Suele decirse que los primeros 100 días de un gobierno son la luna de miel. Se cuenta para eso con que los ciudadanos que votaron al presidente aún continúan enamorados de lo que eligieron tres meses antes.
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En esos primeros 100 días, el gobierno tiene que responder a las promesas más urgentes, constituir su mejor equipo con sus mejores hombres, avanzar en el diseño del presupuesto del período que tiene por delante y fortalecer el apoyo de la ciudadanía, tan necesario cuando las cosas inevitablemente se pongan peor.
En esta oportunidad, el gobierno se propuso aprobar una ley de urgente consideración de 500 artículos que legisla sobre seguridad, educación, defensa, economía, finanzas, medioambiente, comunicaciones y tutti quanti. La ley va saliendo magullada, pero va saliendo y al gobierno le dará como para festejar la victoria. En realidad eso parece ser la política, una manera de convertir las derrotas en victorias.
Esta semana se cumplieron los primeros 100 días del gobierno que preside Luis Lacalle Pou y el Partido Nacional y la prensa hegemónica festejaron haber descubierto un líder que estaría por encima de las expectativas, un eximio surfista calculando cómo hamacarse en las olas más peligrosas, como lo describió un poco forzadamente el editorialista de Búsqueda.
Quienes ven el surgimiento de un estadista destinado a jugar un papel determinante en la historia del Uruguay moderno apuntan fundamentalmente a la conducción que hizo el gobierno de la crisis sanitaria provocada por la pandemia y al comportamiento epidemiológico de las infecciones por Covid-19 en Uruguay.
La afirmación de Lacalle Pou de que se haría cargo de lo que pasara en la eventualidad de equivocarse, mostró, sin duda, un carácter audaz y hasta temerario cuando en los primeros días, empujada por uno o más focos provenientes del exterior, la curva de infecciones crecía de manera exponencial.
El objetivo del gobierno, en ese momento, como lo proponía la OMS, era aplanar la curva, de manera que no colapsaran los servicios médicos y la curva aplanó.
Las medidas que se tomaron contribuyeron, sin duda, a que se fuera evitando la diseminación de los focos iniciales, se buscaron y se encontraron zonas de cooperación con la Academia y las instituciones científicas, se decretó la emergencia sanitaria, se fortaleció la capacidad de testear, se amplió la posibilidad de respuesta a las emergencias respiratorias, se cerraron las fronteras, se propusieron medidas para la higiene personal y el distanciamiento social, se suspendieron los cursos presenciales en todas las ramas de la enseñanza, se suspendieron los espectáculos públicos y se adoptaron disposiciones laborales como el adelantamiento de la licencia en la construcción, la licencia por enfermedad para mayores de 65 años y la instalación del seguro de paro parcial.
Se contó para todo esto con una oposición muy responsable que hizo propuestas razonables y oportunas que no siempre tuvieron respuesta, con un sistema de salud universal, con gremiales médicas y de funcionarios de la salud muy capaces de enfrentar los riesgos sin escatimar esfuerzos, con entidades científicas muy capacitadas, con condiciones para proponerse un plan de educación a distancia, con maestros y profesores muy dispuestos a enseñar y aprender en esas difíciles condiciones, con un sistema previsional fortísimo y un Estado presente y sólido.
También con una población educada, serena, respetuosa de las recomendaciones y segura de que no se trataba de hacer política, sino de activar la solidaridad, preservar la integridad de la sociedad y la convivencia pacífica entre los uruguayos.
El resultado, hasta ahora, fue bueno. La epidemia parece controlada y el sistema de salud, preparado para situaciones más graves que nunca deben menospreciarse, máxime que estamos en una zona del mundo donde la epidemia aún está en sus fases más peligrosas.
Los medios hegemónicos, la mayoría de las empresas consultoras de opinión pública que dependen de las contrataciones del Estado y el propio gobierno presentan un balance muy positivo de la gestión y especialmente de Lacalle Pou en estos tres meses que representan el 5% de su gestión.
Sin embargo, hay otra mirada de los que no se tragan tan fácilmente la pastilla. En tres meses se aumentaron sin necesidad las tarifas de las empresas públicas, se aumentó el IVA mediante el abatimiento de los descuentos que se hacían a las compras con tarjeta, fueron al seguro de paro 200.000 trabajadores, aumentó la pobreza, la desocupación, el dólar y la inflación y el gobierno amenaza con pautas salariales que significan una pérdida sensible del salario real y las jubilaciones.
La gente sufre los aumentos de precios que se producen todos los días, se espera que al vencer los plazos del seguro de paro, numerosos trabajadores sean despedidos; analistas pronostican 200.000 pobres más a fin de año y el gobierno prepara un proyecto de presupuesto muy austero que satisfaga a las calificadoras de crédito de manera de preservar el grado inversor. Dentro de unos meses se va a sentir que el dinero escasea aun más y que habrá que ajustarse el cinturón porque el nivel de vida de los trabajadores y jubilados y especialmente la parte más humilde de la sociedad se van a ver muy afectados.
Cuando ese momento llegue, desgraciadamente más temprano que tarde, vamos a sufrir todos, trabajadores, empleados, comerciantes, profesionales, cuentapropistas, jubilados, pequeños y medianos empresarios de Montevideo y del interior, pequeños productores agropecuarios y especialmente las mujeres solas y con hijos, los jóvenes, los afrodescendientes, los discapacitados y los niños, que son los más vulnerables de la sociedad toda.
Mientras tanto, el presidente continúa sin poder llenar los cargos de dirección de las empresas y organismos públicos evidenciando que no estaban preparados para gobernar. Para colmo, todas las semanas el gobierno destituye a uno que había nombrado unos días antes, o porque no le gustaba al presidente o porque se descubre algo que el nombrado había ocultado, o porque alguno dice una imbecilidad que ni el estómago de la coalición multicolor puede tolerar.
Cuando se anuncia la primera crisis de gabinete y se difunde que Ernesto Talvi va a renunciar al Ministerio de Relaciones Exteriores y se va a dedicar a otra cosa, que no va a ser senador ni secretario del Partido Colorado, se evidencia que todo esto que nos gobierna, lo que Mauricio Rosencof define como una agencia de publicidad, en realidad está pegado con moco.