La seguridad se ha convertido en un nuevo terreno de disputa por la influencia en América Latina. En los últimos meses surgieron dos iniciativas de cooperación contra el crimen organizado: el Escudo de las Américas, impulsado por EEUU, y el Compromiso de Santiago, promovido inicialmente por Chile.
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Aunque tienen orígenes diferentes, ambas iniciativas presentan puntos de contacto. Expertos consultados por la Agencia Sputnik señalaron que el Compromiso de Santiago no entra en contradicción con la estrategia del presidente Donald Trump para América Latina y que, por el contrario, puede terminar "bajando a tierra" las ideas del país norteamericano, brindando una estructura más concreta a la agenda impulsada desde Washington.
"El Compromiso de Santiago es una nueva Prosur en la que la derecha puede unirse. En esta oportunidad, aplicado a la seguridad. Se nota que están intentando darle una institucionalidad al Escudo de las Américas", afirmó la Agencia Sputnik el experto mexicano Aníbal García Fernández, doctor en Estudios Latinoamericanos e integrante de varios grupos de trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).
La referencia a Prosur remite al Foro para el Progreso de América del Sur, creado durante el primer mandato de Trump (2017-2021) como un espacio de coordinación entre gobiernos sudamericanos de derecha.
Acuerdos ideológicos
"Cuando gobierna Donald Trump emergen este tipo de acuerdos, que son más de carácter ideológico y político, para construir precisamente esa hegemonía que está perdiendo EEUU", afirmó.
En la misma línea, el sociólogo uruguayo e investigador especializado en narcotráfico, criminalidad y lavado de activos, Gabriel Tenenbaum, coincidió en que existe una relación entre ambas iniciativas.
A su entender, el Escudo de las Américas funciona como "un gran paraguas", mientras que el Compromiso de Santiago podría darles un marco más concreto y regional a algunas de esas propuestas.
"El compromiso de Santiago busca bajar a tierra más localmente a Chile, pero también a otros países las ideas del Escudo de las Américas. Es plausible dar esa lectura en tanto el Escudo de las Américas no tiene una estructura. Es un nombre, una marca, pero no tiene una estructura como tal", explicó el profesor de la Universidad de la República de Uruguay.
Para el sociólogo, medidas como la cooperación en inteligencia, el combate al lavado de activos y la coordinación entre organismos son objetivos difíciles de cuestionar en sí mismos.
En ese sentido, señaló que la discusión radica en de "qué forma" se van a implementar las medidas.
El investigador dijo que las acciones de seguridad no son neutrales y pueden estar atravesadas por distintas concepciones ideológicas sobre el delito y las políticas públicas.
De que tratan las iniciativas
El Compromiso Regional de Santiago nació el 28 de mayo. El documento que lo establece, publicado por la cancillería chilena, planteó que los grupos criminales operan por encima de las fronteras y que los Estados necesitan coordinar sus respuestas.
La iniciativa establece un grupo de trabajo regional y un plan de acción conjunto.
Actualmente participan del mecanismo Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay.
El miércoles, en el marco del Debate General de la Asamblea General de la ONU, altos funcionarios y mandatarios de estos países se reunieron en la ciudad de Nueva York y establecieron cuatro mesas temáticas: seguridad; inteligencia financiera y tributaria; trazabilidad y control migratorio; y control y fiscalización fronteriza.
Asimismo, se determinó que Buenos Aires será la sede de la próxima reunión de alto nivel, que se realizará en noviembre.
Por otro lado, el Escudo de las Américas es una iniciativa impulsada por Trump.
Además de EEUU, participan Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Guyana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago.
En la declaración fundacional, firmada en marzo, EEUU planteó ampliar la cooperación en seguridad y proteger infraestructura crítica en la región.
Asimismo, la Casa Blanca mencionó la necesidad de limitar las "influencias extranjeras malignas que vienen de fuera del hemisferio occidental".
"EEUU entrenará y movilizará a las Fuerzas Armadas de las naciones asociadas para lograr la fuerza de combate más eficaz necesaria para desmantelar los cárteles", afirmaron desde Washington.
Esta semana, también en el marco del evento de la ONU, los mandatarios de Argentina, Ecuador, Guyana, Honduras, Paraguay, República Dominicana, Perú y Chile, junto con el vicepresidente de Colombia, mantuvieron una reunión del Escudo de las Américas.
Durante el encuentro, Trump instó a los miembros de la coalición a imponer sanciones contra los narcotraficantes que su país ha designado como organizaciones terroristas extranjeras.
Horas después, el Departamento de Estado señaló en un comunicado que los países del Escudo de las Américas anunciaron esfuerzos para imponer de manera "colectiva sanciones y otras medidas" contra 24 organizaciones que EEUU identifica como grupos narcoterroristas.
La lista incluye a Mara Salvatrucha (MS-13), Tren de Aragua, Cartel de Sinaloa, Cartel de Jalisco Nueva Generación, Clan del Golfo, Primeiro Comando da Capital, Comando Vermelho, Ejército de Liberación Nacional (ELN), Sendero Luminoso y grupos disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), entre otros.
La disputa por la hegemonía
Tenenbaum consideró que el contexto internacional es central para entender la aparición de estas propuestas en materia de seguridad; para el académico, EEUU "ha vuelto a mirar la región de forma intensa, como hace mucho no la estaba mirando", en un momento de fuerte competencia con China.
El experto vinculó esta disputa por la influencia con un concepto histórico del derecho internacional, el de "espacio vital", asociado a la idea de que las naciones necesitan expandirse territorial o económicamente para garantizar su supervivencia y acceder a recursos.
"Para sobrevivir, las naciones tienen que expandirse y extraer recursos de otros territorios y, por lo tanto, tienen que conquistarlos de alguna manera", explicó.
Tenenbaum dijo además que la cuestión del narcotráfico adquiere una dimensión particular en la relación entre Washington y Pekín, por el papel de China como productor de precursores químicos utilizados para fabricar drogas sintéticas, en especial el fentanilo.
"La historia de las drogas es una historia geopolítica", afirmó, y recordó que la denominada guerra contra el narcotráfico lanzada por el entonces presidente estadounidense Richard Nixon (1969-1974) estuvo vinculada con la política exterior de Washington durante la Guerra Fría.
Sostuvo que "detrás de esa guerra contra las drogas, lo que estaba de fondo fue el enfrentamiento contra los grupos insurgentes de izquierda de América Latina en plena Guerra Fría".
En la misma línea, García Fernández consideró que detrás del Escudo de las Américas existe una estrategia geopolítica de EEUU hacia América Latina.
"El objetivo de EEUU es mantener la seguridad, no para la población americana y caribeña, sino para el Gobierno y las élites estadounidenses frente a China y Rusia", afirmó.
Según el investigador, la estrategia estadounidense no se limita al combate contra las organizaciones criminales, sino que también alcanza la infraestructura crítica y los recursos de América Latina.
"Lo que les importa es la infraestructura crítica, el hacerse con la energía que tiene América Latina, que no solamente son las vastas reservas que posee Venezuela, sino los minerales críticos y, sobre todo, buscan incentivar las compras del complejo militar industrial estadounidense", afirmó.
¿Por qué elegir la seguridad?
Para García Fernández, el hecho de que la nueva disputa regional se articule alrededor de la seguridad tampoco es casual.
El experto señaló que se trata de un área particularmente sensible para los Estados porque las decisiones suelen concentrarse en los poderes ejecutivos.
"Es un sector profundamente opaco", afirmó.
Para Tenenbaum, además, las políticas aplicadas hasta ahora contra el narcotráfico, "han fracasado".
A pesar de esta situación, el actual escenario supone un "nuevo giro impulsado por las nuevas derechas", que recuperan recetas ya conocidas para abordar el problema.
Para el sociólogo, el problema es que el combate al crimen organizado puede concentrarse en quienes participan directamente del tráfico de drogas y dejar en segundo plano a otros actores que permiten que esos mercados funcionen.
"Es tan importante perseguir al que lava (dinero del narcotráfico), al político y al sistema financiero que protege el negocio criminal, como al mismo líder", sostuvo.
Lo que sí observó como novedoso es que existe un mayor margen de tolerancia hacia la "impunidad".
"Era impensable hace unos años que alguien diga: "vamos a eliminar toda una civilización", como lo hizo Trump con Irán (...) y que un dicho de ese tipo se haya tomado a la ligera. Hay un cambio muy notorio que da mayor margen de impunidad discursiva y de acción", alertó.