Regalar un perfume sin conocer exactamente los gustos de alguien parece una apuesta, pero se puede reducir bastante el margen de error. La clave no está en intentar adivinar una nota favorita, sino en reunir señales indirectas: qué edad tiene la persona, cuándo podría usar la fragancia, cómo suele vestirse, qué intensidad tolera y si acostumbra elegir aromas frescos, dulces o más sobrios.