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Editorial interna | Frente Amplio | elecciones

Mirando a octubre

Resumen de la interna

Las elecciones internas del domingo 30 de junio dejaron al Frente Amplio en inmejorables condiciones para ganar la elección nacional con mayoría parlamentaria.

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En primer lugar, la izquierda logró un resultado que superó las expectativas incluso de los más optimistas: en un contexto donde cayó en 100 mil personas el número de electores con respecto a 2019, el Frente Amplio obtuvo un crecimiento de 150 mil votos, creciendo un 60 % la votación de las últimas elecciones internas, alcanzando una adhesión verdaderamente inesperada.

En segundo lugar, logró constituir la fórmula más potente de la política uruguaya apenas una hora después de conocerse los resultados que ubicaron como ganador a Yamandú Orsi con una holgada ventaja sobre Carolina Cosse que, por cierto, obtuvo el nada despreciable apoyo de 160 mil personas y aceptó de forma inmediata la postulación para la vicepresidencia de la República. Y en tercer lugar, logró mejorar su votación en todo el país, obteniendo la victoria en los tres departamentos que gobierna que, cabe destacar, constituyen el 60 % sobrado del padrón electoral nacional.

Así las cosas, el Frente Amplio sale de la elección como primera fuerza también en las internas no obligatorias, algo que siempre le había resultado muy esquivo, con una fórmula integrada por dos dirigentes con amplísima experiencia de gestión que reúnen, además, el respaldo de casi el 97 % del electorado frenteamplista, y con un programa único, conocido y aceptado por todas sus fuerzas y al alcance de la consulta y análisis de la población.

Por el contrario, el partido más importante de la coalición de gobierno, el Partido Nacional, vio reducir su caudal electoral en la interna en 127 mil votos, un asombroso 30 %, cedió su condición de primera fuerza en compulsas no obligatorias y tuvo importantes dificultades para definir su fórmula, toda vez que la elección de la expresidenta de Adeom, Valeria Ripoll, provocó sorpresa y desagrado en no pocos dirigentes y simpatizantes blancos, algunos de los cuales lo manifestaron en la misma noche del domingo con abucheos, insultos, portazos y comentarios durísimos en las redes sociales.

El Partido Colorado, segunda fuerza de la coalición, registró un penoso récord negativo, al haber obtenido su peor votación desde que existen las internas, cayendo casi en un 50 % de los votos en relación con interna pasada y siendo objeto durante en el derrumbe de un verdadero copamiento a fuerza de billetera de un candidato con escasísimos antecedentes orgánicos, sin trayectoria política verdadera y de dudosa filiación colorada, toda vez que no conoce ni su historia, ni sus hitos, ni sus próceres, ni sus tradiciones, ni su ideario.

Por último, el panorama de la coalición se completa con las magrísimas votaciones de Cabildo Abierto, que cayó a un tercio de su apoyo desde la última elección interna y el Partido Independiente, de Pablo Mieres y Gerardo Sotelo, que ya ni siquiera se puede mostrar como quinta fuerza, porque obtuvo una votación peor que la del excéntrico Gustavo Salle, que más que lo duplicó.

En suma, el Frente impresiona como la fuerza política que hizo todo bien de cara a este proceso electoral, mientras los partidos de la coalición dan la sensación de haber hecho todo mal en un contexto donde, más allá de la propaganda y blindaje insistentes de los medios de comunicación más importantes, la ciudadanía no se agolpa a votar a las fuerzas oficialistas, en un país donde ha crecido la pobreza, bajado el salario real del 80 % de los hogares si se lo compara con 2019 y la inseguridad, especialmente la derivada del ascenso narco, mantiene a la población alarmada por el número de homicidios que ha registrado un crecimiento absolutamente histórico.

Los próximos meses la izquierda deberá ratificar este gran inicio de campaña, pero, aunque deba evitar triunfalismos, parece muy difícil que alguien le pueda arrebatar la victoria. Esta convicción la tienen los dirigentes del FA, la tiene la ciudadanía, la tienen los analistas, pero todavía más: la tienen los dirigentes y candidatos de los partidos oficialistas, por más que hagan el esfuerzo de mostrarse optimistas en la mitad de una demolición.

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