¿Cuáles serían estas malas?
Las políticas para la gente en situación de calle no puedo calificarlas de malas, sino de lentas. Y el tirón de orejas es para todo el Gobierno, no para un ministerio. Debemos ir más rápido. Lo digo por quien está en situación de calle y también lo digo, con total convicción, por quien está en su hogar y se le instala un campamento en la puerta de su casa. Pero sé que es un tema complejo. No es soplar y hacer botellas.
Las malas mejor no nombrarlas. Pero todos las sabemos.
¿Eso no te preocupa? Lo dejas pasar. ¿No hay que corregir esas cosas malas?
Ojalá esas cosas malas queden para el olvido. A mí lo que me preocupa es que el Gobierno no tiene una narrativa de izquierda. Cuando tú no tenés una narrativa de izquierda, estás en problemas. No sabés a quién le hablás. El Gobierno, con acierto, ha dicho que gobierna para todos los uruguayos y uruguayas. Eso está muy bien. Pero eso no lo explica todo. Tengo un matiz, y es un matiz importante. Nosotros somos un gobierno de izquierda que gobernamos para todos y todas las uruguayas, tenemos un programa de izquierda que gobernamos para todos y todas y tenemos una sensibilidad de izquierda con la cual gobernamos para todos y todas las ciudadanas. Ese relato, con un acento muy fuerte en la narrativa de izquierda para mejorar la vida de todos, es sustantivo y, así dicho, lo explica todo.
Como esa narrativa de izquierda no está presente, tenemos problemas. Si esa narrativa hubiera estado presente, firme, atenta, seguramente no nos hubiéramos subido a un portaaviones. No participaríamos en eventos internacionales que incitan al odio, como el de Marco Rubio. Todos esos hechos van contra nuestra narrativa de izquierda, contra nuestra esencia de izquierda. La Paz, con mayúscula, es sustantiva para la izquierda.
Otro ejemplo: la lucha contra la pobreza infantil. Podés abordarla desde la caridad, desde la religiosidad o desde un punto de vista misericordioso, pero la izquierda lo aborda desde la lucha contra la desigualdad, contra las injusticias del mercado. Son oportunidades para la gente que la izquierda da, con políticas públicas, a los que menos tienen. En la primera perspectiva, la de la caridad, se acepta la injusticia, nos apiadamos del desvalido y lo ayudamos. En esta segunda perspectiva, la nuestra, la de la izquierda, se plantea un objetivo, pelear contra la desigualdad, luchar contra las injusticias. Plantear un propósito es clave. Genera en todos los hombres y mujeres de izquierda una épica, un altruismo muy grande para combatir la injusticia. Entonces la narrativa importa. Lo otro es caridad. Sin despreciar la caridad bien entendida, no tiene el propósito de hacer una sociedad más justa. No quiero que sientas que estoy con evasivas y le saco el traste a la jeringa. Yo creo que la lucha contra la pobreza exige otro ritmo y más audacia. Esto no es una cuestión para un proyecto de país para 2050, esto es para diez años y los pobres y toda la sociedad deben comprender que hay que empezar ahora, pero no para administrarla e irla llevando, sino para terminarla. No hay que esperar que resolvamos la pobreza con aumentos del salario real del 2,5 % anual. Hay que saber que el crecimiento y el desarrollo que necesitamos sólo será una ilusión si lleva en la mochila más de medio millón de pobres excluidos. Tal vez algo de razón tenga Leo Sarro, aunque nos duela, nos dé algo de bronca, y por supuesto la pregunta haya sido inoportuna.
Pasaron 50 años de la tragedia del asesinato de tu padre. ¿Cómo lo viviste? ¿Cómo lo vivís?
Sí… 50 años. Parece mentira. Me pellizco el cuerpo y no lo puedo creer. Esa noche, junto a Luispe, mi hermano mayor, le dimos la noticia a mi madre. Todavía tengo grabado su grito de dolor: “¡Díganme que no es cierto!”, cuando nos vio entrar. Pero el pueblo uruguayo no olvida. Ni a Zelmar, ni al Toba, ni a Rosario, ni a Willy, ni a Manuel Liberoff, ni a cada uno de los desaparecidos ni a cada una de las víctimas de la dictadura. Y eso reconforta. No hubo piedad por parte de la patota militar. No se les debió dar la impunidad a la salida de la dictadura, en 1986. Por lo menos para los crímenes más horrendos, para las violaciones, para las desapariciones, para los asesinatos y para el cambio de identidad de los niños. Esto último fue lo peor de todo. Julio María Sanguinetti debió tener, él, piedad por las víctimas, y agregar a la paz que él pregonaba algo de justicia para los sufridos, para los que no se podían defender. Quizás creyó ingenuamente que otros nos íbamos a olvidar de las víctimas. Pues un error garrafal. Inmenso. Tan inteligente él, tan estadista, no darse cuenta de que el sentimiento de justicia mueve al ser humano. Por suerte, más bien con lucha, revertimos, en parte, todo ello. Hubo más de 130 violadores de los derechos humanos condenados. No fue fácil. Se lo debíamos a todas las víctimas. Romper la impunidad es el principal homenaje a todos ellos. Y lo hicimos en paz, en silencio, en cada marcha, año tras año. Vaya que se lo debíamos. Y se lo debíamos a Zelmar, a él más que a nadie. Por toda su lucha. Por eso la performance callejera de “Irrumpe Zelmar”, con texto y dirección de Marianella Morena, fue una caricia al alma. Con esa frase al inicio: “No he muerto, he vuelto. Elijo a las artistas, elijo Montevideo”. Todavía me emociona.
Es verdad, Rafael. Es bien cierto que estas iniciativas culturales reconfortan, estimulan, empujan y alientan. ¿Te ha llamado la atención cómo la derecha viene arrasando en las elecciones latinoamericanas, o no te sorprende?
Sí. Las últimas elecciones en países latinoamericanos no han sido auspiciosas. Se parte al medio el electorado y la derecha luego gana por un pelo. Terrible. Tiene más recursos y genera más miedos en sociedades menos reflexivas. Y las izquierdas van desunidas. Dan ventaja. Hay que ver Brasil. Parecería que Lula se está afirmando pero desde hace unas semanas parecen elecciones muy disputadas. Ahí la izquierda va toda unida tras él. No fue así en el pasado. Aprendieron. Algo se aprendió en Brasil, ojalá dé resultado.
Creo que la otra elección que hay que ver con lupa es la de medio término de EEUU. Las izquierdas no son muy afines a aceptar que gran parte de la política mundial pasa por Washington. O sea, afirmamos que en EEUU deciden nuestro destino, el latinoamericano, y luego no trabajamos en Washington para revertir esas políticas tan nefastas que ellos planifican. Para colmo, nosotros nombramos un embajador de carrera en Washington… Qué ilusos que somos, con qué ingenuidad nos comportamos.
¿Te parece que unas elecciones de medio término van a cambiar algo?
Cambiar las mayorías en ambas cámaras norteamericanas es imprescindible. La del Senado es posible. La de Diputados no va a ser nada fácil. Si ocurre, si cambian las mayorías en Washington, es un tanto a favor de la paz. Veo a un pueblo norteamericano más movilizado. Tengo esperanza. Veo, también, con mucha esperanza todo lo que ha sido esta Movilización Progresista Global que se hizo en Barcelona.
En Barcelona parece abierta una perspectiva de unidad de fuerzas progresistas.
Creo que tengo que ver tengo en ello. Cuando en el Presidium de la Internacional Socialista, del que formo parte en mi carácter de vicepresidente, Pedro Sánchez informaba de las reuniones con Boric, Orsi, Petro, Lula y él, yo le insistía en que esto no podía ser una lucha de cúpulas.
Yo insistía una y otra vez en que Pedro Sánchez debía meter a todos los partidos progresistas y de izquierda del mundo en esta contienda. Un día me llamó Hana Jalloul, eurodiputada del PSOE y una persona de confianza de Pedro Sánchez, y me dijo: “Oye, hombre, que parece que el presi te ha hecho caso”, y ahí me contó la movida mundial en Barcelona.
Sin unidad, la izquierda no va a ningún lado; sin movilización, tampoco.
En agosto del año que viene asumís el Senado. ¿Qué tenes pensado?
Tengo varias iniciativas. Todas en borrador. Es difícil asumir una banca en el Senado y tener esperanzas de mejorar cosas importantes. Tú sabés que son pocas las iniciativas de los legisladores que terminan convirtiéndose en leyes. Sin embargo, desde el Parlamento se pueden introducir temas, ponerlos en consideración del Poder Ejecutivo, las propuestas y las ideas pueden ponerse en la mirada de los medios y a veces pueden llegar con suerte a ciertos consensos multipartidarios que puedan conseguir las mayorías necesarias para aprobar leyes.
Hay dos o tres iniciativas que quiero presentar, ya prontas. Quizás en alguna suplencia que haga. En primer lugar, quiero un apoyo decidido, un gran empujón a la cultura. Sin cultura no hay creatividad y sin creatividad no hay futuro. Quiero que al streaming, tipo Netflix, Amazon, HBO se le recargue unos pocos pesos más por mes, nada que no se pueda pagar, y que el Estado ponga otro tanto por lo recaudado y volcarlo a un fideicomiso de fomento a los audiovisuales, películas y teatro uruguayo.
Un diez por ciento de esa recaudación, tenerla para un Sistema Artístico Social Integral que proteja la intermitencia laboral de los artistas y técnicos del arte uruguayo, así como su jubilación. También me gustaría impulsar la edición masiva de libros cortos para darlos gratuitamente en las escuelas. Es sabido que cuando en una casa hay más libros, el rendimiento escolar de los niños se incrementa.
Es verdad que Gabriel Oddone dijo en la interpelación “no más impuestos”, y quizás se enoja con estas iniciativas, pero me parece inevitable que reflexione, porque en el caso del incremento a las plataformas de streaming no es siquiera un nuevo impuesto, es solamente un adicional.
Y, además, va a retroalimentar toda la cultura uruguaya, y las plataformas podrán hacer películas en Uruguay con esos recursos. Creo que todos ganamos. En estas ideas seguramente tendré a José Carlos Mahía de aliado.
Para compensarlo a Oddone, una de cal y otra de arena, quiero bajar sustantivamente los remedios de alto costo, que podrían pasar a ser remedios de menor costo que ahora; eso esperaría, porque es inocultable que va a haber resistencia y la oposición va a ser muy potente.
Habría llamados y licitaciones internacionales para adquirir los genéricos de gran costo. Quien gana, si no tiene la validación completa, presenta al MSP la autorización que ya tiene en cuatro o cinco países de primera línea y se valida en Uruguay automáticamente. Eso que planteo muy simplificadamente nos permitiría ahorrar decenas de millones de dólares al año. Es verdad que disminuirá la ganancia de algunos laboratorios extranjeros. El ministro de Economía tendría la oportunidad de meter la mano en los bolsillos de alguna de las más gigantescas empresas multinacionales que fabrican y comercializan medicamentos a precios impresionantes. Al mismo tiempo, la Justicia no podrá exigirle al Estado que provea marcas o remedios de laboratorios específicos, sólo podrá exigirle que provea genéricos a los pacientes afectados.
Hay otras iniciativas para el año que viene. Una para las pequeñas empresas, que no se les cobre doble IVA por parte del Estado. Dos, quiero crear el Servicio Voluntario para que los que están en prisión, o salgan de la misma, tengan una oportunidad laboral inicial de resocializarse. Otra idea que me han planteado y me parece muy interesante es que los residenciales para ancianos, sobre todo aquellos que incorporen servicios médicos, facturen con el IVA al 10 por ciento y no al 22 por ciento. Tal como lo hacen las instituciones de salud. Creo que además esto contribuiría a reducir la evasión e incrementar la recaudación, y bajaría sensiblemente los costos de los cuidados. Pero tengo más. Ley de policía judicial para evitar futuras corrupciones. Iniciativa de ayuda a las víctimas de las sectas. Las personas que logran salir, darles amparo. No es un tema fácil.
Mirá, Alberto, me sobran ideas porque escucho mucho a la gente. Tengo las orejas grandes para incorporar aportes en los barrios, en las reuniones gremiales, en las ciudades del interior. Me propusieron legislar para que en los bosques haya una colmena por hectárea. Con el acuerdo con los europeos podemos triplicar nuestra producción. Y los beneficios van para todos los productores chicos.
El otro día, unos jóvenes me presentaron la preocupación de que los robots, y sobre todo los humanoides, sustituyan a los maestros y profesores. Yo no había pensado en ello, pero desde que me dijeron no he parado de pensar en eso. Debería prohibirse que los humanoides sean los que dictan las clases. En la docencia, para educar a nuestros niños, niñas y adolescentes, quiero que estén a cargo seres humanos. Creo que hay que ser inflexible. Ese futuro está a la vuelta de la esquina. De acá a cinco o diez años los tenés a los humanoides caminando al lado tuyo. China fabrica un humanoide cada quince minutos.
Te veo entusiasmado. ¿Es fácil seguir creciendo y distribuyendo? ¿Por qué el crecimiento a más del 2 % por ahora es un poco más que una aspiración?
Para Uruguay no hay otra. No se crece si no se distribuye y no se distribuye si no se crece. Por ejemplo, ahora el mercado interno mueve la aguja. En 2002 era un dato despreciable, a no tomar en cuenta. Cuando hay desaceleración externa, el mercado interno nos sostiene la economía. Uruguay a través del riego puede en diez años duplicar su producción agrícola. Hay que apostar a la energía. Uruguay debe ser exportador de energía eléctrica en sus diferentes formas. Exportándola en bruto o como combustibles verdes o hidracina, o acopiándola de diferentes maneras o moviendo agua, volvemos al riego, y así exportarla en productos agropecuarios. También los data center, Uruguay puede tener muchos de ellos, en definitiva, se basan en energía. Hay que ofrecer los precios de generación eléctrica tipo ganga. La tecnología nos va ayudar a empardar en el futuro esos precios que ofrecemos, y por lo tanto será más desarrollo. En celulosa también puede haber oportunidades. Turismo, ni que hablar. Mucho para hacer. En minerales, Uruguay los tiene. En informática lo que ha hecho Uruguay es maravilloso. Exporta más o menos lo mismo que la carne. Ahí hay que apostar a preparar más recursos humanos, pero es un rubro que le compite de igual a igual a cualquier otro rubro del país. También hay que preparar más químicos y físicos. Y necesitamos a los artistas, a la cultura, sin creatividad no hay futuro. Las vocaciones de las nuevas generaciones están ahí… Hay que frotar la lámpara y aparece el genio que tiene cada uno o una de nuestros jóvenes. Pero aunque parezca reiterativo, casi obsesivo, debo recordar que todavía tenemos una rémora de 200.000 menores de 18 años que no tienen las necesidades básicas satisfechas, y eso es una vergüenza para todos.
¿Te sentías preparado para encarnar a Baltasar Brum?
No entiendo.
Dale, Rafa… Estás hablando como un candidato. Tú conoces bien la historia del batllismo. Después de dos gobiernos de Batlle y Ordóñez, vino el Alto de Viera. Asumió Feliciano Viera y hubo una gran pausa en las reformas de Batlle. Pero los batllistas prepararon rápidamente una respuesta y apareció Baltasar Brum, que fue presidente y sustituyó a Viera, para continuar dichas reformas. Tal vez Orsi era el indicado para ganar la presidencia, el indicado para ganarle a la derecha, el que gestionó y administró con prudencia esta transición, pero la transformación aparece como un debe.
Probablemente va a terminar con un buen gobierno. Espero. Yo confío. Y si no fuera así, no voy a llorar por la leche derramada. Salimos del mundial, ahora no hay que llorar.
Vos decís que debemos prepararnos para el próximo campeonato del mundo en cuatro años, con partido inaugural en Montevideo. Parecería que eso tiene que hacer la izquierda, tiene que preparar el 2029, buscar su candidato, alguien que quiera la cosa. No es lógico que sean las encuestadoras de opinión pública las que elijan el candidato entre un menú que ellos mismos proponen. Enfrentar a Lacalle Pou no va a ser cosa fácil. Muchos que quieren ser candidatos no van a querer enfrentarlo para no ser los padres de la derrota. Y dejarán que sea otro el que ponga la cara. Entonces, ¿quién?
Me estás toreando o me proponés como candidato.
Ni ahí. Es más, no sé si te votaría. Pero creo que tenés ganas, que no tenés miedo. Me acuerdo de la LUC y te tengo más respeto. También cuando propusiste la Marcha del Silencio del 20 de mayo.
Qué sé yo. No creo que esté en el menú, pero te agradezco por tus palabras últimas.
¿Preferís no contestar? Hoy nadie está en el menú. Para estar en el menú hay que querer y hay que trabajar, y eso no se inventa en un gabinete de cuatro talentos buscando un carismático. Para estar en el menú hay que dar tres vueltas al país de pueblo a pueblo y a veces puede sentirse como un esfuerzo inútil si es para perder. ¿No te esperabas esta inquietud? Yo tampoco, pero me diste la oportunidad de hablar de un tema que todos evitan. Todos es una exageración, porque me dijeron que Fernando Pereira ha sido enfático en que no se piense en él como candidato.
No. No me lo esperaba, aunque…
La verdad que yo tampoco creí que esto iba a tomar ese rumbo. Si lo hubiera sabido, tal vez no hubiera hecho esta nota que te había prometido antes de las elecciones, cuando tampoco tuviste los resultados que esperabas.
Mirá, te voy a contar algo que no le conté a nadie nunca, pero nunca. Nosotros éramos diez hermanos y cuando venían mis primos y primas a casa teníamos una casa con fondo grande superábamos los treinta y pico. Más de veinte varones tras una pelota. Todavía recuerdo a Zelmar, cómo observaba, riéndose, esos partidos llenos de botijas tras una globa. Yo me crié en manada. Razono con cabeza de manada. No antepongo mi persona nunca ni a nada. Me importa más lo colectivo que lo individual. Repito: nunca pondré a mi persona por encima de los objetivos colectivos de la izquierda. Pero si me piden que me ponga la celeste, jugaré en el puesto que el colectivo indique. Si me piden que tire el penal final, el penal que decide la victoria, no rehuiré el desafío. No tengas dudas, porque nunca me acobardé ante un desafío.
¿La vas a picar como El Loco en Sudáfrica? ¿O la vas a tirar al cielo como El Principito?
Mirá, Alberto. Yo salgo de mañana con la valija llena de optimismo. De repente no me toca a mí, pero en el 2029 hay que ir a lo seguro. Fuerte y al medio, estudiando al golero y con toda la fuerza, la convicción y el deseo. Y, además, hay que sentirse portador de más de un millón de almas que sienten que ha nacido una esperanza.