En otros casos menos majestuosos el tema del presupuesto y supuestos (y no tan supuestos) sobrecostos fueron encabezados de los diarios. Recordemos el Viaducto, por ejemplo. Una obra que se inició en 1960 y que culminó recién en 1971 durante la intendencia de Óscar Rachetti. Pasaron dos Consejos Departamentales, uno blanco y otro colorado, y lo terminó inaugurando un intendente que era tercer suplente y que, por las renuncias de Glauco Segovia y de Bartolomé Herrera, cortó la cinta. Hoy en día es una referencia del Paso Molino y los más jóvenes ni se preguntan sobre su funcionalidad ni sobre su costo.
El túnel de 18 de Julio y 8 de Octubre acarreó también críticas de todo tipo, muchas de ellas fundadas en realidades tangibles. Cuando se inauguró en 1961 se inundaba y no daba paso, los diarios fueron lapidarios. Pero esta obra comenzó en 1957 durante el gobierno colorado de Luis Batlle Berres, mientras Armando Malet era el intendente de la ciudad. La obra fue inaugurada durante el primer colegiado blanco, en aquel año con la titularidad de un herrerista, Eduardo Víctor Haedo. Las críticas arreciaron en un Uruguay que entraba en crisis lentamente, el modelo de sustitución de importaciones iba camino al precipicio y, con él, la sociedad toda. El costo estimado de la obra era de casi cuatro millones de pesos, pero se incrementó a casi el doble en los años de construcción.
Por aquellos años, en 1963 se planificó una obra monumental, un Palacio Judicial. En ese tiempo la ciudadanía había ratificado al partido blanco en el poder, pero en una extraña unión de los herreristas y la Unión Blanca Democrática, aquello era la Ubedoxia y Daniel Fernández Crespo era su líder. El proyecto quedó en eso, la crisis económica era indisimulable, la crisis social insuperable y la crisis política iniciaba sus momentos más álgidos. Se paró la obra. Y pasó el colegiado blanco y la elección del Gral. (Av.) Óscar Gestido y la muerte de Gestido, la asunción del vicepresidente Jorge Pacheco Areco, pasó la elección de Juan María Bordaberry y el golpe del 73 y pasó la destitución del dictador Bordaberry. Pasó Demicheli, Méndez y el Goyo Álvarez y la dictadura se fue. Pasó Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle y nuevamente Sanguinetti y pasó Jorge Batlle. Pasaron 46 años para que Presidencia lo adquiriera y en un año lo convirtiera en una Torre Ejecutiva de última generación, sede del Poder Ejecutivo. Es interesante como desde 1985 la sede del Ejecutivo era el irónico Edificio Libertad, obra monumental construida por la dictadura como sede del Ministerio de Defensa Nacional y que con el advenimiento de la democracia Sanguinetti decidiera tomarlo como sede de Presidencia.
Antel, siempre Antel
El Antel Arena no fue la primera construcción de este ente que genera críticas y desata polémicas. La misma discusión, funcionalidad y presupuesto. En 1997 comenzó la construcción de una torre monumental de 158 metros rodeada por otras construcciones. Presidía el país Julio María Sanguinetti y hacía lo propio en Antel el contador Ricardo Lombardo. Se ideó la torre y se escogió de forma directa al arquitecto Carlos Ott. Nadie puede negar hoy en día la monumentalidad de la torre y ya quedaron en el olvido las discusiones de aquellos años por el presupuesto. Se inauguró en 2002 durante la presidencia de Jorge Batlle, casualmente uno de los grandes detractores de la idea original. Fue justamente la lista 15 la que atacó ferozmente a Sanguinetti y a Lombardo por la construcción. Sin terminar completamente las obras, de cara a una de las crisis más grandes en la historia del Uruguay, se inauguraba este gigante que, según Carlos Gurméndez (a la postre presidente de Antel), había costado 102 millones de dólares. Esto generó un debate entre el presidente y el expresidente del ente. Mientras que Gurméndez blanqueaba los números a la opinión pública y sostenía que el presupuesto había crecido por dos, el contador Lombardo escribía en Búsqueda que el incremento había sido solamente del 18% o 20% y que la obra no había superado los 73 millones. Una discusión por momentos demasiado técnica sobre costos y precios de terrenos y costos fijos. Lombardo sostuvo que esa obra representó un porcentaje bajo de las ganancias del ente durante su gestión.
Esa torre estuvo en el ojo de la tormenta durante años, pero ya olvidada y tomada como parte del paisaje urbanístico dejó su lugar al Antel Arena y las mismas discusiones de antaño. Las obras y las críticas, dos caras de una misma moneda.