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coronavirus | pandemia |

Gabriel Calderón: «El mundo no va a salir impune de esto»

Con los teatros cerrados, solos y tristes, en este espacio de conversatorio e ideas reflexionó sobre la pandemia, la cultura, los miedos, la construcción colectiva y el ascenso de la ultraderecha en el mundo. Sostiene que una y mil veces abrazará algunas causas, como el inalienable derecho de las víctimas de crímenes de lesa humanidad a saber qué pasó con sus familiares.

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Por Alfredo Percovich

Voz fundamental de la dramaturgia uruguaya contemporánea. Autor, actor y director consagrado dentro y fuera de fronteras, es una referencia intelectual potente y necesaria para ayudarnos a comprender el tiempo presente y avizorar futuros posibles. Le preocupa cómo harán los actores y las salas para salir adelante, aunque está convencido de que, a largo plazo, toda recuperación es posible. Sostiene que durante sus 3.000 años de existencia el teatro se ha recuperado de cualquier cosa, no solamente de una pandemia, sino de guerras mundiales, pestes, dictaduras, la televisión y los libros, «que se suponía iban a matar al teatro».

Gabriel Calderón fue miembro del Lincoln Center Theater Directors Lab y artista residente del Théâtre des Quartiers d’Ivry en París (Francia). Trabaja de manera estable en la Escuela Yolanda Gazzero y en el Teatro Nacional de Módena, así como en la Haute Ecole d’Arts Scenic de Lausanne (Suiza). En dos oportunidades obtuvo el Premio Nacional de Literatura.

Cuando Italia comenzaba a comprender que los casos aislados de los que hablaban los medios no eran tan aislados y que la cifra de infectados crecía a cada hora en pueblos y ciudades, Gabriel se encontraba en Emilia Romagna, en un año 2020 que lo tendría ocupado y lejos de casa, fundamentalmente trabajando en Europa. Al día siguiente del estreno de una obra suya en un festival en el norte, dejó Italia y partió rumbo a la vecina Suiza, donde trabaja como docente universitario. Fue allí que se enteró de la cancelación del festival como consecuencia de los contagios masivos de coronavirus y comprendió la magnitud de una pandemia que ya entonces había hecho colapsar el sistema sanitario en el norte de Italia.

Se volvió a casa en un vuelo que partió de Bologna, pasó por Milán y luego por Suiza. Todo un periplo por zona de desastre. «Cuando volví contaba que venía de Italia y me hacían chistes. A los tres o cuatro días todo cambió y pasaron de reírse a distanciarse. Cada persona que le contaba que venía de Italia se me alejaba». A los pocos días, el Poder Ejecutivo decretó que aquellas personas que llegaban a Uruguay provenientes de zonas afectadas debían realizar una cuarentena sugerida de 15días. «No solo fui de los primeros en enterarme de qué se trataba esta pandemia por estar en esos lugares, sino que fui de los primeros en tener que cumplir la cuarentena en nuestro país. Pasé varias semanas en mi casa. De cierta manera, he sido un espectador de cómo se ha desarrollado toda esta realidad, porque estando en cuarentena vi la suspensión de todos los espectáculos y la forma en la que el Covid-19 fue avanzando en el mundo».

Por primera vez en mucho tiempo, Calderón fue un simple y común espectador.

Con su compañera, tomaron la decisión de acotar el tiempo frente a la TV, especialmente en horarios de informativos. «Nos dimos cuenta de que si uno estaba todo el día mirando las noticias con el conteo de enfermos y muertos, se generaba un estrés importante, no solo en nosotros, sino en los niños». Casi no han salido en estos días en los que las autoridades sanitarias solicitaron quedarse en casa. «Hacemos nuestra parte del trabajo, nosotros no salimos, si bien tenemos dos niños, no hemos ido ni a la placita». Gabriel aclara que ellos no son «ejemplo de nada» y que pueden quedarse en casa mientras hay gente que necesariamente tiene que salir a trabajar. «Nosotros tenemos un patio, chiquito, de tres por tres, pero es un patio y los niños ahí respiran y miran el cielo».

 

¿Cómo crees que la cultura en general y el teatro en particular podrán salir adelante en este contexto tan complejo?

Yo soy optimista en general y creo que si el teatro y la cultura no salen adelante el problema es mundial. No creo que el mundo salga adelante si la cultura no lo hace, por tanto confío en que saldrá. De todos modos, el mundo no va a salir impune de esto, desde el extremo que se evidencia en que el virus ya se cobró algunas muertes y seguramente serán más, hasta lo relacionado con la economía. Allí el tema no pasa tanto por si vamos a salir adelante, sino por cómo vamos a salir adelante. Y creo que vamos a necesitar ayuda del gobierno, pero también de la gente que siempre es muy generosa con nosotros. Y también vamos a tener que aprender a ser solidarios y generosos entre nosotros, entre los actores del sistema cultural. Pero insisto que confío en que vamos a salir adelante.

 

Más allá de la compañía y el entretenimiento, el arte estuvo dando señales intensas durante estas semanas que, para millones en el mundo, fueron de soledad, encierro y miedo. ¿Qué crees que va a quedar de ello? ¿Habrá una revalorización del trabajo artístico y del rol de la cultura para construir sociedades más humanas y sensibles?

Por estos días el teatro es imposible, pero a pesar de la intensidad de cultura y de disfrute que está teniendo la gente en distintas manifestaciones artísticas, ya sea la literatura, la música, el cine, desconfío y no creo que produzcan algo concreto. Yo sinceramente no creo que la cultura provoque un cambio en la gente desde el punto de vista práctico. Creo que la gente ‘culta’ disfruta más la vida, pero no necesariamente es más sensible y empática hacia su comunidad. De eso hay sobradas pruebas, no solo porque a veces los pueblos más ‘cultos’ son los que hacen las mayores atrocidades, sino porque una cosa no está necesariamente relacionada con la otra. Yo defiendo por un lado la inutilidad del arte. Creo que es muy importante que no sea necesariamente útil y por el otro lado sí creo que hace más sensible y ayuda al disfrute de la vida en las personas individualmente. Colectivamente puede ser, pero no necesariamente, y en un momento como este, no solamente no creo que vaya en contra del capitalismo, sino que perfectamente puede convivir con él como ha convivido con casi cualquier régimen que haya existido, incluso con la peste. Sabemos que en estos momentos la peste no deja casi nada en pie, sin embargo, el arte sigue en los intersticios y los espacios que le dejan y se ha seguido manifestando.

 

¿Qué cosas o aspectos te preocupan del presente y del mundo que les vas a dejar a tus hijos?

Son cosas distintas las que me preocupan del mundo ahora y tal vez del mundo que le voy a dejar a mis hijos cuando ya no esté. Me preocupa ese mundo que potencialmente haga sufrir a mis hijos y yo no pueda hacer nada para paliar. Y que ese mundo sea peor en algunos sentidos. Si uno pretende que como resultado de su acción, las cosas queden un poco mejor que como las empezó, me gustaría que -gracias o a pesar de uno- con el paso de la vida, el mundo fuera mejor. Eso desearía para mis hijos. Y lo mejor para ellos -sin duda- tiene que ver con el colectivo. No me preocupa solamente que le vaya bien a mi familia, sino que le vaya mejor a todos. Pero creo que el mundo camina en sentido contrario, entonces tal vez ya no se trata de colaborar, sino de formar una resistencia saludable para que todos aquellos que piensan y defienden los mismos valores que uno puedan vivir mejor.

 

¿Crees que esta crisis es una oportunidad colectiva para pensarnos juntos? ¿O tal vez primará el sálvese quien pueda?

Sobre lo colectivo y lo individual, ahí hay dos reflexiones. Lo primero es que creo que al principio todos lo vimos en los supermercados, todos tuvieron un impulso primitivo, animal, de salvarse a sí mismo y a su familia. Creo -quiero creer- que ahora ha cundido un poco más de sensatez en relación a que de esto se va a salir en conjunto y no individualmente. Nadie se va a salvar porque llene su alacena de papel higiénico.

Creo que algunos actos de egoísmo son inevitables, pero también creo que la sensatez y la solidaridad hacen su fuerza. Tampoco me parece que estas cosas sean totales. Yo creo que hay gente que puede ser solidaria en su vida normal y puede tener un impulso totalmente egoísta en un momento así, como también puede haber gente que es tremendamente egoísta y tener impulsos solidarios en este momento. No creo en el egoísmo de los empresarios ni en la solidaridad de los que arman canastas. Ni viceversa. Creo que no es algo que se manifieste tan claramente. Son impulsos que todos tenemos, que hay que tratar de controlar y hay que intentar convencer a los demás por nuestros propios intereses.

 

¿Qué pensás cuando se habla de muros, grietas, odio, la sociedad de los enemigos?

Es el tema universal más importante. Hay algunos temas en el mundo como la muerte, el amor, el placer, la amistad y la soledad. Creo que el odio hacia el otro es un tema terrible. Y no solo el odio, sino cuando en algún momento de la vida podemos llegar a sentir que estaríamos mejor si algún otro no existiera o si algunas personas sienten que estarían mejor en este mundo si uno no existiera. Aprender a convivir y a manejar esas emociones es tal vez la empresa más terrible.

Hace muchos años fui invitado a trabajar en el Teatro Nacional de Palestina. Allí aprendí que esa pregunta para ellos no era filosófica, la vivían diariamente. Entonces, el director del teatro explicó en una charla que el viaje más largo que tiene que emprender una persona no se trata solo de comprender, sino de sentir empatía, entendimiento y hasta cariño por su enemigo. Ese es el viaje más largo que tenemos que emprender y que muchos de nosotros tenemos miedo de hacer. Porque el peligro más grande que acarrea es parecernos al otro, a ese que nosotros consideramos un monstruo. Esta pregunta que parece simple, y es muy filosófica, es también peligrosa. Hay gente que se pelea porque le conviene y no porque realmente tenga diferencias tan grandes con las otras personas. Y con eso tenemos que negociar.

 

¿Cómo percibís los ascensos -por vía legítima y democrática- de la ultraderecha en distintas partes del mundo?  

Me preocupan. Me parece el mundo ya se lo está preguntando en varios países y yo creo que tanto las izquierdas y las derechas democráticas y sensatas -que las hay- tienen que hacer acuerdos para limitar a estos grupos porque el peligro no es solo la ultraderecha, sino los fanatismos, que los hay en todos lados y de todas las expresiones. Hay que hacer grandes acuerdos para limitar el poder de estos grupos que son muy nocivos para la democracia.

 

Se viene un nuevo 20 de mayo y no habrá Marcha del Silencio presencial, sino virtual. La participación será distinta, en cierta medida profundizando el camino iniciado por Imágenes del Silencio. Vos seguís abrazando esa y otras causas. ¿En qué cosas crees con más vigor que siempre? ¿Qué aspectos consideras irrenunciables a lo largo del camino de vivir?

Yo creo que el prestigio que uno puede ganar -si existe tal prestigio- todo el reconocimiento que uno puede tener -si existe ese reconocimiento- tiene que ser enfocado para acercar a las causas que uno cree justas. Todo el mundo tiene derecho a no creer las ‘causas justas’ tal como las considera uno, pero mientras me quede tiempo en esta vida y mi nombre sea respetado al menos por una o dos personas, voy a ponerme al servicio de las causas que creo justas. Por supuesto que no creo para nada que aquellas personas que, supongamos, me admiran o respetan por el teatro inmediatamente compartan las causas que yo defiendo. No lo creo así, pero si puedo llamar la atención de las personas que me siguen para que atiendan un poco de estas causas que no están vinculadas con el teatro que hago, pero sí a quien soy como persona, lo voy a hacer una y otra vez, mil veces. Eso en general tiene que ver con los derechos de las personas y con el inalienable derecho de las víctimas de crímenes de lesa humanidad a saber qué pasó con sus familiares, dónde están y qué han hecho con ellos.

 

Con heridas más o menos profundas, habrá que caminar el día después.

Apenas termine la pandemia, entre todas las cosas que va a hacer la gente, entre elegir a qué familiar va a abrazar primero, a dónde van a ir a tomar algo, a dónde van a salir a pasear, les pido que en sus agendas apretadas, por favor, se metan una obra de teatro. Encarecidamente les pido que elijan un teatro, el que más les guste, un autor, una autora, un actor, una actriz, un director o directora que les guste y que lo vayan a ver. Eso es lo que me gustaría que pasara en la primera semana, que se abran los teatros.

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El taller anual de dramaturgia

El taller que en sus inicios fue presencial en Escaramuza, luego en Agadu y casi fue en la casa del cineasta y dramaturgo inglés encantador de cafés montevideanos, Anthony Fletcher, ahora será online.

Gabriel Calderón, Santiago Sanguinetti, Laura Pouso y Anthony Fletcher realizarán de mayo a diciembre el taller anual de dramaturgia.

El taller está pensado para todo tipo de público y no solamente para «gente de teatro». Según lo explica Calderón, es una oportunidad para aprovechar el tiempo y salir de la cuarentena con algo más. «Como cualquier proceso pedagógico, es una oportunidad de sistematizar el conocimiento, para ordenar la información y no dejar que la gente tenga que hacer sola todo ese proceso».

Las inscripciones se realizan a través de las redes sociales (Facebook y Twitter) o escribiendo al correo [email protected].

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