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Editorial

SI HAY MUCHOS QUE QUIEREN DIALOGAR, DIALOGUEMOS

Blindar a Luis

Por Alberto Grille.

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Caras y Caretas Diario

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El miércoles escuché las palabras de Luis Lacalle Pou en su anunciada conferencia de prensa.

No quisiera escribir al día siguiente porque no me gusta hacerlo enojado.

Curiosamente, en forma simultánea se divulgó una encuesta de Equipos Consultores que informa que el 58% de los uruguayos apoya la gestión del presidente.

En casa me dicen por enésima vez que no debo creer en las encuestas, que sé que Equipos Consultores trabaja para el gobierno, que Ignacio Zuasnábar, su director, asesora la comunicación del Lacalle y que César Aguiar, el fundador de Equipos, ya murió y los muertos se recuerdan y se añoran, pero ya no opinan.

Si todo Uruguay está mal de la cabeza y sin trabajo, en seguro de paro, cerrando el quiosco o el boliche del cuál vivían y contando los amigos que se infectan con covid-19 y aún consideran que la gestión de Lacalle es buena, no hay mucho más para escribir.

El presidente ayer se parecía como nunca a Pompita, puro humo, un orate soberbio y vanidoso en una burbuja, ignorando la realidad que le revienta por todos los costados, cortando amarras, ignorando los llamados a dialogar de la oposición y las demandas de sus propios aliados de buscar acuerdos que permitan enfrentar la tragedia sanitaria que vivimos y el drama económico a que ha conducido el ajuste implacable que promueve el equipo económico y el grupo que rodean al presidente.

El gobierno lleva un año de gestión, los números de la economía no pueden ser peores, desde el punto de vista sanitario la pandemia está haciendo estragos con la población que tiene 4.000 infectados por día y más de 30 muertos, con las instituciones prestadoras de salud, con el personal de la salud médico y no médico y con la salud de los usuarios a los que se les postergan las consultas, las cirugías y los tratamientos.

No hay mucho más para decir, hay 100.000 pobres más, la masa de pobres crece todos los días y el gobierno dice que no va a hacer nada más porque no se puede gastar más.

Es más, tampoco puede hacer nada más para restringir la movilidad y además hace responsable a la gente de lo que pase. El gobierno se aparta y Lacalle también se aparta de la realidad.

Ya ni siquiera dice que se hace cargo porque todos vemos que no se hace cargo de nada.

¿Qué más se puede decir que advertir que si el presidente no dialoga, va al despeñadero? ¿Qué se puede abundar si la oposición le está tirando un salvavidas y él prefiere ahogarse? ¿Qué se puede hacer sino apoyar a Manini cuando pide una instancia de diálogo plural y sin exclusiones y a Sanguinetti cuando reclama no solo una oportunidad de conversar en la cúpula de la coalición gobernante, sino un espacio en el cual dialogar con la oposición, que mal o bien representa la mitad del país?

Muy poco más. Solo repetir hasta el cansancio que la salida dialogada y el acuerdo nacional serían el camino menos doloroso de la reconstrucción después de la tragedia inevitable a la que nos condujo la pandemia, los cambios que se aceleraron en el mundo y el fanatismo de Lacalle Pou que traerá más pobreza para los uruguayos y más desigualdad.

Desgraciadamente hay mucha división y mucho perfilismo en estos tiempos y no es fácil crear un encuentro de diálogo con un mínimo de confianza entre los interlocutores eventuales.

No va a ser fácil, además, porque Lacalle Pou es muy reaccionario.

Es tan reaccionario que hasta Sanguinetti se despega. ¿Alguno duda que si hubiera vivido en la Edad Media hubiera apoyado a la Inquisición contra la brujería, en la Revolución francesa hubiera sido partidario de su tocayo Luis XVI, en 1810 hubiera estado contra Artigas y con el rey de España, en el fin del siglo XIX contra la escuela pública y laica, en el comienza del siglo XX contra Batlle y el batllismo, en 1930 habría sido de los que apoyaron al dictador Gabriel Terra y en 1973 hubiera integrado, como su correligionario el herrerista Martín Echegoyen, el Consejo de Estado?

Es tan reaccionario como su padre, que saludó al franquismo y enfrentó a Wilson Ferreira.

Este muchacho apoyó a Bush contra Obama y a Trump contra Biden.

Es tan reaccionario que es aliado de Bolsonaro y en su país está contra las empresas públicas, contra el aborto, contra el matrimonio igualitario y las 8 horas para los trabajadores rurales.

Yo le preguntaría a Sanguinetti si Lacalle está en su familia ideológica.

Sin embargo, yo creo que vale la pena hacer un esfuerzo porque el presidente está bastante aislado y es muy obcecado y está haciendo disparates o no haciendo lo que parece necesario y la inmensa mayoría reclama; nos conduce a un desastre.

Y no será fácil ni indoloro salir del desastre del que muchos no se podrán reponer.

Tal vez, lo mejor es blindar a Luis, dejarlo discurrir en su burbuja y procurar encontrar esos espacios de responsabilidad social y patriotismo que muchos proponen y que tal vez sea difícil construir.

Tengo el pálpito de que hay campo para avanzar y voluntad en algunos interlocutores de muchas tiendas de intentarlo.

De pronto aún es posible, aunque está siendo muy doloroso. Cada día se agranda la pila de cadáveres que nos convoca a dejar a un lado algunos egoísmos y a buscar encuentros.

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