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Uruguay busca consolidar la inflación dentro del rango meta

El Banco Central del Uruguay (BCU) ha señalado que la prioridad es consolidar el proceso de desinflación.

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Uruguay reafirma su objetivo de mantener la inflación dentro del rango meta definido por la política monetaria, con un centro en 4,5%, tras haber alcanzado niveles históricamente bajos en el primer trimestre del año. El desafío ahora no es solo reducir la inflación, sino sostenerla en niveles consistentes en un escenario internacional más volátil.

El Banco Central del Uruguay (BCU) ha señalado que la prioridad es consolidar el proceso de desinflación, asegurando que tanto los precios como las expectativas se mantengan alineados con los objetivos de mediano plazo.

Durante el inicio de 2026, la inflación se ubicó incluso por debajo del rango meta establecido entre 3% y 6%, alcanzando niveles cercanos al 3% anual, algo poco frecuente en la historia reciente del país.

Si bien este resultado fue valorado positivamente por las autoridades, también plantea un nuevo desafío: evitar desvíos tanto por debajo como por encima del rango, en un contexto donde factores transitorios como la caída en los precios de alimentos frescos han influido en la desaceleración.

En este marco, el BCU decidió mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 5,75%, adoptando una postura prudente frente a la incertidumbre internacional.

La decisión refleja un equilibrio entre sostener el crecimiento económico y evitar presiones inflacionarias. Desde la autoridad monetaria se entiende que un ajuste prematuro podría desanclar expectativas o generar volatilidad en un contexto global complejo.

Uno de los elementos más destacados del escenario actual es el comportamiento de las expectativas de inflación. A un horizonte de 24 meses, estas se mantienen alineadas con la meta del BCU, lo que representa un avance significativo en términos de credibilidad de la política monetaria.

Este factor es clave para consolidar la estabilidad de precios, ya que influye directamente en decisiones de consumo, inversión y formación de precios en la economía.

A pesar de los avances, las autoridades advierten sobre posibles presiones al alza en los próximos meses. Entre los principales factores de riesgo se destacan el encarecimiento de la energía, l a volatilidad en los mercados internacionales, y el impacto de conflictos geopolíticos, como la situación en Medio Oriente

Estos elementos podrían incidir en la evolución de los precios y obligar a ajustes en la estrategia de política económica.

En este contexto, la política monetaria se mantiene en una fase moderadamente expansiva, orientada a acompañar la recuperación económica sin comprometer la estabilidad de precios.

El objetivo central es asegurar la convergencia de la inflación hacia el entorno del 4,5%, consolidando un escenario de previsibilidad que favorezca tanto el crecimiento como la toma de decisiones de hogares y empresas.

una nueva etapa en su política inflacionaria. Tras haber logrado reducir la inflación a niveles históricamente bajos, el desafío pasa ahora por mantenerla dentro del rango meta en un entorno global incierto.

La capacidad de sostener este equilibrio será clave para consolidar la estabilidad macroeconómica y fortalecer la confianza en el rumbo de la política económica.

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