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Política Cipriani | proyecto | conflicto

caminos cruzados

Cipriani, Criba y el Gran Bonete

Cipriani anunció que estudiaba la posibilidad de cambiar la empresa constructora, algo que no parece tan sencillo porque hasta podría terminar en un largo juicio que paralice todo el proyecto.

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Caras y Caretas Diario

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A un fin de semana cargado de comunicados cruzados entre el Grupo Cipriani y la constructora Criba le siguieron una serie de reuniones con autoridades y el Sunca. El domingo, la empresa de seguridad contratada por Criba le impidió a Cipriani acceder a la obra. Aún no se sabe cómo continuará la obra, pero, según lo anunció, el empresario italiano solicitará los permisos para operar otro casino en el ex Mantra.

Tenía razón el ministro Gabriel Oddone cuando dijo que “los únicos que no iban a pedirle nada eran los niños que viven en los cantegriles”, mientras acusaba a los empresarios de “actuar con cinismo cuando reclamaban bajar el costo del Estado pero después están acá pidiendo cosas para ellos”.

El caso de Giuseppe Cipriani es ilustrativo porque lo que todos reconocen como un conflicto empresarial por problemas de atrasos y liquidez va a terminar en la oficina de Oddone pidiendo más permisos a pesar de los múltiples incumplimientos.

Hace 15 días Cipriani anunció que el nuevo Hotel San Rafael y el casino no serían inaugurados en la próxima temporada sino dentro de un año. La novedad impactó negativamente tanto en el Gobierno departamental como en el sector turístico.

Como este anuncio se hizo en medio del extenso conflicto que mantenía el sindicato de la construcción con todo el sector empresarial, varios operadores turísticos y políticos de la oposición se apresuraron a culpar al Sunca por la demora.

Pero el martes de la pasada semana, y en una audiencia realizada en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, surgió la verdad: Criba dijo que no estaba en condiciones de continuar financiando la obra, y por lo tanto mandaría a todos los trabajadores al seguro de paro.

Cipriani los desmintió diciendo que “no había atrasos financieros y que la empresa venía incumpliendo con los plazos desde hace casi un año”.

Siempre mediante comunicados, Criba aseguró que “las demoras se debían a los múltiples cambios solicitados por Cipriani”. La empresa aseguró que la obra se estaba financiando con metros cuadrados a precio diferencial, pero llegó un momento en que le era imposible sostener ese sistema.

Nadie mencionó cifras ni Cipriani desmintió a Criba. Solo se limitó a asegurar que “el proyecto estaba al día con todos sus compromisos y no tenía problemas de dinero”.

El edificio del nuevo Hotel San Rafael está casi pronto y se trabaja en los interiores. Mientras, la primera de las tres torres que prometió construir en el mismo predio salió de la fundación y comienza a elevarse. Una fuente de la empresa dijo a Caras y Caretas que “el método de construcción era muy novedoso porque no hay un proyecto de tal magnitud en el país. Solo las fundaciones de la primera torre exigieron una inversión de 15 millones de dólares”.

En noviembre del 2024, mientras la obra comenzaba su desarrollo, Cipriani adquirió el ex Hotel Mantra, ubicado en Manantiales, por 45 millones de dólares, y lo rebautizó Locanda. Dos fuentes muy cercanas al empresario aseguraron que “como parte de pago comprometió la entrega de uno de los penthouse en la torre 1”, que vale entre 17 y 19 millones de dólares, según el metraje.

Según anunció, allí funciona la escuela de profesionales del Casino, además de todo el resto de funcionarios que trabajaran en las diferentes áreas del proyecto bajo el estilo requerido por la empresa. Unos 300 jóvenes ya formados tenían la esperanza de comenzar a trabajar en el casino San Rafael para la próxima temporada.

En el ex Mantra había un casino instalado que Cipriani reformó y equipó a nuevo, sin que se conozca el monto de la inversión.

Curiosamente, y en medio del conflicto con Criba, el empresario italiano “recordó” que le debía a la Intendencia de Maldonado unos dos millones de dólares por Contribución Inmobiliaria correspondientes a Locanda, y los pagó.

Cipriani anunció que estudiaba la posibilidad de cambiar la empresa constructora, algo que no parece tan sencillo porque hasta podría terminar en un largo juicio que paralice todo el proyecto. En una reunión que mantuvo con la directiva del Sunca, les aseguró que “la semana próxima las obras continuarán y los 600 trabajadores enviados al seguro de paro volverán a ser retomados”.

A principios de esta semana, él y su abogado, Pablo Monsuárez, se reunieron con el intendente Miguel Abella “para darle explicaciones por las demoras y asegurarle que el proyecto continuaría según lo acordado”.

Pero algo más le pidió que Abella no reveló, pero éste le dijo que “eso era de exclusivo resorte del Poder Ejecutivo”.

¿Qué quiere Cipriani? Que el Gobierno central le habilite el funcionamiento del casino ubicado en el ex Mantra para que “no se corten las expectativas de los 300 jóvenes profesionales que esperaban comenzar a trabajar en la temporada próxima”.

Las sucesivas demoras del proyecto

En febrero del 2018 Cipriani compró a Yolanda Manoukian de Merlo el hotel y todo los terrenos aledaños por 50 millones de dólares. Aunque aseguró que mantendría el edificio original, a principios del 2019 lo demolió por completo alegando su mal estado edilicio.

El proyecto arquitectónico de las torres sufrió varias modificaciones desde sus inicios. En el último modelo y tercer proyecto presentado, se sustituyeron las dos torres horizontales (denominadas popularmente como “matracas”) por una gigante de 237 metros, altura que por la normativa no está permitida en la zona, por lo que el proyecto debió pasar nuevamente por la Junta Departamental de Maldonado para que se aprobara la excepción a la norma. Sorpresivamente, y sin que el empresario lo pidiera, la mayoría nacionalista le autorizó llevar la altura hasta los 260 metros.

La licencia otorgada por el Poder Ejecutivo al Grupo Cipriani (a través de la firma Fosara S.A.) para operar un casino privado en el complejo del ex Hotel San Rafael es por un plazo de 20 años. Este período de explotación comienza a contar recién a partir de la finalización total de las obras del emprendimiento.

El 28 de enero de 2022, al filo del plazo otorgado, Cipriani se presentó y firmó. El entonces ministro de Turismo, Tabaré Viera, había señalado que, si no había firma, "seguramente caerá la concesión". Y lo peor era que, si no había casino, tampoco habría torres ni hotel, porque el viejo ya había sido demolido.

La licencia para operar el casino fue adjudicada por el Gobierno de Luis Lacalle Pou en diciembre de 2020 a Fosara S.A. Estaba condicionada a la construcción de un hotel de lujo en el terreno donde se encontraba el Hotel San Rafael.

La inversión acordada era de 450 millones de dólares, con una generación aproximadamente de 800 puestos de trabajo.

En el 2020, la pandemia cambió los plazos y acentuó los problemas de Cipriani, que incluso estuvo “desaparecido” casi un año, originando la preocupación de las autoridades departamentales.

Debió rediscutir los detalles económicos y los plazos originales aprobados por la Junta Departamental de Maldonado ante la nueva realidad mundial.

El grupo solicitó extensiones de plazos a la Administración departamental para poder cumplir con las etapas requeridas sin caer en incumplimiento del aval de la construcción.

Finalmente, las obras comenzaron en octubre de 2023 y la inversión se estimaba en unos 700 millones de dólares que incluyen hotel, casino, restaurantes, espacios comerciales y tres torres residenciales.

Cuando en mayo del 2018 presentó el proyecto, Cipriani anunció que contaba con 170 millones de dólares propios para una inversión que entonces estimaba en 450 millones de dólares. El resto, según él, saldría de la venta en el pozo. Pero eso no fue tan sencillo, y en el 2025 gestionó una financiación de 190 millones de dólares de los fondos Beach Point Capital y Sparta Capital.

A eso se suma ahora el anuncio de una emisión privada de deuda de hasta 20 millones de dólares, destinada a continuar la construcción de la primera torre. Pero para esta emisión debe gestionar la autorización del BCU, algo que aún no habría ocurrido.

El conflicto hoy

Cipriani acusa a la constructora argentina de “incumplimiento de contrato” y demoras acumuladas. Criba rechaza tajantemente estas fallas y defiende su gestión operativa de alta complejidad.

La constructora reclama una deuda pendiente de unos 9 millones de dólares. Por su parte, el entorno de Cipriani afirma haber adelantado 7 millones de dólares y decidió retener los pagos siguientes ante la lentitud de los avances.

La parálisis escaló al punto de que guardias de seguridad de Criba impidieron físicamente el ingreso de Cipriani al predio para inspeccionar la zona, obligando al empresario a saltar las vallas y contratar su propia custodia.

Aunque las negociaciones del Consejo de Salarios y las medidas del Sunca Maldonado sumaron días de asamblea, el sindicato, fuentes empresariales y hasta el intendente Abella coinciden en que la conflictividad laboral no fue la causa principal, sino un factor que achicó márgenes que ya eran críticos.

600 obreros de la construcción son rehenes de la disputa empresarial. Cipriani anunció que busca la forma de cambiar la empresa constructora.

¿Qué más quiere?

En los próximos días, Giuseppe Cipriani se reunirá con el presidente Yamandú Orsi. Lleva una lista de pedidos. Pretende que se le autorice en forma provisoria la operación del casino instalado en Locanda (ex Mantra). Volverá a insistir con “la imperiosa necesidad” de que se autorice el juego online. Y seguramente también solicitará que el BCU le autorice la emisión de bonos privados por 20 millones de dólares.

Da la impresión de que está “rascando el fondo del tarro para obtener cualquier monedita” que le permita seguir con el proyecto. Porque la venta en el pozo no ha funcionado como creía.

“El Gran Bonete busca una moneda”, decía el tradicional juego infantil, y preguntaba: “¿Quién la tiene?”.

Finalmente, Oddone tenía razón, todos menos los niños terminan en su despacho.