Hoy, jueves 25 de mayo, se presenta en la Fundación Fucac, el nuevo libro de Marcia Collazo, Te acordarás de mí/Amores y desamores de la historia uruguaya (Banda Oriental, 363 páginas), actividad de la que participarán la autora y Mario Delgado Aparaín. El libro, centrado en la vida de mujeres que acompañaron o inspiraron a hombres relevantes de nuestra historia, evoca los amores o vinculaciones entre: el general Aparicio Saravia y su esposa Cándida Díaz; entre el escritor Juan Zorrilla de San Martín y sus dos esposas, las hermanas Elvira y Concepción Blanco Sienra; los pintores Carlos Federico Sáez y una joven italiana y Cabrerita y sus niñas rubias; el empresario, megaconstructor y alquimista Francisco Piria y Carmen; la trágica historia de Carmen Rodríguez Larreta y Adolfo Latorre; la del escritor Juan José Morosoli y Luisa Lupi, y las historias de los músicos Rina Massardi, Carlos Gardel y Becho, el del violín inolvidable. Como es previsible, en el relato de estas pasiones se cruzan otras numerosas personalidades relevantes y las más diversas circunstancias y resultancias colaterales que impactaron en nuestra historia e incluso en nuestra identidad como nación. En relación al tema vinculante, el amor, la escritora ha declarado agudamente: “La idea de este libro nace de una pregunta que siempre me hice: ¿hasta dónde influye en el destino humano ese sentimiento complejo que llamamos amor? No hablo de la simple elección de pareja, sino de las consecuencias y el impacto de esa elección, no solamente en la vida íntima, sino también en la sociedad e incluso en la cultura. Me propuse indagar en las vidas de ciertos uruguayos que han dejado una obra, una semilla fecunda en los más variados territorios del arte y de la acción humana, y quise saber hasta qué punto su vínculo afectivo logró –o no– transformar algunos aspectos de su destino y de su misma obra. O sea que el libro pretende ser un ensayo literario en el que yo misma, en tanto escritora, decidí involucrarme”, agregando sugestivamente que “también mi propia vida se desnuda ahí, en más de un aspecto, en una especie de juego que se relaciona con las escrituras del yo”. Preguntada si es un libro de amor y desamor o hay algo más, la múltiple narradora responde: “Yo diría que hay mucho más; hay interpretación, un poco de historia, un poco de leyenda, un poco de humor y hasta un poco de filosofía. Pero, de todos modos, la apuesta a introducir el amor y el desamor en un ensayo, una crónica o una ficción literaria basada en biografías, resultó ser alta. Me di cuenta de que el tema del amor se soslaya, se rodea de una especie de pudor que la literatura debería desacralizar, porque en definitiva ella se nutre de ese universo complejo al que llamamos esencia humana. Y en la esencia humana está el amor, sin la menor duda. Roland Barthes dice que el discurso amoroso “está completamente abandonado por los lenguajes circundantes: o ignorado, o despreciado, o escarnecido por ellos”. La nota de la editorial señala acertadamente que “la autora maneja, entreteje y reinventa de manera magistral los géneros narrativos en Te acordarás de mí. Marcia Collazo camina al borde de la filosofía mostrando que toda biografía posee su lado de peripecia y de silencio; recuperando vivencias y planteando al lector un fascinante juego de espejos explorando un mundo poblado de poderosos y ambiguos personajes de los cuales creíamos saberlo todo”. Como si no saltara a los ojos de lector (que encontrará una minuciosa, rica y valiosa bibliografía al final de cada capítulo), Marcia señala que “la investigación histórica fue profunda y en ciertos casos problemática por los vacíos y la vaguedad de la información. Pero mi objetivo era muy claro; se trataba de introducir un estilo literario propio y de mostrar algunas facetas de mi propia vida a los lectores a través de rememoraciones de etapas y circunstancias de mi existencia que, de un modo u otro, me vincularon a estos personajes. En suma, disfruté muchísimo escribiendo este libro, y un poco también lo padecí. Pero el saldo sigue siendo maravilloso”. No le quepa ninguna duda al lector. Marcia nos ha acostumbrado gratamente a tomar el sentimiento primordial de la especie humana como base de sus libros, entre los que se cuentan los poemarios A caballo de un signo (AEBU, 2004); Alguien mueve los ruidos (Estuario, 2010); las justamente celebradas novelas Amores Cimarrones/Las mujeres de Artigas (Banda Oriental, 2011) y La tierra alucinada: Memorias de una china cuartelera (Banda Oriental, 2012); los cuentos de A bala, sable o desgracia (Banda Oriental, 2014) y el ensayo Seguirte el vuelo: amores y desamores de la historia uruguaya (Banda Oriental, 2015). Una obra ya descomunal y multipremiada (a la que deben sumarse sus ensayos académicos y sus artículos periodísticos), a la que ahora se acerca el nuevo opus. La escritora y sus circunstancias Marcia Collazo Ibáñez nació en Melo, Cerro Largo (señal nada desdeñable para quienes conocen nuestra realidad nacional y saben que ese departamento ha sido comparado con el “sur profundo” de Estados Unidos por la fiereza de las personalidades que ha engendrado); padeció una infancia y juventud difíciles. Es doctora en Derecho y Ciencias Sociales egresada de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, profesora de Historia egresada del Instituto de Profesores Artigas y cursó estudios de posgrado en las dos carreras. Además de narradora, ensayista y periodista (es una destacada compañera y columnista de esta casa), es docente en los cursos de Historia e Historia de las Ideas en América en el Instituto de Profesores Artigas y profesora de Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República. También ha publicado numerosos ensayos y artículos académicos en diferentes áreas. Recibió en 2011 y 2012 el Libro de Oro otorgado por la Cámara Uruguaya del Libro, que corresponde al autor nacional que vendió más libros de ficción en dicho año, el premio Revelación Bartolomé Hidalgo y el Premio Mujer de Año en el capítulo Literatura. En 2015 recibió el Primer Premio del Museo de la Memoria otorgado por el Ministerio de Educación y Cultura y ese mismo año ganó, con su cuento ‘Tremendo pozo’, el concurso Nibia Sabalsagaray y recibió el premio Morosoli de Plata en el rubro Narrativa. Su obra poética y narrativa fue premiada en varias ocasiones por la Intendencia de Montevideo, el Ministerio de Educación y Cultura, la Universidad de la República y la Casa de Escritores del Uruguay. Sus textos han sido publicadas en Argentina, Cuba, España y Francia. Como se ve, una trayectoria también apabullante, entretejida con un torrente de circunstancias significativas.
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Una vida familiar apasionante
Como se ha dicho acertadamente, “la irrupción de Marcia Collazo Ibáñez fue un verdadero acontecimiento en la literatura uruguaya de los últimos años”. Ella misma dice que en su narrativa ha puesto mucho de su vida, lo cual es inevitable, pero que en este caso nos trae historias también significativas. En una de sus últimas columnas en Caras y Caretas, titulada ‘Enseñanzas de vida: de caminantes y peregrinos’, señala: “En mi infancia yo vivía en una chacra rodeada de montes [ubicada en el barrio Las Delicias, Lavalleja, N. de R.]. Al fondo había un amplio sector de huerta, que abarcaba por lo menos media cuadra, y más allá una zona de árboles frutales. Recuerdo las tangerinas –que por entonces no me gustaban–, las ciruelas y los higos. Cuatro o cinco higueras retorcidas se disputaban una pequeña área, que a mí me parecía enorme como una cancha de fútbol, y allí mis hermanos y yo solíamos pasar las horas de la siesta, trepados a las ramas, hartándonos de devorar higos que nos dejaban la boca y las manos pegajosas y cubiertas de una pátina verdosa”. Esa felicidad, completada por la presencia de dos padres excepcionales a los que enseguida nos referiremos, tuvo un brusco vuelco: “El alud de la dictadura, caída sobre nuestras espaldas con la furia de cualquier catástrofe de lodo, nieve, sangre y tortura, nos pasó por encima y arrasó a su paso con la chacra, la familia y casi todas esas cosas que representan el amor, el calor del hogar, la estabilidad y la cordura. Mi padre fue uno de los muchos presos políticos. Él y mi madre fueron puntualmente destituidos de sus puestos efectivos como docentes de Historia y de Literatura, por el sólo delito de pensar, y con lo poco que pudimos rescatar corrimos a guarecernos en la casa de la playa, único bien que sobrevivió al desastre”. Refiriéndose al peregrino del título, al que no volvió a ver, Marcia Collazo reflexiona hacia el final del relato: “Me habría gustado decirle a Félix que, después de todo, él me dejó una gran enseñanza. Que aprendí a hacer noche en cualquier lado, y a ser feliz con eso. Dicho de otro modo, que sobreviví a la dictadura, y al terremoto que marcó el fin de mi infancia, y a todas mis edades, con su correspondiente carga de felicidad, de lucha y de tragedia. Decirle que esa es la enseñanza del camino –¿no es verdad, Félix?– y que eso es lo que hace de cada uno de nosotros un peregrino. Porque como dijo Antonio Machado: “Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”. Marcia Collazo Ibáñez es hija de Suleika Ibáñez y de Vladimiro Collazo. Suleika (Montevideo, 1930-2013), fue escritora, dramaturga, poetisa, ensayista, traductora y profesora de Literatura en las ciudades de Minas y Melo, en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) y en la Universidad Católica de Montevideo, entre otras instituciones. Era hija de dos notables intelectuales de la época, Roberto Ibáñez y Sara de Ibáñez. Recibió innumerables premios por sus obras, entre las que se destacan: Herrera y Reissig, su vida y obra (1975), Feliz Año Nuevo (1985); Homenaje a Jean Genet: nuestra Señora de las Flores (1989); Retrato de bellos y de bestias (1989); El Jardín de las Delicias (1991); Experiencias con ángeles y demonios (1993); La hija del molinero y otros cuentos de fantasmas (1998); Galia, con quien tanto quería (2002), libro en el que expresó su profundo dolor por la muerte en plena juventud de su hija menor, Galia, manifestando su rebeldía con estas palabras: “Mírame Dios, atrévete si puedes”. En su hogar, Suleika pudo frecuentar, con sus hermanas Ulalume y Solveig las tertulias literarias realizadas en su hogar con participación de intelectuales de la talla de Pablo Neruda, Octavio Paz, Gabriela Mistral y Rafael Alberti. Las tres hermanas siguieron el camino de sus padres, dedicándose a la escritura y la docencia, que practicó incluso en un taller de creación literaria en la década de 1970, en plena dictadura militar, cuando la necesidad de libertad se manifestaba también en “el anhelo de propuestas educativas, de escribir y expresarse, de compartir, aprender y crear, como un desafío a la represión dictatorial que pretendía perseguir y silenciar”. Suleika Ibáñez analizó la obra de su madre en un ensayo: Poesía y alucinación de Sara de Ibáñez. Dedicó otro a El amor y la muerte en la poesía de Juana de Ibarbourou, así como un trabajo a la obra de César Vallejo. El padre de Marcia, Vladimiro Collazo (Melo, 1933-2016), fue un destacado artista plástico en cuya obra se nota la influencia de Joaquín Torres García, con uno de cuyos hijos trabajó. En su blog escribió: “Su obra está abocada al estilo de la pintura matérica. Desde el comienzo de la filosofía, y en casi todas las culturas, se encuentra este concepto vagamente formulado como lo que permanece por debajo de las apariencias cambiantes de las cosas de la naturaleza. La pintura matérica es abstracta. Se realiza con materias diversas a las tradicionales, tales como arena, arpillera, chatarra, harapos, madera, serrín, vidrio o yeso. Además, el artista actúa sobre la obra destruyéndola en parte con cortes, perforaciones o desgarrones. El colorido es variado. La composición se diferencia entre zonas con materia y zonas de no materia”. Fue asimismo profesor de Historia e Historia del Arte en enseñanza secundaria y en el Instituto de Formación Docente, donde dictó clases de Historia del Arte y Plástica. En 1953, tras pasar por los talleres de Edgardo Ribeiro (1947), en Minas, y de Alceu Ribeiro (1951), en Montevideo, ingresó al Taller Torres García, donde fue alumno de Augusto Torres. En 1957, con el plástico Juan José Oreggioni, construyó un mural en el aeropuerto de Asunción del Paraguay. Fue por más de cinco años preso político de la dictadura militar. Marcia recuerda el día del regreso; al bajar, notoriamente enflaquecido, del ómnibus de Onda que lo trasladó a su hogar, saludó y sonrió, con lo cual mujer e hijas pudieron observar que le faltaban varios dientes. En 1986 expuso en la galería de la Alianza Francesa de Montevideo y desde entonces participó en numerosas exposiciones y otras actividades artísticas. Entre 1992 y 1994 se desempeñó como director de Cultura de la Intendencia de Cerro Largo. Entre 1990 y el 2008 dictó clases de Dibujo y Pintura en la Casa de La Cultura de la Intendencia de Cerro largo, orientó el Taller “Núcleo” y expuso en Melo, Piriápolis y Pan de Azúcar. En 1994 expuso con otros artistas de Cerro Largo en el Edificio Libertad, invitado por Presidencia de la República. Sus obras integran colecciones privadas en Francia, Holanda, Alemania, Brasil, México, Cuba y Uruguay. Realizó óleos para tapas de libros sobre la obra de Horacio Quiroga y otras personalidades del arte para varias editoriales. De este enorme árbol tan frondoso, cargado de dulces higos y también de muy dolorosas espinas, nos llega la narrativa exasperada, violentamente dulce, como su Melo natal, de Marcia Collazo. A disfrutarla.