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Día de la Madre |

tradición

Día de la Madre: con menor peso relativo, sigue siendo un destacado comercial

Esta celebración claramente de carácter comercial pero profundamente arraigada en la cultura se mantiene como el principal motor de ventas del primer semestre.

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El Día de la Madre vuelve a posicionarse como una de las fechas comerciales más relevantes del año, solo por detrás de Navidad y, en algunos casos, incluso superándola en dinamismo. Sin embargo, los tiempos cambian: la creciente competencia con otras fechas comerciales y el exceso de promociones han ido relativizando su peso.

Aun así, esta celebración claramente de carácter comercial pero profundamente arraigada en la cultura se mantiene como el principal motor de ventas del primer semestre, movilizando al comercio, la gastronomía y los servicios en todo el país y la región. En particular, se consolida como una de las jornadas de mayor actividad en restaurantes, con altos niveles de reservas y concurrencia.

El impacto económico de la fecha es significativo. En América Latina, se estima que cerca del 80% de la población participa de alguna forma en la celebración, lo que se traduce en un fuerte incremento del consumo. Para el sector comercial, representa una oportunidad clave para impulsar ventas en un contexto económico que, en muchos casos, presenta desafíos.

A diferencia de otras fechas, el Día de la Madre combina volumen de ventas con un ticket promedio elevado. Los consumidores tienden a realizar compras de mayor valor, priorizando regalos significativos. Indumentaria, calzado, perfumería y cosmética continúan liderando las preferencias, mientras que tecnología y electrodomésticos ganan terreno por su mayor valor agregado.

En paralelo, crecen con fuerza las experiencias como opción de regalo. Restaurantes, spas y propuestas recreativas registran un aumento en las reservas, reflejando un cambio en las preferencias hacia opciones más personales y memorables.

Incluso en escenarios de inflación o desaceleración del consumo, el Día de la Madre mantiene su relevancia. Para el comercio minorista, y especialmente para las pequeñas y medianas empresas, esta fecha representa una instancia clave para recuperar ventas y mejorar resultados. Su fortaleza radica en su carácter emocional y cultural: más allá de la coyuntura económica, el acto de regalar sigue siendo una práctica extendida y socialmente instalada.

Las marcas, por su parte, han ajustado sus estrategias para conectar mejor con los consumidores. En 2026 se observa un giro hacia propuestas más auténticas, que dejan de lado estereotipos y apuestan a representar la maternidad en su diversidad.

La personalización se consolida como un diferencial clave. Packs especiales, ediciones limitadas y regalos a medida buscan destacarse en un entorno altamente competitivo. A su vez, las colaboraciones entre marcas y la generación de experiencias se posicionan como herramientas efectivas para captar la atención del público.

El proceso de compra refleja, además, un equilibrio entre lo digital y lo presencial. Si bien una parte importante de las búsquedas se realiza online, la mayoría de las compras aún se concretan en tiendas físicas. En este escenario, la estrategia omnicanal resulta central: las empresas combinan presencia digital a través de redes sociales y plataformas de venta con experiencias en tienda, donde la inmediatez y el contacto directo siguen siendo determinantes.

El alto volumen de promociones y campañas genera un entorno de fuerte competencia. Para diferenciarse, las marcas recurren a estrategias innovadoras como sorteos en redes sociales, acciones interactivas y campañas basadas en la urgencia o la exclusividad.

El desafío es claro: captar la atención en un contexto saturado de mensajes, donde la creatividad y la conexión emocional resultan claves.

En definitiva, el Día de la Madre se mantiene como una fecha relevante para el entramado empresarial, más allá del comercio. Más que una instancia de consumo, se ha transformado en una necesidad social de celebrar. Aunque no presenta grandes cambios estructurales, el consumo evoluciona hacia una dimensión más vinculada a las experiencias, las emociones y nuevas formas de oferta en servicios y gastronomía.

Incluso en tiempos de incertidumbre, las celebraciones continúan siendo un motor relevante de la actividad económica.