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Pagos digitales y política monetaria; está cambiando la forma de hacer política monetaria

Para lograr sus objetivos, los bancos centrales emplean diversas estrategias, como el control de las tasas de interés y la regulación de la oferta monetaria.

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La política monetaria es una herramienta clave que utilizan los bancos centrales para regular la cantidad de dinero en circulación y la disponibilidad de crédito en una economía. Su función principal es mantener la estabilidad de precios, promover el pleno empleo y asegurar un crecimiento económico sostenido. Para lograr estos objetivos, los bancos centrales emplean diversas estrategias, como el control de las tasas de interés y la regulación de la oferta monetaria.

Tradicionalmente, se ha hablado de las limitaciones de la política monetaria debido a diversos factores. Uno de los principales desafíos es la "trampa de liquidez", una situación en la que las tasas de interés se acercan a cero y las medidas monetarias tradicionales pierden efectividad. Además, la política monetaria puede verse afectada por factores externos, como cambios en la oferta y demanda global, y las expectativas de inflación de los consumidores y las empresas.

En la actualidad, la digitalización y los pagos digitales han emergido como factores influyentes en la forma de implementar y alcanzar los objetivos de la política monetaria. La proliferación de tecnologías de pago, como las billeteras electrónicas y las criptomonedas, ha transformado la manera en que los individuos y las empresas realizan transacciones. Estos cambios no solo han hecho que los pagos sean más rápidos y eficientes, sino que también han implicado nuevos retos para la regulación monetaria.

La nueva era de la regulación monetaria y financiera se enmarca en un contexto donde los medios de pago digitales están ganando terreno. Esto conlleva a que los bancos centrales reevalúen sus estrategias y enfoques. Por ejemplo, al facilitar la recopilación de datos en tiempo real a través de transacciones digitales, los bancos pueden obtener información más precisa sobre el comportamiento económico y ajustar su política monetaria de manera más efectiva.

Además, el surgimiento de activos digitales y criptomonedas plantea preguntas sobre su impacto en la política monetaria tradicional. Estos nuevos instrumentos financieros, que operan en un marco descentralizado, desafían las capacidades de supervisión y control de los bancos centrales. Por lo tanto, se hace necesario desarrollar un marco regulatorio que contemple tanto los beneficios como los riesgos asociados con estos nuevos métodos de pago.

La política monetaria sigue siendo una herramienta esencial para la regulación económica, pero su efectividad se enfrenta a limitaciones tradicionales que ahora se ven amplificadas por la digitalización. La evolución hacia medios de pago digitales exige una adaptación de los enfoques regulatorios y un replanteamiento de las estrategias en la conducción de la política monetaria. A medida que avancemos en esta nueva era, la colaboración entre los reguladores, el sector financiero y los innovadores digitales será fundamental para garantizar un sistema monetario robusto y resiliente frente a los desafíos futuros.

La digitalización de los pagos afecta la transmisión monetaria a través de varios mecanismos simultáneos. No se trata de un cambio estético: es una alteración profunda en la forma en que los agentes financieros reaccionan a los incentivos de la autoridad monetaria.

Cabe aclarar que no toda digitalización tiene el mismo impacto macroeconómico. Es importante distinguir entre plataformas que simplemente digitalizan el método de pago —como Apple Pay, Google Pay o los QRs vinculados a tarjetas— y los sistemas que movilizan depósitos directamente entre cuentas, como las transferencias instantáneas interoperables. Las primeras mejoran la experiencia del usuario, pero no modifican la movilidad del ahorro ni la competencia bancaria, lo que limita su efecto sobre la transmisión monetaria. En cambio, los sistemas basados en transferencias inmediatas y de bajo costo sí reducen fricciones, aumentan la sensibilidad de los depósitos a la tasa de política y generan efectos documentados en la literatura internacional, como el sistema Pix en Brasil.

Algunos de los canales más relevantes con pertinencia para Uruguay se están haciendo evidentes.

La digitalización de los pagos promueve una mayor movilidad entre instrumentos financieros, lo que permite que los agentes económicos adapten más rápidamente su comportamiento a las variaciones en la política monetaria, aumentando la sensibilidad a las tasas de interés comerciales.

Los pagos digitales pueden acelerar la velocidad de circulación del dinero, es decir, el tiempo que tarda el dinero en cambiar de manos dentro de la economía. Una mayor velocidad implica que el efecto de cualquier política monetaria puede materializarse más rápidamente, beneficiando así a la economía en términos de crecimiento y estabilidad.

La digitalización también intensifica la competencia bancaria, lo que se traduce en un "pass-through" más rápido de las tasas de interés. Esto significa que cualquier ajuste en la tasa de política monetaria del banco central se refleja más rápidamente en las tasas que los consumidores y empresas reciben o pagan, mejorando así la efectividad de la política monetaria.

Los pagos digitales se presentan como amplificadores de la transmisión monetaria, fortaleciendo la regulación y efectividad de la política monetaria en la economía. Se pueden abordar fricciones históricas y aumentar la movilidad entre diferentes instrumentos financieros, lo que genera un valor macroeconómico inmediato.

La economía uruguaya, sin embargo, presenta desafíos estructurales que condicionan la transmisión monetaria. La dolarización financiera, con el 50% de los créditos y aproximadamente el 70% de los depósitos en dólares, limita el impacto de las decisiones de política monetaria. Además, el mercado financiero en moneda local es poco profundo y, junto a la indexación nominal, donde salarios y precios se ajustan siguiendo reglas más antiguas, debilita la eficacia de la política monetaria.

Otro aspecto crítico es la estructura del ahorro en Uruguay, donde una significativa proporción de los depósitos se mantiene a la vista con bajo o nulo rendimiento, lo que disminuye la sensibilidad del sistema financiero a los cambios en la tasa de política.

A pesar de estos desafíos, la digitalización de los medios de pago ofrece una ventana de oportunidad para mejorar la efectividad de la política monetaria en Uruguay. Al facilitar una mayor movilidad entre instrumentos financieros y aumentar la competencia en el mercado bancario, la digitalización puede ayudar a superar algunas limitaciones tradicionales, como la dolarización y la segmentación del mercado financiero.

La adopción de sistemas de pagos digitales que reducen fricciones y permiten transferencias inmediatas y de bajo costo es fundamental para que el Banco Central del Uruguay implemente una política monetaria moderna y efectiva, alineada con estándares internacionales.

La digitalización de los pagos no es un mero accesorio del sistema financiero es una nueva realidad para la Política Monetaria, sino que representa una nueva infraestructura macroeconómica que tiene el potencial de transformar las dinámicas de la política monetaria en Uruguay.

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