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La amenaza neoliberal

Por Leandro Grille.

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El avance programático de la derecha restauradora es feroz en la región. La reforma laboral aprobada en el parlamento de Brasil con el impulso de un presidente ilegítimo, un monopolio mediático abrumador y el poder económico, retrotrae la regulación de las relaciones de trabajo 100 años y arrasa conquistas de carácter histórico. Ese modelo de legislación del trabajo, de corte profundamente neoliberal, se presenta como la clave para captar las famosas inversiones a costa del deterioro de los derechos la clase trabajadora y ha comenzado a discutirse en Argentina, con el impulso del presidente Macri, los sectores económicos concentrados y los medios de comunicación dominantes. Uruguay, por el momento, es la única plaza de resistencia gubernamental para semejante desaguisado, pero las cámaras empresariales y los medios –basta leer el nauseabundo editorial del diario El País de este jueves– han comenzando a publicitar la iniciativa en aras de dotarla de base social y legitimidad. Un hecho positivo y peculiar es que tanto cancillería, el Ministerio de Trabajo como importantes referentes de la oposición han salido a criticar con fuerza la reforma laboral de Temer, en algunos casos destacando el profundo deterioro de la democracia en el país vecino. Como ejemplo, el diputado Fernando Amado, que se proyecta como el principal líder de los colorados, aun cuando es resistido por el resto de la dirigencia formal del partido, se refirió en durísimos términos a este escándalo de desregulación laboral  y a la situación política impuesta por el gobierno usurpador de Brasil. En igual sentido se han manifestado dirigentes del Partido Nacional, dando pie, por lo menos en apariencia, a un saludable consenso sobre un aspecto muy sensible para la vida del país y las condiciones de vida de la gente que trabaja. Que este tema haya ingresado en la agenda regional es una demostración de las gravísimas amenazas que se ciernen sobre la población, ahora que la más rancia derecha ha obtenido el poder en las economías más poderosas del subcontinente. En Brasil, a expensas de un golpe de Estado, ejecutado mediante una fuerte alianza de la casta política corrupta, los medios, una parte importante del Poder Judicial, el sector financiero y los grupos empresariales más poderosos. En Argentina, a través del voto, pero con la comparecencia de todos los mismos poderes reseñados y, cada vez más, por medio de artilugios y trampas, como la puesta en escena de las elecciones primarias del pasado 13 de agosto, con una carga manipulada de los datos electorales para que el gobierno pudiera mostrar una victoria que no había obtenido frente a la líder opositora Cristina Fernández de Kirchner, y muy probablemente con un robo de votos masivos para achicar el margen de la derrota del macrismo en el principal distrito electoral del país. Los tópicos de flexibilización laboral, eliminación de la negociación colectiva, una reforma previsional regresiva y el ajuste de la inversión pública en política sociales, educación y salud conforman la parte gruesa del combo que la derecha pretenderá instalar en los próximos años si cuenta con el beneficio del voto popular y la complicidad de los medios de desinformación. El clima regional favorece esos retrocesos porque siempre les cabrá la posibilidad de adjudicar la responsabilidad a Brasil y Argentina y su competitividad relativa luego del desguace de los derechos de los trabajadores. Nos dirán entonces, con cara de próceres, que no queda otra que adaptar el marco regulatorio si no queremos que los capitales e inversiones se vayan del país, aprovechando las ventajas comparativas de naciones que se conducen a restaurar el esclavismo, amén de contar con mercados muchísimo más suculentos en términos de número de población y capacidad económica. Ya los veremos proponiendo jornadas de 12 horas, que las embarazadas deban trabajar, incluso en condiciones insalubres, y privilegiando el contrato personal a la negociación colectiva y las leyes que protegen a los trabajadores. Es tan peligroso lo que está sucediendo, es tan terrible y lamentable pensar que luego de más de diez años de progresos en relación a los derechos sociales, especialmente de los trabajadores, nuevamente estos temas que creíamos sepultados se abran camino sin detenerse en consideraciones  humanas, mientras una buena parte de la izquierda local se regocija en disquisiciones sobre la pureza, se empeña en hacer buena letra aislando al gobierno venezolano o carga tintas contra los líderes políticos de la región que representan la mayor resistencia contra esta ofensiva reaccionaria. Hemos advertido hasta el cansancio que el propósito de la derecha, en la medida que pueda recuperar el gobierno, no es un mero reacomodo de políticas públicas que introduzca un nuevo balance en la relación capital-trabajo, desequilibrando a favor de los empresarios, ni es sólo el ajuste del gasto público y un freno a la expansión de derechos, pero sin afectar las conquistas alcanzadas en los últimos años. El objetivo y la estrategia de la derecha es la restauración con base en el shock: un derechazo puro y duro sostenido en un aparato publicitario conformado por los medios, la represión de cualquier intento de resistencia social y la estigmatización histórica de los referentes de la izquierda para evitar que por muchos años constituyan alternativa de gobierno. Es lo que están haciendo en Brasil y Argentina, es lo que les exige el poder económico y Estados Unidos, y es a lo que vienen. Contarán con la complicidad de los formadores de opinión, de las pantallas, y con cierta benevolencia popular, porque grandes porciones del pueblo han disfrutado los beneficios de los avances sociales de estos años sin haberlo transformado en conciencia o en compromiso político. Mucha gente no distingue qué le debe a la política y qué le debe exclusivamente a su esfuerzo. Y como no lo discrimina de forma precisa, no estará necesariamente dispuesta a defender aquello que posibilitó su progreso hasta que ya sea demasiado tarde.  

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