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comunicación | disputa | Coloquio Patria

V Coloquio Internacional Patria

La disputa por el sentido y la urgencia de democratizar la comunicación

El V Coloquio Internacional Patria, celebrado en La Habana en abril de 2026, volvió a situar en el centro del debate una de las tensiones fundamentales de nuestro tiempo.

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El V Coloquio Internacional Patria, celebrado en La Habana en abril de 2026, volvió a situar en el centro del debate una de las tensiones fundamentales de nuestro tiempo: la disputa por el sentido en un mundo atravesado por profundas asimetrías de poder. Lejos de concebir la comunicación como un campo neutral, el encuentro realizado en La Habana, Cuba, asumió que la misma es un terreno estratégico donde se enfrentan proyectos políticos, económicos y civilizatorios. En este marco, el Coloquio se consolidó como una plataforma global de articulación contrahegemónica, orientada a construir narrativas propias desde el Sur global y a cuestionar el monopolio simbólico de los grandes conglomerados mediáticos. Fue particularmente conmovedor que se realizara, además, en Cuba y que la participación haya sido una masiva demostración hacia un pueblo que es sinónimo de dignidad, compromiso y solidaridad.

Respecto a los debates desarrollados a lo largo de tres jornadas, quedó claro que la hegemonía contemporánea no se sostiene únicamente por medios coercitivos, sino también por la capacidad de moldear percepciones, instalar agendas y definir los marcos desde los cuales se interpreta la realidad. En ese sentido, los debates sobre la opacidad algorítmica y el funcionamiento de las plataformas digitales revelaron una dimensión clave del poder actual: la administración invisible de la visibilidad. Los algoritmos, lejos de ser herramientas técnicas neutrales, operan como dispositivos políticos que jerarquizan discursos, amplifican determinadas voces y silencian otras, configurando así el espacio público global.

Desde esta perspectiva, el Coloquio insistió en la necesidad de profundizar la democratización del debate público. No basta con la multiplicación de voces si las condiciones estructurales de circulación siguen siendo controladas por un puñado de corporaciones transnacionales. Democratizar implica cuestionar quién posee las infraestructuras, quién define las reglas de interacción y bajo qué intereses se organizan los flujos informativos. Se trata, en definitiva, de disputar el carácter mismo del espacio público, hoy crecientemente colonizado por lógicas privadas que subordinan la deliberación democrática a criterios de rentabilidad y control.

La crítica a la privatización de las redes sociales ocupó un lugar central en este diagnóstico. Estas plataformas, que se presentan como ágoras abiertas y horizontales, funcionan en la práctica como arquitecturas altamente concentradas, donde la circulación de contenidos está mediada por intereses comerciales, geopolíticos y, en muchos casos, por alineamientos con agendas de poder global. La llamada “opacidad algorítmica” no solo limita la transparencia, sino que también dificulta la construcción de alternativas, al invisibilizar sistemáticamente discursos contrahegemónicos o reducir su alcance. En este escenario, el desafío no es simplemente “participar” en las redes, sino transformar las condiciones en las que esa participación se produce.

De allí emerge la necesidad de recuperar el carácter público de la comunicación digital, no como una consigna abstracta, sino como un horizonte político concreto. Esto supone impulsar marcos regulatorios democráticos, desarrollar infraestructuras tecnológicas soberanas y fortalecer ecosistemas mediáticos que respondan a los intereses de las mayorías. También implica reconocer que la lucha por la democratización de la comunicación es inseparable de otras luchas por la justicia social, la igualdad y la autodeterminación de los pueblos.

En este punto, el V Coloquio Patria se inscribe con claridad en una perspectiva antiimperialista. La denuncia del bloqueo económico contra Cuba como forma de castigo colectivo no es un elemento aislado, sino parte de una estructura global de dominación que se expresa tanto en el plano económico como en el simbólico. Las campañas de desinformación, la manipulación mediática y la imposición de narrativas únicas son herramientas que acompañan y refuerzan las estrategias de presión política y económica. En consecuencia, disputar el sentido es también disputar soberanía.

El carácter contrahegemónico del Coloquio radica históricamente en la apuesta necesaria y urgente por construir alternativas desde el Sur, articulando experiencias, saberes y prácticas que desafían la lógica dominante. No se trata únicamente de resistir, sino de crear: crear medios, lenguajes, plataformas y formas de organización que permitan ampliar el campo de lo decible y lo pensable. En un contexto donde la concentración mediática y tecnológica alcanza niveles sin precedentes, esta tarea adquiere una urgencia estratégica. Y no todo depende de los medios (en cualquiera de sus formas), ni mucho menos de los comunicadores, sino que la urgencia también interpela a los gobiernos populares que deben diseñar, convencer y obligatoriamente construir la infraestructura pública necesaria para desarrollar una comunicación superadora que no solo interpele el actual estado de las cosas sino que contribuya a cambiarlo.

Sin embargo, el propio Coloquio deja planteado un desafío: profundizar estos debates más allá de los espacios especializados y lograr que la discusión sobre la democratización de la comunicación se convierta en una agenda social más amplia. La construcción de un verdadero espacio público democrático requiere no solo voluntad política, sino también participación activa, formación crítica y organización colectiva. En otras palabras, no habrá democratización real sin sujetos capaces de ejercerla.

En un mundo donde la información se ha convertido en un campo de batalla central, el V Coloquio Internacional Patria reafirmó que la comunicación es, al mismo tiempo, un instrumento de dominación y una herramienta de emancipación. La dirección que adopte dependerá de la capacidad de los pueblos para disputar sus condiciones de producción, circulación y significado. En esa tensión, se juega no solo el presente del debate público, sino también las posibilidades de imaginar futuros más justos, soberanos y verdaderamente democráticos. La propuesta nace desde Cuba, esa pequeña isla del Caribe que, a fuerza de inteligencia y coraje, de esfuerzo sostenido, de compromiso profundo, de solidaridad sin fronteras y de lealtad inquebrantable, supo enlazar su destino con el rumbo más digno de la humanidad, hasta convertirse en una causa. Son lo sueños todavía.