En las últimas semanas el Gobierno presentó un plan nacional de seguridad pública a diez años y una estrategia nacional sobre la situación de calle. Las dos iniciativas, largamente esperadas por la gente y cuidadosamente construidas en lo que va del mandato del presidente Orsi, abordan problemáticas que se encuentran en los primeros lugares de la lista de preocupaciones y demandas de la ciudadanía que se tienen que atender, pero también entre los temas más difíciles para cualquier gobierno.
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Las iniciativas parecen estar bien orientadas, en la medida en que son estrategias integrales que no ceden al griterío ni a la demagogia, buscan atender las causas, sin descuidar la actuación sobre los problemas ya evidentes, pero no se basan sólo en la represión y el encarcelamiento, en el caso de los delitos, ni en la internación compulsiva o el ocultamiento de las personas que viven en las calles de nuestro país, especialmente en el área metropolitana y en la capital.
Sin embargo, son planes que deberán ser acompañados de recursos económicos, respaldo político y gestión de primer nivel si realmente queremos que los problemas comiencen a resolverse o que, por lo pronto, no continúen agravándose. De acuerdo a los datos oficiales, la situación de la seguridad viene mejorando, y aunque es necesario ver que las tendencias se consoliden, parece que la opinión pública ya está registrando esos avances y lo hace sentir en las encuestas. Pero en lo que respecta a la situación de calle, estamos, probablemente, en la peor situación en décadas y si, como informa el Gobierno, en muchas ocasiones la calle es el derrotero de los que egresan de la privación de libertad, el panorama seguirá empeorando en virtud de la barbaridad de personas en prisión, que crece a un ritmo neto de mil individuos por año.
Por lo pronto, ha trascendido que el Ministerio de Economía no tiene espalda para mejorar las asignaciones en la rendición de cuentas y que es posible que tengamos una rendición de gasto cero o, como algunos lo llaman, una postergación del gasto. De acuerdo al ministro de Desarrollo Social, Gonzalo Civila, los recursos con los que cuenta el Mides son suficientes porque, además, la compleja red interinstitucional que debe actuar para atacar todas las aristas hace que no caiga el presupuesto de una cartera sola. Pero, de todos modos, es complicado imaginar una política ambiciosa que pasa de un abordaje estacional de la situación de calle a un programa de todos los días sin que se le asignen nuevos recursos, aunque las mejoras en la gestión puedan y deban jugar un papel.
El Gobierno debe tener presente que para resolver este tipo de problemas es que la gente lo votó, y ello aunque, a todas luces, se aparte del universo de las cosas simples. De manera similar, las propuestas que se pongan sobre la mesa cuando culmine la sistematización del diálogo social también tendrán que ser profundas, ambiciosas y contar con recursos y con calor político. Porque las pequeñas cosas cambian vidas concretas, pero las grandes también y, si no, hay que desestimar la importancia de bajar el tiempo de trayecto de las líneas de ómnibus, tampoco hay que soslayar la trascendencia de la edad de retiro o mejorar la distribución de la riqueza.
En este caso, y hay que decirlo, el Gobierno presentó dos proyectos relevantes en pocos días y alcanzó respaldo legislativo para una iniciativa tan removedora como la ley de eutanasia. Se propone, además, reformar y mejorar sustantivamente el Código del Proceso Penal y presentó en el Parlamento el proyecto de creación de la Universidad de la Educación. Son todas propuestas significativas que ya le empiezan a dar color a esta legislatura y a esta gestión que, por el momento, no brilla por su audacia ni goza del apoyo entusiasta de la gente. Ojalá el rumbo apunte hacia este tenor de transformaciones y ojalá no se afloje en la búsqueda de asignar recursos y de obtenerlos, revisando, entre otras cosas, cuánto contribuyen los que más tienen mediante instrumentos que existen, como el impuesto al patrimonio. Queda mucho tiempo y es posible volver a enamorar a la gente, pero es necesario coraje, audacia y coherencia.