sostienen. Los hombres pactan la división del poder. Y quiero dejar muy claro que no es esta una columna contra los hombres. No comparto la mirada de estar “contra” el género masculino en principio y fundamentalmente porque comparto el amor por el género humano en toda su dimensión con la profundidad más definitiva de la expresión. Todas las personas nos merecemos el mayor de los respetos y el goce de una vida digna por ser tales, más allá del sexo y el género que tengamos. También quiero contarles que he traído un hombre al mundo, soy hija de otro al que amé y cuidé hasta que dio su último suspiro y vivo con otro hombre con el que soy muy feliz desde hace más de treinta años. El amor dado y recibido me sobra y justamente es el motor para establecer las necesarias condiciones de igualdad que todos los humanos nos merecemos.